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Wladimiro Rodríguez Brito

El campo y el primero de mayo

En la lectura de las reivindicaciones de los trabajadores en los últimos años, el primero de mayo ha sido una referencia, tanto en el plano laboral como social. Las duras condiciones de trabajo que marcó la Revolución Industrial hace algo más de cien años, con las lógicas y humanas reivindicaciones (salarios, condiciones de trabajo, sanidad, seguridad, salubridad) hace que hoy los trabajadores defiendan otras mejoras laborales y económicas. Sin embargo, aún hoy las condiciones son marcadamente diferentes en países con democracia en el primer mundo y los que no las tienen y recuerdo como aquí, hace unas cuantas décadas, celebrábamos el primero de mayo clandestinamente.

En la nueva economía encontramos la deslocalización de gran parte del aparato productivo del mundo y ahora los primero de mayo para los campesinos son diferentes y ni siquiera constituyen un ritual. Es decir, el campo y los campesinos no celebran una referencia similar, si bien hoy, afortunadamente, las condiciones han mejorado y ya no tenemos las diferencias de antaño entre opulencia y miseria.

Ahora los que dominan en el medio rural son los agricultores autónomos, pero sigue habiendo numerosos problemas básicos para su mantenimiento y su potenciación, entre los que se encuentran la burocracia y unas importaciones sin corazón.

¿Tienen los trabajadores del campo, tanto los asalariados como los autónomos, algún acto que los identifique? Me refiero a temas como la pensión de jubilación o los derechos ante un accidente. ¿Se reúnen para poner en común problemas y reivindicaciones que hagan de puente para canalizar y mejorar básicamente para el futuro del sector? Sería conveniente para hablar, por ejemplo, de los precios de costes garantizados a los agricultores y el control de las importaciones que garantice la rentabilidad a nuestros agricultores.

El primero de mayo en un campo sombrío.

Los últimos datos nos obligan a realizar una lectura que demanda cambios significativos. Los datos de la actividad turística y la situación laboral nos obligan a realizar cambios de verdad. Además, hay que hacer una reflexión local seria de la coyuntura política internacional porque no es entendible que en Canarias tengamos los índices de paro juvenil más altos de la Unión Europea (57,35%).

Este primero de mayo nos encontramos a nuestros jóvenes sin trabajo y nuestros campos sin gestión alguna. Nuestros montes están cargados de leña y, sin embargo, estamos importando carbón del otro lado del mundo, mientras que el sector de servicios alega que disfruta de un buen año. Debemos plantearnos, tanto en el plano social como ambiental, diversificar la economía y potenciar el sector agroganadero. Hemos de cambiar varios aspectos básicos como, por ejemplo, tener precios y garantías que cubran los costes a los agricultores. También hay que realizar cambios importantes tanto en las relaciones con los distribuidores de los productos agrarios canarios como en las prioridades en el uso de la tierra. Hay que optar por la agrupación de parcelas y penalizar las parcelas sin actividad agraria porque constituyen un problema ambiental y social.

Por otra parte, se pueden generar puestos de trabajo y mejoras ambientales y tener menos dependencia del exterior. Se trata de potenciar el autoabastecimiento y destinar recursos públicos para el trabajo con nombre y apellidos y no hacer contratos aparentes sin finalidad social y ambiental para mejorar al sector productivo o contratos sopa boba que miran más para los votos que para las verdaderas necesidades de las islas y de nuestra economía.

Por ejemplo, estos días han contratado en La Palma a unas 900 personas para barrer o recoger espigas de rabo de gato como si así pudieran jugar un papel básico en potenciar a los agricultores autónomos ¿Ayudamos al que cultiva la tierra? ¿Es esa una forma adecuada de gestionar nuestro campo y nuestro medio ambiente? Claro que hay que eliminar el rabo de gato, pero es mejor hacerlo potenciando que las tierras balutas se cultiven y se pongan en funcionamiento, evitando el abandono y la aparición de especies invasoras.

Creo que hemos de potenciar el mundo rural con garantías para la producción local para depender menos del exterior. No podemos estar mirando para la Bolsa de Chicago y Ucrania, no podemos confundir huevos para reproducción con huevos para el consumo con fecha de caducidad alterada. ¿Qué ocurre con las cadenas de supermercados sin queso de Tenerife? Las empresas de distribución alegan más de 400 millones de euros de beneficio al año de la pandemia y no se abastecen de productos locales. ¿Es eso normal y justo?

Existen soluciones para esta situación. Necesitamos incrementos del POSEI de nuestro sector agrícola y ganadero y ayudas al productor con criterios claros y controles sencillos. Tiene que haber tolerancia por parte de Hacienda a las rentas complementarias de los autónomos del medio agrario y aplicar una Ley del Suelo que penalice las tierras sin cultivo y que fomente que los agricultores sin tierra se incorporen al campo. Hay que potenciar los mercadillos que animen la incorporación local, ayudas directas a los nuevos agricultores y ganaderos y créditos blandos para los emprendedores del sector primario con el objetivo de favorecer una alimentación próxima al consumidor local.

Hoy el sector agrario y la alimentación de nuestro pueblo demandan otra política hacia el campo porque estamos en la mayor dependencia del exterior en la historia de Canarias. El primero de mayo demanda un reconocimiento al mundo rural, tanto en el plano social, como ambiental. Afortunadamente, hoy el campo no es un feudo de terratenientes rentistas y demandamos garantías de ingresos para los que cuidan la tierra, tanto por aspectos sociales, como ambientales. El primero de mayo es sinónimo de reivindicación de una sociedad más sostenible y solidaria. Necesitamos menos palabras vacías como economía circular, huellas de carbono y cambio climático y más políticas reales y efectivas para los campesinos.

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