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Crónicas de la Revo-ilusión

Felicidad

Tomo prestado el lema de la última edición de Futurismo, celebrada la semana pasada en Arona, y que rezaba En busca de la felicidad, para preguntar sobre el sentido que le queda a dicha búsqueda. Ustedes me perdonarán, pero no veo especialmente feliz al mundo canario, aunque tenga los hoteles abarrotados, ni al planeta en general. Pero, además, no creo que esta infelicidad permanente se deba al covid o a la guerra, sino que más bien está dentro de una frustración derivada del intenso estrés social que provoca una idea de felicidad totalmente equivocada. Se habla de sostenibilidad y de cambio climático, conceptos que engullimos y defecamos en el tiempo que dura la pausa entre un anuncio publicitario y el siguiente. Mientras batimos récords en el consumo de ansiolíticos, la sensación de vacío ético ha invadido todos los territorios. En teoría, íbamos a ser una sociedad mejor, más concienciada en valores y, sin embargo, sucede que hasta las demostraciones palpables de solidaridad y ayuda humanitaria suponen apenas una fina pincelada sobre un cuadro de gruesas ambiciones, envidias, egos desbocados y desvaríos, cuyo objetivo es, precisamente, alcanzar la dicha ante el espejo de la vanidad. En realidad, no hemos cambiado, porque a lo largo de la historia, siempre hemos sido igual de abyectos que generosos, capaces de crear belleza y progreso, tanto como destrucción y atraso. Por eso, Piqué y Rubiales o Luceño y Medina buscan un ideal de felicidad que la mayoría ansía. Y también por eso, la city de Londres acoge cantidades asombrosas de dinero sucio para lavarlo y blanquearlo convenientemente, y a los demás nos encantaría comprar esa lavadora. Todo se repite, así que la nueva esperanza reside en la ultraderecha de rompe y rasga, esos infelices votos. Me quedo con nuestro turismo feliz, a la búsqueda de algo que no existe.

dorta@brandwithme.com

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