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Joaquín Rábago

Cuando la prudencia es tachada de cobardía

Aunque algunos no quieran darse por enterados o traten de minimizar el peligro, nunca, desde la caída del “telón de acero”, hemos estado tan cerca de un nuevo conflicto militar global.

La invasión rusa de Ucrania ha disparado las alarmas y todos en Occidente defienden la urgencia de parar allí al “monstruo” antes de que éste trate, como se le acusa desde Occidente, de reconstituir el viejo imperio soviético.

El canciller Olaf Scholz ha resistido hasta ahora las fortísimas presiones de sus socios de coalición – liberales y Verdes- para que envíe con urgencia los tanques alemanes que reclama con machacona insistencia el Gobierno de Kiev.

La prudencia del político socialdemócrata es tachada de cobardía: “¿De qué tiene miedo, señor Scholz”, titula Der Spiegel”?, que, como el resto de la prensa, lleva semanas batiendo los tambores de guerra.

El semanario recuerda al canciller que los estadounidenses han enviado ya a Ucrania hasta helicópteros y que holandeses, británicos, checos y eslovacos están ya ayudando a ese país con armamento pesado.

Al menos reconoce la revista que Scholz se enfrenta a un dilema puesto que juró, al asumir el cargo, “evitar todo daño al pueblo alemán”. Y en la cancillería de Berlín no se descarta que Putin pueda recurrir, si se siente perdido, al arma nuclear.

Sin embargo, argumenta en su tono belicoso Der Spiegel, las repúblicas bálticas, que están mucho más cerca de Rusia, deberían tenerle más miedo, lo que no les impide suministrar a Ucrania todas las armas que pueden.

Desde que comenzó la guerra, el ambiente político se ha vuelto casi irrespirable en una Alemania que parece renegar de pronto de sus años de Ostpolitik con Willy Brandt y los posteriores de “entente” con Rusia bajo gobiernos tanto socialdemócratas como cristianodemócratas.

En los debates en televisión sólo intervienen partidarios de una política de máxima intransigencia frente a Putin, sin que a nadie se le ocurra ya hablar de diplomacia, palabra tabú en el debate público.

Y cuando, excepcionalmente, una veterana periodista y ex corresponsal en Moscú, recuerda que Washington violó la promesa que hizo a Rusia de no ampliar la OTAN una vez desaparecido el Pacto de Varsovia, el conductor del programa y el resto de los contertulios la tachan de “traición”.

La ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, de un partido otrora “ecopacifista”, se parece cada día más en su beligerancia a la ex secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton.

En su reciente visita a los Países Bálticos, Baerbock aseguró que Occidente no aceptará “una paz dictada” y que toca a los ucranianos decidir sobre su destino. ¡Como si las presiones de Washington sobre Kiev para que siga haciendo frente a Putin no contaran nada!

Baerbock aprovechó la ocasión para criticar también a China, a la acusó de recurrir a represalias “inaceptables” contra Lituania por haber acogido este país una representación diplomática de Taiwán, que China considera parte de su territorio.

Como si no nos bastara a los europeos con el problema de Ucrania, Lituania decidió sumarse, al margen de la UE, a la estrategia de Washington de agudizar las tensiones entre las dos Chinas: la comunista y la nacionalista.

La ministra alemana de Exteriores habló también en su visita a los Bálticos del reforzamiento de las tropas de la OTAN en la frontera con Rusia, que será uno de los asuntos que se aborden en la próxima cumbre madrileña de la Alianza.

Otro será la cada vez más probable incorporación a la organización militar de las hasta ahora neutrales Suecia y Finlandia. Será una ocasión que la OTAN y el lobby de los fabricantes de armas en ningún caso van a dejar escapar.

Finlandia tiene una frontera de más de 1.300 kilómetros con Rusia, que habrá que defender militarmente sobre todo después de que Moscú anunciase, como reacción al su posible ingreso en la OTAN, un refuerzo de su flota del Norte. ¡Esta nueva carrera de armamentos no hay ya quien la pare!

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