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EL DESLIZ

Feijóo, del feminismo al autismo

Dice la sabiduría popular que quien mucho habla, mucho yerra. Obligado a irse de bolos por toda la piel de toro en una gira de emergencia, Alberto Núñez Feijóo se ha metido en un par de charcos que hacen que nos preguntemos si de verdad será el tipo solvente necesario para olvidar al insustancial y veleta Pablo Casado. Ya no resulta tan simple como hacer el gallego que no se sabe si sube o baja la escalera, estamos en la liga nacional. Discursos de aquí para allá, contundencia obligada, jet lag, pronunciamientos con falta de reflejos, los nervios en la antesala del resto de tu vida… O a lo mejor están sucios los filtros del aire acondicionado de la calle Génova (aún no se ha mudado el PP) y todo prócer que respira por sus despachos se convierte sin remedio en un émulo de la ultraderecha rampante. La obligación de epatar a no se sabe quién, pues no ha habido congreso más a la búlgara que este que encumbra al presidente de la Xunta, ha llevado a Feijóo a un par de salidas de tono decepcionantes. Suerte que entre la guerra, la pandemia, la ira nacional y que estamos a final de mes, andamos ocupados en otras cosas que no son el uso de la palabra de quien ha venido para frenar con su aura de moderación el avance del neofascismo patrio. Pero descalificar al Gobierno de Pedro Sánchez aplicándole el apelativo «autista» en plan despectivo, junto a otros como «déspota» o «irresponsable» hace que piten los oídos. El lenguaje políticamente incorrecto ha vuelto a lomos de los mulos de Vox. Será que se lleva ser personas sin filtros, o como las llamábamos antaño, desagradables. Pero no. Los tiempos han cambiado. Ya no se desprestigia ni se insulta al prójimo aludiendo a un trastorno o a una discapacidad no elegidos. Estamos en un presente mucho más evolucionado que todo eso. Inclusivo.

También la pifió Feijóo al pronunciarse sobre el concepto basura impuesto por sus socios ultras para pactar el Gobierno de Castilla León y desmerecer la lucha feminista. El negacionismo de la violencia de género no se entretiene en neologismos, de modo que ha resucitado la famosa «violencia intrafamiliar» que ni explica el problema ni lo describe, pero sí sirve de eufemismo para no decir «machista». Así lo han defendido de forma lamentable en la Junta de Andalucía también comandada por el PP. Los apóstoles del machismo están vigilando por el rabillo del ojo al sucesor de Casado. Pero la equidistancia no es posible en materia de feminicidios. Feijóo se hizo un lío con la violencia intrafamiliar, cajón de sastre donde metió la violencia vicaria (ejercida por el padre contra los hijos para dañar a la madre) y luego reculó en Twitter, para reafirmar su compromiso en la lucha contra la criminalidad machista. Qué necesidad de comprarle pescado podrido a la caverna, con lo cerca que tiene la cruda realidad. A tiro de piedra de su casa. Hace justo una semana, un hombre de Pontevedra empotró su coche contra el que conducía una mujer de 29 años a quien acosaba, matándola. Llevaba mucho tiempo enviándole mensajes, llamándola e insistiendo en tener una relación que ella no deseaba y a la que jamás dio pie. Le pinchó las ruedas del coche y la vigilaba, hasta que se la llevó por delante en un stop. Se la cargó. Ponerle palabras tibias a un asesinato así por tacticismo político es faltarles el respeto a la víctima y a la verdad.

@piligarces

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