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Javier Cuervo

Artículos de broma

Javier Cuervo

Pantalones del bipartidismo

En España vuelve la nostalgia del bipartidismo porque Vox crece de la sierra a la costa en Andalucía. Los populismos han llegado hasta aquí mientras el bipartidismo estaba distraído lustrando los zapatos a los vencedores de la globalización con acciones e inacciones que llenaron de pobres a los países ricos y de impotencia adquisitiva a la sociedad de mercado. Las acciones son las reformas estructurales dictadas por organismos no elegidos y las inacciones, dejar hacer a multinacionales y grandes fortunas que aceleran la especulación y el empobrecimiento cuando invierten lo que no tributan. El bipartidismo ganó elecciones con la abstención y con la polarización. Lo que viene detrás es peor, porque los enfadados dan malas respuestas a las respuestas malas recibidas.

El bipartidismo residual español –Sánchez y Feijóo– habla desde el mismo planeta y en lengua romance, lo que no pasaba con Casado, aun apresurándose uno a decirle al otro cómo tiene que gobernar y otro al uno cómo debe oponerse. Feijóo sacó ventaja de la ausencia a la toma de posesión de Alfonso Mañueco como presidente de Castilla y León con Vox y Sánchez de la presencia en Kiev junto a Zelenski, sublime intérprete del papel político más conmovedor en décadas.

Zelenski y Sánchez se encontraron en la secante de la política y la interpretación. El presidente ucraniano es un actor en la cumbre de la política y el español es un político en la cumbre de la interpretación. El bolo de Kiev, como los de las estrellas, tuvo varios cambios de vestuario: deportivo para las ruinas, informal para la comparecencia. El vestuario en el que se la juega con el PP son los pantalones, que para Feijóo son los impuestos. Ahora, la chaqueta política son los pantalones fiscales. Si quieres acuerdos tienes que bajarlos. Con unos cálculos para tramos de renta flojos Feijóo ha vuelto algo tan ideológico en emocional: si Sánchez no baja los pantalones no tiene corazón. El corazón y pagar impuestos son emocionales. Una sociedad con servicios públicos es más racional, pero eso no se lleva.

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