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Humberto Hernández

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Humberto Hernández

Tópicos sobre el español de Canarias

Según el Diccionario de la lengua española de la Real Academia (conocido por el acrónimo DLE, antes DRAE), la primera acepción de la palabra tópico es «Expresión trivial o mal empleada», y registra, además, otros sentidos propios de la medicina, de la lingüística y de la retórica. Estaría muy próximo este valor al de cliché, que también se refiere a una expresión demasiado repetida. Así, serían tópicos o clichés expresiones como «calentar motores», en lugar de «prepararse para comenzar una actividad», «hacer pedagogía» («actuar de forma ejemplarizante»), «poner en valor» («valorar, hacer que algo sea más apreciado»), «hacer los deberes» («cumplir con las obligaciones») o «poner los puntos sobre las íes» («hacer las precisiones necesarias sobre algún asunto»), expresiones tan repetidas que convierten los mensajes de quien las utiliza de manera descontrolada en textos faltos de originalidad y de precisión.

Pero hay otros sentidos de la voz tópico que habría que considerar si apareciera en un contexto como es el mismo título de este artículo, porque también constituye un tópico «Una idea vulgar o manida utilizada en una conversación o en un texto. Frecuentemente con intención despectiva, especialmente en la forma aumentativa topicazo», como nos dice el excelente Diccionario del español Actual de Manuel Seco (DEA). Así que, aprovechando la ocasión y para ejemplificar lo que venimos diciendo, podríamos considerar como un tópico la idea de que el académico diccionario es el mejor, el oficial, el único, lo que no es del todo cierto, y sin intención de infravalorar al histórico representativo de una larga tradición lexicográfica, sí es conveniente aclarar que existen otros diccionarios que hay que tener en cuenta cuando deseamos asegurarnos de que una palabra o acepción coincide con la conciencia lingüística colectiva, la de la mayoría de los hispanohablantes, y no solo con la de los académicos de la Real Academia Española: para eso contamos con excelentes repertorios, como el ya citado de don Manuel Seco y el sobresaliente Diccionario de uso del español de doña María Moliner (el DUE). En estos casos es cuando conviene deshacer el tópico.

Además de este extendido tópico, hay otros relacionados con los diccionarios; así, por ejemplo, es creencia común considerar que si una palabra no está registrada en los diccionarios tal palabra es incorrecta o no existe; o que los diccionarios contribuyen a reforzar determinados prejuicios sexistas, porque no registran los femeninos miembra o portavoza, o se los tilda de fomentar el racismo y la xenofobia puesto que mantienen el indeseado valor de «Trapacero» para la voz gitano, o «Avaricioso, usurero» para judío. Se ignora que los diccionarios solo están obligados a reflejar cómo es la lengua y no cómo nos gustaría que fuera. Eso sí, los buenos diccionarios deben advertir a los usuarios que tales acepciones constituyen usos despectivos, malsonantes o insultantes, y lo suelen hacer con marcas abreviadas como despect. o malson. Y es una verdad, y no un tópico, el hecho de que muchos consultantes no saben leer los diccionarios.

Hay otros tópicos muy generalizados y relacionados con la lengua, como el de creer que la evolución lingüística es señal de su degradación, o que hay lenguas de diferentes categorías, y dialectos con distinta consideración y prestigio. Y son, precisamente, las modalidades dialectales las entidades lingüísticas que suelen ser objeto de un mayor número de tópicos o de falsas creencias: «un dialecto es una lengua mal hablada», creen unos, o «el dialecto es la modalidad rústica de una lengua culta», piensan otros.

El dialecto canario no está libre de estas erróneas valoraciones, pues incluso en los casos en los que se le respeta y valora, podemos descubrir actitudes y creencias muy desviadas de la correcta y objetiva interpretación lingüística.

Estos son algunos de los tópicos o falsas creencias relacionados con nuestra modalidad dialectal:

1. Los canarismos o voces propias del dialecto canario son solo los guanchismos o las voces prehispánicas

Falso, pues si bien los guanchismos o prehispanismos (baifo, beletén, gofio, goro, por ejemplo) son característicos de nuestra modalidad, también lo son los portuguesismos (cambar, millo o maresía), los americanismos (bemba, guataca o guagua), ciertos andalucismos (afrecho o cigarrón) y algunas voces procedentes de otras lenguas que se han instalado y aclimatado en nuestro dialecto, como queque, naife o piche, que proceden el inglés. Son también canarismos, por tanto, además de los guanchismos, los portuguesismos, los americanismos, los andalucismos y toda palabra característica de nuestro dialecto que no pertenezca al español general.

