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José Vicente González Bethencourt

La salud de Vladimir Putin

Cuando toda la humanidad asiste estupefacta a la decisión del presidente de Rusia de ordenar la invasión y destrucción de Ucrania y de sus habitantes civiles, incluidos niños, mujeres, ancianos y enfermos hospitalizados, Vladímir Putin, con 69 años, pasa a englobar la lista de opresores investidos de un dominio absoluto que constantemente necesitan ampliar tanto en poder como en territorio.

No es la primera vez que sucede, y con esta lógica, un antecesor suyo, Stalin, cometió los más terribles desmanes contra Ucrania, como lo fue dejar morir de hambre a millones de sus habitantes, tal como ha publicado recientemente Nina Khrushcheva, profesora de Relaciones Internacionales en la New School de Nueva York y bisnieta del ex primer ministro soviético Nikita Khrushchev, al tiempo que recuerda que Mao Zedong, presidente de la República Popular China, en base a su tesis de que el poder político emana de los fusiles, exigió armas nucleares a Nikita Khrushchev para convertir en rehenes a los enemigos de dentro y fuera de China.

Para Nina Khrushcheva, Putin es un suicida que con él se va a llevar por delante a la humanidad, «un megalómano despiadado con una gigantesca agenda imperialista similar a la de Stalin y Mao». La tesis del suicidio no es nueva. No olvidemos que otro opresor, Adolf Hitler, recurrió a su suicidio y el de los suyos cuando fue consciente de que ya no podía aumentar ni poder ni territorio, todo lo contrario, se suicida cuando comprueba que ya no tiene nada nuevo que ganar.

Ahora hemos pasado de la invasión de Ucrania a la amenaza de una guerra nuclear mundial, y tanto Joe Biden como Putin, en un juego muy peligroso, sugieren que pueda ocurrir. Y ya se sabe el dicho de que «cuando el río suena, agua lleva». Las redes sociales no paran de especular con esta posibilidad, lo mismo que no paran de cuestionar la salud física y mental de Vladimir Putin y de otros dirigentes mundiales de cuyas decisiones dependen nuestras vidas.

Concretamente, el doctor Thomas Kron, en un artículo publicado en Univadis, se pregunta si Putin está enfermo, dado que en los últimos tiempos la cara se le ha redondeado, lo que puede deberse al tratamiento con corticoides o a la quimioterapia, que además puede ocasionar trastornos neurológicos. Respecto a Donald Trump, el periodista estadounidense James Hamblin, en la revista The Atlantic, opina que sus comportamientos impulsivos y contestaciones verbales mientras fue presidente de los Estados Unidos sugieren que podría estar sufriendo un trastorno cognitivo, consistente en una psicosis inducida por el tratamiento con corticoides, a lo que habría que añadir un narcisismo de libro.

Lo cierto es que en las redes sociales se lleva comentando algunos años que Putin puede padecer cáncer de tiroides o Parkinson, algo que puede ser verdad y no notársele ningún signo, dado que los avances de la medicina pueden mejorar tanto estos procesos que se ocultan sin dificultad. O no, dependiendo del alcance y gravedad del caso. También se especula con un trastorno consistente en una «niebla cerebral» secundaria a una posible infección por coronavirus.

Por otro lado, el número de médicos que habitualmente acompañan a Putin ha ido aumentando considerablemente, y mientras la prensa occidental difunde noticias alarmantes sobre su salud, la prorrusa hace lo contrario, dándole a Putin una imagen de fuerza y juventud tras sus chequeos en el Hospital Clínico Central de Rusia, que dispone de una zona exclusiva para él, mientras el almirante retirado de la Royal Navy británica, Chris Parry, afirma que Putin podría estar luchando contra un cáncer, «creo que su sistema inmunológico podría estar deprimido, así que es un hombre que tiene prisa», agregó para justificar su rápida decisión de declarar la guerra a Ucrania.

Dado que el Kremlin no se caracteriza precisamente por una política informativa muy transparente, y los acontecimientos que en él se suceden no se conocen, cualquier especulación sobre la salud de Putin es posible, por lo que no queda otra que estar atentos a las noticias sobre su estado de salud, que, por cierto, sí interesa, y mucho, a toda la humanidad.

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