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Francisco Pomares

La apuesta...

Tras producirse dos muertes por covid en la provincia nororiental de Jilin, las primeras desde enero de 2021, China ha decidido confinar a toda la población de la ciudad de Shangai durante nueve días, para someter a sus 25 millones de habitantes a pruebas para detectar el covid. Shangai sufre un brote que es, con menos de 375 contagios diarios, el mayor del país desde Wuhan, donde se produjeron los primeros casos de la enfermedad que llegó a provocar un total de 127.000 afectados por contagio y algo más de 4.600 muertes en China. Son cifras que –para un país de 1.400 millones de habitantes– parecen sospechosamente bajas, pero que han sido confirmadas por las organizaciones internacionales, incluyendo la OMS. El país donde nació el covid ha sido –de todos los grandes países del planeta– el que mejor lo enfrentó y logró reducirlo más rápido, aplicando lo que llamaron política de covid cero, una planificación de distintas estrategias basadas en un control radical de la enfermedad.

La cuestión es que coincidiendo con la adopción de este confinamiento masivo en China, la lucha contra la pandemia entra hoy en una nueva fase en toda España, después de que la mayoría de las regiones hayan adoptado medidas de reducción o desaparición de las restricciones que dependen de ellas. El Ministerio y las consejerías de Sanidad de las comunidades autónomas se pusieron de acuerdo el pasado martes en la Comisión de Salud Pública para que a partir de hoy dejen de realizarse pruebas diagnósticas a los casos sospechosos de coronavirus. A partir de hoy, solo se realizarán con carácter obligatorio en los casos graves, a personas vulnerables (mayores de 60 años, personas inmunodeprimidas y mujeres embarazadas) y en ámbitos donde sean más fáciles los contagios, como hospitales y centros sociosanitarios.

De acuerdo con las nuevas normas, las pruebas ya no se producirán en casos leves y asintomáticos (es difícil saber cómo se diagnosticarán esos casos asintomáticos en los que no se harán pruebas…) y, dado que no se producirá diagnóstico, pues tampoco se producirá el aislamiento o la baja laboral de los afectados, que habrán de actuar como si tuvieran una gripe, pero sin baja. Eso si, Sanidad recomienda que quienes crean que están contagiados teletrabajen, pero si esa opción no es posible y no hay diagnóstico (no lo habrá en casos no graves) que se acuda a trabajar normalmente y no se retire la mascarilla en ningún caso, si se está en contacto con otras personas, aunque sea al aire libre. Aunque no hay consenso entre los expertos, Sanidad considera que ya se ha superado la «fase aguda de la pandemia», dado que la mayor parte de la población está vacunada, y la actual letalidad es muy inferior a las olas anteriores.

Es cierto, pero la decisión es polémica, no cuenta con un consenso amplio, y de los países de nuestro entorno, solo Reino Unido ha adoptado medidas parecidas… Porque en realidad esta decisión no se sostiene en criterios estrictamente médicos, sino de política sanitaria y por economía. El Gobierno cree que no se deben dedicar más recursos para seguir asumiendo bajas laborales de personas que sufren una sintomatología leve. Y en política sanitaria se considera que ya es preciso librar a la atención primaria y los sistemas de salud pública de la presión que supone el covid. Hay que dejar de destinar al tratamiento y control de covid los recursos que antes se dedicaban a la atención de otras enfermedades.

La duda es si esta decisión de relajar la vigilancia y evitar los aislamientos –eminentemente política, como lo han sido otras medidas adoptadas previamente por las Autonomías– es la más adecuada en un momento en el que se ha estancado la reducción de casos de covid, surgen nuevas variantes más contagiosas, y se han vuelto a disparar los casos en otros países europeos.

Sanidad ha dicho que la decisión ha sido propuesta por los técnicos, pero nadie sabe por qué técnicos. De hecho, son muchos los expertos que se han manifestado en contra de la medida por considerar que se trata de una decisión peligrosa, o al menos prematura. Lo cierto es que esto de comenzar a recuperar la normalidad es solo una apuesta. Pero es imposible saber qué va a pasar. Ojalá acertemos. Y si al final resulta que esto es un error, ojalá el Gobierno sepa rectificar después.

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