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Francisco Pomares

Un empate de vértigo

Tenía que ser en La Palma: con extraordinario esfuerzo, el secretario general del PSOE, Ángel Víctor Torres (también presidente del Gobierno), ha conseguido evitar que la sangre llegara al río en las primarias de su partido en casi todas las islas. Con paciencia y saliva, Torres ha logrado encajar situaciones tan complicadas y poco encajables como la de Gran Canaria, donde al final Augusto Hidalgo hizo de tripas corazón y negoció su renuncia a la secretaría general. Es verdad que a Hidalgo no le convenció solo Torres, también recibió unos cuantos recados bastante precisos de Ferraz.

El caso de La Palma es diferente: Torres hizo todo lo que pudo para que Anselmo Pestana llegara a un acuerdo con la disidencia palmera y evitar unas primarias a cara de perro. Pero en el PSOE de Pestana las cosas de dentro no suelen resolverse por mucho que lo pida alguien de fuera. Pestana ha hecho caso omiso a su partido en multitud de ocasiones, es un curioso representante del palmerismo militante, un tipo capaz de perder unas elecciones, siendo presidente del Cabildo y volver a perderlas en la negociación (mira que eso es difícil), colocando de presidente al cabeza de lista del PP, el partido menos votado de los tres grandes. Pestana convirtió en presidente al candidato de la derecha, Mariano Hernández Zapata, con solo seis consejeros de los 21 que tiene el Cabildo insular, contra el criterio del propio PP, que llegó a expulsar a sus consejeros. Pestana remató esa operación –una moción de censura– solo cuatro años después de que él mismo y sus compañeros fueran también expulsados por firmar un pacto con el PP, contra el criterio de su partido.

Pero la política es hoy una suerte de juego de trileros en la que lo que uno hace no se compadece mucho con lo que a uno le ocurre por hacerlo. Después de haber sido puesto de patitas en la calle por pactar con el PP, el PSOE lo reaceptó (lo mismo hizo el PP, que acabó readmitiendo a Zapata) y además, tras perder Pestana la presidencia de La Palma, le recompensó nombrándole delegado del Gobierno en Canarias. Este Pestana, responsable principal de que la derecha gobierne La Palma, lo es también de que la inmigración se haya convertido en Canarias en un problema de tal envergadura que –al decir de su jefe nacional– ha obligado a repensar la política internacional española.

Un tipo con mala pata, que –ya se dijo– se negó a llegar a ningún acuerdo con Francisco Paz, alcalde de San Andrés y Sauces, y decidió atrincherarse tras su propia candidatura, llevando a cabo una operación de afiliación masiva y fuera de plazo en las Agrupaciones Locales de Santa Cruz de La Palma y Los Llanos, respaldada por Ferraz en el último minuto, cuando faltaban apenas unas horas para votar las primarias. Los noventa votos incorporados al censo en estas primarias por Pestana, y que la Comisión de Ética y Garantías aceptó alegando que su misión es «defender los derechos de los afiliados» (no la transparencia y legalidad del proceso), son los votos que finalmente han impedido que el alcalde Paz se alzara con una victoria aplastante. Nadie duda que si esas afiliaciones masivas de última hora no se hubieran producido, Pestana habría perdido las primarias.

Quizá por justicia poética, Pestana tampoco ha conseguido ganarlas: quedó empatado a 387 votos con su oponente, tras perder en la mayoría de las Agrupaciones de la isla, y lograr el apoyo de las dos grandes ciudades, justo donde se produjeron las afiliaciones de última hora. Ahora, si Ferraz no ordena lo contrario, Pestana y Paz se enfrentarán de nuevo en una segunda vuelta, que nadie sabe muy bien cómo va a acabar. De momento, Pestana está movilizando a los afiliados dispersos por Tenerife y Gran Canaria para que acudan a votar a la isla. Ya veremos qué ocurre.

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