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observatorio

Varios apuntes y una reivindicación

Se cumplen cinco semanas del inicio de la invasión rusa de Ucrania. En estas cinco semanas hemos sido testigos, una vez más, de la destrucción que provocan las guerras. Hemos visualizado en tiempo real, como nunca, la destrucción de las ciudades, la huida de las gentes, el dolor, el drama. Durante estas semanas, las imágenes nos han recordado a la Varsovia de la Segunda Guerra Mundial, a la Vukovar arrasada entre agosto y noviembre de 1991, a la Grozni arrasada entre 1994 y 1995 o a la Alepo de 2012.

Transcurrido más de un mes desde el inicio de la invasión merece la pena apuntar algunas cuestiones sobre las que en estos días analizamos y hablamos de manera casi ininterrumpida. De entrada, parece evidente destacar que es hora de prepararse para vivir en un mundo muy distinto al que había antes del 24 de febrero de 2022. El sistema liberal multilateral que se conformó tras la Segunda Guerra Mundial ha aguantado varios envites, entre otros la caída del Telón de Acero o el inevitable ascenso de China en la esfera internacional, pero, desde luego, lo que vivimos a estas horas en Ucrania es probablemente la chispa definitiva para la detonación final. Esta guerra, además, ha puesto de manifiesto el fracaso de la doctrina de la globalización neoliberal cuya base era que los intercambios comerciales evitan los conflictos. No solo no los evitan, sino que en el caso de que estos ocurran, la totalidad de las economías mundiales se ve afectada por ellos. Por tanto, esta guerra también opera como vector de desglobalización, agudizando una tendencia que comenzó hace ya tiempo.

Otra de las lecciones aprendidas durante este tiempo es la que constata que las amenazas, avisos y reivindicaciones que durante años ha planteado Rusia en distintos foros internacionales finalmente se han cumplido. Durante años desde Occidente se ha hecho oídos sordos a estas demandas rusas desde una posición de displicencia absoluta y aprovechándose de la debilidad del adversario para hacer suculentos negocios. De hecho, una de las principales corrientes de análisis es la que plantea que esta guerra tiene que servir para anular de nuevo a Rusia sobre la base de la humillación, no solo de sus líderes sino de su población. Lo peor de esta posición es que no extrae ningún aprendizaje del pasado.

Y esto nos lleva al último punto, el de la reivindicación. Durante estos días el foco mediático se ha posado sobre una región a la que, desde España, no se había prestado especial atención. Pocos han sido los académicos y analistas de este país que han dedicado su tiempo y horas de estudio y lectura a intentar desentrañar algunas de las claves que ahora parecen imprescindibles para comprender la naturaleza de la agresión y a sus actores. El pensamiento político del eurasianismo, la tensión entre occidentalistas y eslavófilos, la doctrina estratégica y los temores geopolíticos rusos, cómo se pusieron en marcha los procesos de cambio político y económico en la región o las relaciones que se establecieron entre los países del Pacto de Varsovia y que ahora ayudan a explicar algunas de las posiciones en el Consejo Europeo, son solo algunas de ellas.

Sin embargo, en estas cinco semanas se han publicado multitud de columnas, análisis y tribunas analizando prácticamente al minuto lo que estaba sucediendo en el territorio ucraniano. Ahora es raro que alguien no sepa dónde está Kiev/Kyiv o que Mariúpol es una ciudad que se sitúa en el mar de Azov. Las guerras también tienen esto, que llaman la atención y la gente comienza a leer sobre espacios geográficos sobre los que antes nunca se reflexionó. Pero para entender por qué Polonia acoge sin tapujos a los más de dos millones de refugiados que llegan desde Ucrania, quizá es necesario conocer parte de la historia común entre ambos territorios o saber que los migrantes económicos presentes en Polonia son ucranianos, los que ellos, así como checos y eslovacos, denominan «nuestros extranjeros». Y, para eso, hacen falta más de dos ojeadas al Foreign Affairs. Ojalá y a partir de ahora se le dé una mayor presencia al estudio en profundidad de los estudios del área postsoviética o de Europa central y oriental, como ustedes prefieran.

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