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Luis F. Febles

Les dijeron que jamás lo conseguirían

A Elizabeth Blackwell le dijeron que jamás podría convertirse en médica, que una mujer de su época se debía al cuidado de sus hijos y su marido. Una habitación propia le sirvió a Virginia Woolf para postularse como el gran símbolo del movimiento feminista del siglo XX en una sociedad con un marcado acento machista. Rosa Parks se negó a ceder el asiento a un blanco el 1 de diciembre de 1955 en pleno auge de las leyes de segregación racial. Y fue en 1894 cuando Nettie Honeyball fundó el primer club deportivo denominado British Ladies Football Club en un coto privado para el varón. Eran potentes iconos que se plantaron ante las adversidades de un mundo injusto que les decía a cada instante que no iban a poder. Y pudieron. De la misma manera que Mari Jose, Natalia, Noelia o Koko construyen con versos de superación los poemas épicos de la UDG Tenerife. Como en La Odisea, con Ulises enfrentándose a cíclopes y lestrigones hasta reinar en sus dominios, así nos narran las historias cada fin de semana en campos de toda España, conquistando territorios allende las fronteras de La Palmera. Sus logros van más allá de lo deportivo, porque son ejemplos de superación constante, victorias sociales y culturales que nos hacen ver la realidad desde una óptica más decente y menos sesgada. Cada triunfo es una bofetada al machismo, a la discriminación que a día de hoy recorre muchos campos de fútbol de todo el panorama nacional. Pero ahí permanecen ellas, estoicas, eternamente respetuosas, impregnando un espíritu de resiliencia ante todas las barreras que se edifican dentro y fuera del fútbol. Un verdadero empoderamiento de las futbolistas como síntoma inequívoco de que vamos por el camino correcto. Ganan sus partidos regateando desigualdades salariales para llevar el nombre de Tenerife y Canarias por todo el continente. Si hay algo que caracteriza al fútbol femenino es su resistencia. En febrero de este año la Federación de Fútbol de Estados Unidos alcanzó un acuerdo de compensación millonario con las jugadoras de la selección por haber recibido menos apoyo y dinero que sus compañeros masculinos. Tras casi 7 años de disputa social y judicial, recibirán 24 millones de dólares. La icónica capitana de la selección, Megan Rapinoe, lanzó en redes un potente mensaje para contar al mundo la heroicidad conseguida: «¡Cuando nosotras ganamos, todo el mundo gana!» Y no le falta razón. Es una victoria para todas las mujeres, para las niñas que quieren ser futbolistas y para las madres y abuelas que tanto han tenido que aguantar para lograr la felicidad de su prole. Sin embargo, muchos no nos hemos dado cuenta, no hemos valorado lo suficiente la proeza de esta familia de la UDG Tenerife que habita en un rincón del sur de la Isla. En este poema épico ellas necesitan tu apoyo, como Circe y Eolo ayudaron a Ulises durante su viaje. Todavía cuesta mucho que las empresas inviertan en fútbol femenino, aunque dentro de su responsabilidad social corporativa se escriba igualdad en mayúscula. Hace falta patrocinar equipos y competiciones que construyan un modelo más justo y paritario. No solo vale la foto y un tuit bonito; necesitan hechos y obras a imagen y semejanza del modelo masculino. La UDG Tenerife ha logrado un hecho maravilloso: que sin conocerlas personalmente te identifiques con ellas. No podemos avanzar todos si la mitad no nos sigue. ¡Mucha suerte, guerreras!

@luisfeblesc

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