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el recorte

Mensaje en una botella

Los grupos políticos del Parlamento de Canarias (que creció de sesenta a setenta diputados en esta legislatura y ha comprado un nuevo edificio para ampliar dependencias para sus señorías) han aprobado esta semana un par de centenares de lo que pomposamente denominan propuestas de resolución. Son como niños felices. Todos los años, después de cada Debate del Estado de la Nacionalidad canaria, se presentan no sé cuántas de esas propuestas. Se debaten muy seriamente en los plenos y se defienden ferozmente en la tribuna de oradores. Los partidos que gobiernan aprueban las suyas y un manojo de algunas de la oposición, para demostrar que la democracia funciona. Y la vida sigue. Si uno revisa las propuestas de los años anteriores podrá comprobar que la gran mayoría de ellas no han servido para nada. O no se han cumplido o, lo que es peor, ni se ha hecho el menor esfuerzo por hacerlo. Son como mensajes de buena voluntad que los diputados, diputadas y diputades ponen dentro de una costosísima botella institucional y lanzan a las olas del proceloso mar del tiempo, para que floten y se alejen para siempre. ¡Pardiez –digo, Parsetenta– qué romántico! ¡Y qué caro!

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