Suscríbete

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Jorge Bethencourt

Manual de objeciones

Jorge Bethencourt

Metiendo mano a las pensiones

Escucho una conversación entre varios jubilados. Y uno de ellos, visiblemente cabreado, asegura: «Si me tocan la pensión salgo a la calle y me los cargo a todos». Los demás le jalean. No sé yo a quiénes piensan cargarse a bastonazos, pero yo no me pondría delante, por si acaso. Los jubilados de hoy están cachas.

El problema, para ellos, es que todo apunta a que va a pasarles lo que tanto temen. La demagogia, como la mentira, tiene unas patas muy cortas y siempre le alcanza la realidad. La decisión del Gobierno de igualar las pensiones al crecimiento del IPC –cargándose el «factor de estabilidad» que puso Rajoy– no contaba con que se disparase la inflación a los niveles en que hoy estamos. Ahora, el desgobierno español de Sánchez se encuentra entre la espada y la pared. Y ya han empezado los mensajes subliminales sobre la necesidad de moderar el crecimiento de las pensiones para no seguir alimentando el monstruo de la inflación.

El costo de las pensiones ha subido hasta superar ya los 160 mil millones de euros. Una pasada. Que se agrava si se le coloca al lado la escalofriante cifra de la masa salarial de los empleados públicos, que pasa de los 147 mil millones, no porque les hayan subido los salarios sobre el año pasado (solo un modesto 0,9%) sino porque los que mandan se han desmelenado contratando gente, mayormente para maquillar las cifras del desempleo.

Por mucho que está aumentando la recaudación de impuestos por la maldita inflación, que nos empobrece a todos menos al fisco, el actual desgobierno de España se enfrenta a un panorama sombrío. El aumento de los tipos de interés –que está al caer– va a disparar los costos de la deuda pública, que anda ya por el billón y medio de euros. Y más tarde o más temprano la señora Montero tendrá que sacar las tijeras de podar.

El presidente Sánchez ha dicho en varias ocasiones que la decisión de actualizar las pensiones al IPC no se va a tocar. La palabra de nuestro amado e inconstante líder es como la expectativa de comprar en Aliexpress algo que sea igual a la foto. Pero aunque no podamos fiarnos de lo que dice, sé que podemos hacerlo de sus miedos. Sacar a diez millones de jubilados a la calle en año preelectoral no se le ocurre ni al que asó la manteca.

De ahí que los impuestos no bajen ni a tiros, que nos hayan pegado un catastrazo y que ese no sea el último disgusto que nos darán al bolsillo. Más madera, que es la guerra. En el tren de Moncloa van a quemar hasta los sillones.

Compartir el artículo

stats