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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

De la nada a la miseria

Me persigno al revés cuando escucho o leo a gente que siempre puso a parir –metafóricamente: hoy hay que aclararlo todo – a Mery Pita entendiendo sus razones para marcharse de Podemos sin marcharse del Congreso de los Diputados. Uno más bien cree que la señora Pita se ha largado –en compañía de una ristra de cargos públicos de la organización morada – porque no encontraba manera de que la echaran. Y lo intentó seriamente. Muy seriamente. Su intento más feroz ocurrió, por supuesto, a finales de abril de 2019, cuando todos los indicios apuntan a que intentó reventar las listas al Parlamento de Canarias en las elecciones autonómicas de mayo de 2019. A última hora quince candidatos abandonaron las listas, entre ellos, Natividad Arnaiz, pitista de estricta observancia. Solo la fulminante reacción de Noemí Santana – su sucesora como secretaria general de Podemos – recomponiendo las listas en un agónico fin de semana pudo impedir que Podemos se quedara fuera de los comicios.

Lo más extraordinario es que Mery Pita salió incólume de un episodio tan mezquino, ruin y sórdido como ese: una operación de derribo fulminante, con aliento de venganza, contra Santana y sus fieles. Supuestamente se abrió una investigación interna, pero fue directamente enterrada por decisión del Gran Hermano en persona. Pablo Iglesias no quería ningún escándalo, ningún conflicto, ninguna disonancia después de la ruptura con Íñigo Errejón y sus acólitos, que integraron la lista Más Madrid en la primavera de 2019. Según la portentosa lucidez de Iglesias la compañera Pita representaba una sensibilidad social y sindical que a Podemos le hacía mucha falta en Canarias. Pero Iglesias –aunque todavía influyente – ya no está en Podemos. Mery Pita no tiene relación con sus sucesoras. Tampoco con la izquierda camisa blanca de mi esperanza, doña Yolanda Díaz. Así que ha preferido –con un grupo significativo pero no abrumador de militantes y cargos públicos– abandonar Podemos y montar una chalupa propia. Más les vale a sus excompañeros no descalificarla brutalmente. A saber si el año próximo – bajo el yolandismo convertido en la penúltima plataforma de salvación de las izquierdas patrias– no se verán abocados a negociar con Pita.

Podemos ha reaccionado transformando de repente a la diputada grancanaria en una bruja que pretende seguir pagando su escoba con las dietas del Congreso de los Diputados. Como no fueron capaces de expulsarla en su día la convierten en un monstruo nocturno que solo busca garantizarse un par de años con 4.000 euros mensuales. Pero algunas de las aseveraciones de Mery Pita en su rueda de prensa se ajustan a la verdad. Podemos es un proyecto político esclerotizado, agotado y declinante. En Canarias es una comparsa cuya capacidad de gestión ha resultado un fiasco y que no ha avanzado un ápice en implantación socioelectoral; al contrario, ha retrocedido. Lo peor no es adaptarse a la realidad política e institucional – asignatura obligatoria para alcanzar el poder, aplicar políticas públicas y manejar presupuestos- sino simular seguir siendo otra cosa: una izquierda revolucionaria, unos activistas inmaculados y liberados de la coherencia, una reserva moral de inagotable superioridad. La praxis en el poder socialdemocratiza a Podemos inevitablemente, y ya existe un partido socialdemócrata más grande, más instalado y más votado que se llama PSOE. Los podemitas tampoco supieron consensuar una organización auténticamente federal y Canarias siempre contó entre poco y nada en debates políticos y propuestas programáticas, como ha reconocido igualmente Alberto Rodríguez, cuyo escaño, en una exhibición de estúpida irresponsabilidad, sigue sin estar ocupado. Después de su larga travesía hacia la decepción el único marxismo detectable en Podemos está en esa frase de Groucho: «Fíjense en mí, que de la nada he llegado a las más altas cumbres de la miseria».

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