2. Hablar en dialecto canario implica utilizar siempre canarismos

Falso, pues en Canarias se habla un dialecto del español, el canario, en el que los canarismos constituyen una parte que, aunque caracterizadora del nivel léxico, es bastante reducida; lo mayoritario pertenece al español general. Así, si bien es verdad que jeito, alongarse, baifo gofio y millo son canarismos que integran y caracterizan el léxico canario, también son voces propias del español de Canarias esguince o maña, cabrito, asomarse… y luz, silla, madre y amor, voces del español general, lengua de la que forma parte nuestro dialecto, junto con el de otras áreas, como el andaluz y el castellano, en el español europeo, y, en el ámbito americano, el mexicano y centroamericano, el caribeño, el andino, el chileno y las modalidades de la zona austral.

3. Los canarios no sabemos hablar castellano

Depende en cuál de sus acepciones se utilice la palabra castellano: como sinónimo de «Lengua española» (9.ª ac. del DLE) o como dialecto del español, esto es «Variedad del español que se habla en la parte norte de los territorios del antiguo reino de Castilla» (11.ª ac.), pues estos dos sentidos, junto a otros, tiene la palabra. En consecuencia, puede afirmarse que los canarios no hablamos la modalidad septentrional o dialecto castellano, en la que se distingue s de z, se mantienen las eses finales y está generalizado el pronombre vosotros como pronombre de segunda persona de plural; pero sí sabemos hablar (y escribir) muy bien la lengua española o castellano, pues de ella somos hablantes nativos y en ella se reconocen como rasgos de la modalidad culta de muchos de sus dialectos el seseo, la aspiración de eses finales y el uso de ustedes como único pronombre de segunda persona de plural (plural de tú y plural de usted), por citar algunas de sus características. En este sentido, claro que sí sabemos hablar castellano.

4. El mejor español de Canarias es el que se habla en la isla de El Hierro

Falso. Es esta una valoración subjetiva que se relaciona con el carácter conservador en el nivel fónico de esa modalidad insular y que se observa, sobre todo, en mantener tensas las consonantes finales. Quizá sea el mantenimiento de las eses finales el rasgo que da lugar a este tópico, puesto que se asocia con una peculiaridad de la modalidad castellana, la del centro norte peninsular, en la que no se aspiran las eses finales y que para muchos es la variedad más prestigiosa y prototípica. También es este, el de que el mejor español es el que se habla en el centro norte peninsular, otro tópico que conviene desterrar de una vez.

5. Hablar nuestro dialecto debe convertirse en un acto reivindicativo de nuestra identidad

No creo que sea una buena recomendación, pues hablar nuestro dialecto es hacerlo con naturalidad y sin ningún tipo de exagerado afán en la articulación o en la expresión para dejar la huella de las que se consideran que son sus características diferenciales. Comparto con el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince la idea de que «todo hablante nativo, si no se azara ni se intimida, si no dedica demasiada introspección a su forma de hablar, si se expresa espontáneamente en la lengua de sus amigos, hablará siempre bien». Hagámoslo, pues, como sabemos y solemos hacerlo, sin estridencias, sin necesidad de «sacar pecho», pero tampoco sin tener que «agachar la cabeza»: dejaremos marca, seguro, de nuestra identidad sin hacer alarde de un innecesario patrioterismo lingüístico.

6. La globalización e Internet acabarán por uniformarlo todo y harán que desaparezca como tal el dialecto canario

Como tal futurible no se puede dar ante este tópico una respuesta rotunda y taxativa. Es posible que la globalización pueda contribuir a que se impongan, en determinadas situaciones comunicativas, usos más propios del español general que los de sus variedades dialectales, pero no puede afirmarse que siempre vaya a suceder así. Hubo un relevante filólogo que en el siglo pasado pronosticó que se uniformaría la pronunciación en todo el ámbito del español y desaparecerían las variedades regionales por efecto de la enorme influencia de los medios de comunicación; huelga poner ejemplos para demostrar que no ha ocurrido así, más bien parece observarse que las diferencias dialectales se han ido acusando más y cada día se reciben con mayor naturalidad los dialectos propios de informadores argentinos, mexicanos o canarios, sin que se observe ningún intento o preocupación por neutralizar su acento. Los canarios cultos, por ejemplo, no hemos renunciado a nuestro seseo, ni al uso de ustedes; rechazamos el laísmo, utilizamos la guagua como medio de transporte y seguimos comiendo, ¡cómo no!, papas guisadas o arrugadas con mojo picón y escaldón con gofio de millo. Tal vez por que «tan importantes como los anhelos unitarios, más fuertes aún, son los que tienden a preservar lo individual, lo propio, aquello que nos vincula a la tierra nuestra y a nuestra gente», decía Fernando Lázaro Carreter.

Y esta idea, desde luego, no es un tópico.

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