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TAL CUAL

La hipocresía del ecologismo de izquierdas

Está mal decirlo, pero parece que el conflicto de Ucrania está sirviendo para unos propósitos que, seguramente, al dictador y asesino de inocentes, Putin, no se le hubiera ocurrido cuando planificó la invasión de dicho país. Y es que parece como si Europa hubiera despertado de un sopor que la mantenía alejada de unos temas tan importantes –ahora se han dado cuenta de que eran importantes– tales como la defensa y la dependencia suicida de determinadas materias primas, como pueden ser el gas y el petróleo.

Europa lleva mucho tiempo claudicando ante los continuos desafíos del aprendiz de zar, el genocida Putin, el cual ha tomado la iniciativa y ha osado crear un nuevo escenario político. De tal forma que el nuevo mundo hacia el que vamos no tiene nada que ver con el que hemos dejado atrás. Europa se ha dado cuenta, tal vez demasiado tarde, que al renunciar –por un malentendido ecologismo verde, ideologizado por la izquierda radical– a determinadas energías de base, como la nuclear, la hidráulica o el gas, y haber optado por otras energías denominadas volátiles –estas más caras, y dependientes la mayoría de las veces del clima–, hemos optado por la, hasta ahora, cómoda dependencia energética.

Europa siempre creyó de manera ingenua, que, al comerciar con Rusia y China, estos países abrazarían el orden liberal, y adoptarían las normas de seguridad jurídicas que los países de occidente consideramos las más adecuadas. Y ahora, tras la invasión de Ucrania, vemos, comprobamos con terror, que el estado del bienestar y la libertad no son un derecho consolidado, ya que se puede perder en tan solo un instante. Vivíamos cómodos pensando que la energía barata iba a durar toda la vida. Y hemos pasado, en un periodo demasiado corto de tiempo, de pagar a 20 euros el megavatio-hora, a picos que han rondado los casi 900 euros. A esto nos está llevando la famosa transición verde. Porque el ecologismo se ha olvidado de que la energía, además de ser sostenible desde un punto de vista medioambiental, ha de ser capaz de asegurar el suministro, y, por supuesto, debe ser sostenible económicamente.

Ahora, el gobierno del viajero Pedro Sánchez, en vez de tomar medidas, recomienda que las tomemos los demás. Que no cojamos tanto el coche y que utilicemos la bicicleta, que no encendamos demasiado la calefacción, que no compremos ropa nueva y utilicemos la de segunda mano; no comprar aparatos nuevos, sino que los reparemos; que no viajemos tanto en avión –y lo dice él que vive instalado en el Falcón–; y, así, todas las ocurrencias que ustedes quieran. La realidad es que las empresas y las familias han tenido un poder de reacción ante esta crisis más rápido que el que hayan podido tener sus gobernantes.

Hay que repensar el futuro. No hay más remedio. Para ello nuestros gobernantes deberían echar mano de los expertos; dejarse aconsejar. Hará unos días, el Ilustre Colegio Oficial de Geólogos de España (ICOG), en su publicación Tierra y Tecnología, ha hecho público su lamento, en el sentido de que España –se refiere, claro está, a sus gobernantes– no ha sabido aprovechar la oportunidad de explorar y explotar los recursos energéticos de los que disponemos. Su potencial energético, sus recursos minerales… para reducir de alguna forma nuestra preocupante y manifiesta dependencia del exterior.

El ICOG ha llevado a cabo un estudio de estimación de recursos extraíbles de hidrocarburos no convencionales, es decir, aquellos que para extraerlos hay que utilizar la técnica de la fracturación hidráulica o fracking, absurda e incomprensiblemente prohibidos en España, pero que ellos consideran «un proceso industrial maduro, absolutamente viable, tanto técnica como económica y medioambientalmente, siempre que se respeten los principios de cautela y acción preventiva». Técnica que ha hecho que EEUU haya pasado en menos de 10 años de ser importador a ser el mayor exportador de petróleo del mundo. De hecho, estiman que en nuestro subsuelo solo en hidrocarburos no convencionales de gas natural podría haber unos 2.000 billones, con b, de m3 técnicamente recuperables; y que, en el 2014, se estimaba en unos 607.000 millones de euros de valor de mercado. Con respecto al petróleo, la estimación rondaba los 100 millones de barriles con un valor en torno a los 9.000 millones de euros.

Todo esto sin contar los otros minerales como el litio, el cobalto, el níquel o las tierras raras; pero que no se pueden extraer –a pesar de que en España la minería está controlada y perfectamente regulada– por la oposición de los fariseos ecologistas de izquierdas. Porque hay que ser hipócritas para abrazar un ecologismo localista, pero trasladar los supuestos inconvenientes a otras zonas o países, obviando que el problema ambiental es global; y lo que no queremos para nosotros, no deberíamos quererlo para los demás.

macost33@gmail.com

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