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Juan Cruz Ruiz

EL REVÉS Y EL DERECHO

Juan Cruz Ruiz

Messi ya tiene quien le escriba

La capital del mundo del fútbol español ha dejado de ser Rosario, la tierra natal de Lionel Messi, y ahora es un pequeño pueblo de Tenerife, Tegueste, que tiene 11.203 habitantes y 26 kilómetros cuadrados. Aquí nació Pedri, un futbolista de diecinueve años que tiene admirados a los que aman el fútbol bien hecho. Dicen que juega como lo hacía Andrés Iniesta en el Barcelona, pero en realidad juega como Pedri, aunque está en la etapa en que son fértiles las comparaciones. Esta semana la selección nacional le ha otorgado el 10 en la camiseta, que es una manera de compararlo, por cierto, con Maradona, Luis Suárez o el propio Messi, estrellas mundiales a los que adorna en el presente y en la historia idéntico dorsal.

A Pedri lo entrena Xavi Hernández, que hace diez años fue, con Iniesta, el centro decisivo del campo en el que se hizo el héroe argentino que ahora pasa los prolegómenos de su retiro en el PSG de París después de sucumbir sin gloria en el escenario más peligroso de su vida, el Bernabeu del Real Madrid. Aquí, por cierto, hace una semana Pedri se hizo el rey del campo al frente de un ejército azulgrana que goleó a los madridistas como si hubiera resucitado el espíritu de Iniesta... y de Xavi.

Todo el mundo (Xavi también: Iniesta guarda silencio, él es el futbolista callado) está de acuerdo en que ahora exactamente nadie es mejor que Pedri en el Barça, y en todas partes (también entre los adversarios) dicen lo mismo, como si Pedri hubiera resucitado un efecto que no se da siempre en este deporte, el efecto de la unanimidad.

Pero donde no lo dicen, o lo dicen en público, es en este figón de Tegueste, la Taberna de Fernando, donde sirve comidas el padre de la criatura. Fernando es pura pasión azulgrana, tiene su establecimiento lleno de afiches en los que su hijo es el héroe. Hasta en las fotografías en las que no hace nada, Pedri parece driblar como lo hace en la realidad. Hasta cuando lo arrollan sonríe, y hasta cuando no está en los retratos parece andar entre las mesas, como cuando era un niño.

Al lado de los afiches que aluden al nieto está el abuelo Fernando, que murió hace años. Es el nutriente del amor barcelonista que se vive en esta familia y que halló su punto culminante cuando esta pasión fue premiada por el club invitando al viejo Fernando al estadio de Wembley para ver cómo el Barça, entonces de Ronald Koeman, ganaba la Copa de Europa en 1992.

Ahí está, en los retratos de aquel instante glorioso, el viejo Fernando con toda su familia, en la que aún faltaba Pedri, celebrando glorias que ahora parece que va a revalidar este muchacho que, en Barcelona, es ya un ídolo como lo fueron Cruyff, Iniesta o el tan añorado rosarino.

Nació muy pronto a la gloria. A los dieciséis años lo vio jugar el entrenador de juveniles de la Unión Deportiva Las Palmas, Ángel López, le habló de él al entrenador de los mayores, y éste, Pepe Mel, se convenció en seguida de que ahí había oro puro. Sus padres dijeron que sí, Pedri podía saltar el charco desde Tenerife. El resto es gloria pura, que me contó el periodista Diego Talavera, exdirector de La Provincia y él mismo una enciclopedia del fútbol. Según Diego, parece que Pedri «ya figuraba en las libretas de seda de los directores deportivos de poderosos equipos de España, Inglaterra, Italia, Alemania y Portugal, que no disimularon su interés por fichar a un jugador al que el talento de le caía de los bolsillos». La conducción del balón, los cambios de ritmo y la visión del juego «eran impropios de un chico de esa edad». Con el tiempo la gente ha llegado a ver que, en los campos, sonríe hasta cuando lo derriban. Es un héroe que también desdeña hacer de su desgracia un asunto.

El Barça llegó antes que los otros. Pepe Mel dijo al verlo jugar: «Pedri va a marcar una época en el fútbol español». Ahí está, Mel fue el profeta. Dice Diego, con el orgullo de ser uno de los que lo vio antes que viniera la gloria: «Esa frase del entrenador de la UD Las Palmas no sólo se basaba en las indudables condiciones de Pedri, sino en la humildad y madurez de la que hacía gala en su comportamiento diario, que él mismo resumió así: «En mi familia dicen que cuando se pierde la cabeza ya no queda jugador».

En su familia, como en el muchacho, la discreción es una forma de ser, en el campo y en la calle. Por allí estaba esta semana su hermano Fernando, que le ayuda en Barcelona, es su nutricionista principal. Como Pedri está con la selección nacional, el chico le dijo al padre: «Aquí estoy, el patrón me dio vacaciones». ¿Y qué dice el padre del patrón? Dice poco, los canarios de esta zona dicen poco. Le leí a Fernando, mientras paseaba por las mesas en las que ya había servido, por ejemplo, escaldón de gofio, qué pensaba de algunas frases que yo había recopilado sobre los valores de su hijo famoso. «Messi y Pedri constituyen una aleación inmortal». «Es el primer futbolista en años al que quiere todo el mundo, también los que no pueden ver al Barça». «Es un artista de la paciencia implacable». «Tiene goles como los de Butragueño». «Es un racionalista de la velocidad».

Fernando siguió la lectura mirando el papel en el que estaba escritas esas frases y al final le pregunté qué decía él mismo. Levantó los hombros, se quedó en silencio, y se fue a otras mesas. Ese gesto, en el lenguaje de esta parte del mundo, quiere decir «tienes razón, pero qué quieres que te diga». Aunque el tío de Pedri, José Luis, que sirve las mesas y que ejerce de humorista, vino luego con una tira de papel en la que había escrito en mayúsculas este retrato del sobrino: «La humildad/ la elegancia/ y la sencillez/ en un artista del balón/ Pedri sin más».

En los afiches de la pared del restaurante de Fernando se abrazan Pedri y Messi. Es un abrazo de calidades. Alejo Stivel, el argentino que triunfó en España con Tequila, vio a Messi saltar por primera vez al Camp Nou. «Y en unos minutos marcó un gol. No recuerdo dónde estaba yo cuando Pedri saltó al campo, pero al margen de ese detalle veo algunos paralelismos entre ellos dos… Los dos son unos grandes pintores. ¡No te rías! ¡No me he vuelto loco! En mi humilde percepción son pintores. Pintan líneas en el aire con la trayectoria de la pelota. También con sus movimientos de piernas, cuando quiebran el juego y dejan clavado al oponente o cuando cambian de ritmo y se frenan o aceleran. Es como cuando ves un cuadro de un pintor genial que te sorprende por las formas o los colores y te preguntas: ¿cómo se le ocurrió? A Pedri se le ve magia. Con esta hambre de gloria puede ser un digno heredero de Su Alteza Leo. ¡Por eso digo que son dos grandes pintores!»

¿Será Pedri como Messi? Será como Pedri. ¿Y como Iniesta? Será como Pedri. Será como a él le dé la gana, pero lo cierto es que ya el rosarino mundial tiene quien le escriba. Es ya una leyenda que viene de un pueblito que podía ser el escenario de las leyendas que contó Gabriel García Márquez.

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