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con la historia

El color de la Reina Carlota

Tras una paciente espera, por fin ha llegado el estreno de la segunda temporada de Los Bridgerton, una serie de época basada en los libros de Julia Quinn. Con mucha habilidad, esta autora norteamericana ha creado un universo de tramas románticas ambientadas en la Inglaterra del llamado Periodo de la Regencia. Es decir, esa breve etapa entre 1811 y 1820, cuando Jorge IV tuvo que asumir el trono a pesar de ser príncipe, porque su padre, Jorge III, tenía problemas mentales y no se podía hacer cargo de las responsabilidades propias de la corona.

Retrato de la Reina Carlota realizado por Allan Ramsay.

La magia de las adaptaciones audiovisuales, sobre todo si tienen un presupuesto estratosférico, es que con su ambientación trasladan al espectador a un mundo que puede parecer verosímil, olvidando que se trata de una obra de ficción donde se pueden permitir todas las licencias que les dé la gana. Es fácil imaginar, por ejemplo, que en la sociedad británica de hace dos siglos no existía la diversidad étnica del elenco de la serie. Ahora bien, existe un personaje que necesita un poco más de atención porque ha generado debate: la reina Charlotte.

En Los Bridgerton está interpretada por la actriz y cantante Golda Rosheuvel, nacida en Guayana. La monarca de la ficción se inspira en la figura de Sofía Carlota de Mecklenburg, nacida en 1744 en la actual Alemania y casada con el rey Jorge III cuando apenas tenía 17 años. Ya antes de la serie, algunos historiadores habían defendido que era negra, basándose en estudios genealógicos. Ni qué decir tiene que el hecho de que se haya escogido una actriz de raíces caribeñas ha dado alas a una teoría que, al menos, es discutible.

Sus partidarios sostienen que Carlota descendía de la llamada rama negra de la casa de Portugal. El origen de la estirpe sería Madragana Ben Alondro, nacida en 1230 y amante del rey luso Alfonso III. Aunque de esta mujer no se tienen muchos datos, lo que se puede afirmar casi con toda certeza es que no era de origen subsahariano. Quizás tenía ascendencia bereber, algo factible porque se tiene constancia de que vivía en el Algarve, que era la zona musulmana del sur de la Península Ibérica conquistada por los portugueses. Parece que la pareja habría tenido descendencia y pese a ser hijos fruto de una relación extramatrimonial, habrían recibido títulos nobiliarios (algo habitual en aquella época, por cierto).

Siguiendo la descendencia de la pareja, después de siete generaciones, en el siglo XVI, los investigadores localizaron a una chica de aquella estirpe, llamada Margarita de Castro Sousa, casada con Juan II, lord de Montagu. Según las crónicas de la época, era descrita como «una mujer mora», algo que algunos retratos que nos han llegado también apuntan. Entonces todavía faltaban doscientos años para que naciera la futura consorte de Jorge III. Carlota era miembro de la decimoquinta generación descendente de Madragana. Por lo tanto, cuesta creer que fuera de piel negra. Ahora bien, el pintor Allan Ramsay, en 1762, la retrató con unos rasgos físicos que pueden recordar -si uno pone voluntad- las presuntas raíces africanas.

Como hemos apuntado un poco más arriba, los historiadores lo ponen en entredicho y una de las razones para argumentar su escepticismo es que en las caricaturas de la época se remarcan los rasgos raciales de la reina. En ninguno de esos dibujos, que se hacían para ridiculizar a la monarca, se ponía el acento en una fisonomía específica. Si en el siglo XXI, la duquesa de Sussex, Megan Markle, ha denunciado que en la casa real británica hubo prejuicios raciales cuando estaba esperando su primogénito fruto de su matrimonio con el príncipe Enrique, porque algunos de los integrantes de la familia tenían miedo de que la criatura no fuera blanca, ¿qué no habría pasado durante los siglos XVIII y XIX cuando Carlota se sentó en el trono?

Lo divertido del caso es que la reina Isabel II es descendiente directa, porque Carlota es su tatarabuela. Por tanto, en caso de ser cierta la teoría del origen africano de Madragana Ben Alondro, ya habría habido opciones de que sus cuatro hijos, empezando por el primogénito príncipe Carlos, fueran negros. Eso sí que habría dado para una buena ficción televisiva.

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