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Balas, y un plan para no usarlas

Queridos líderes europeos que hoy os reunís en mi barrio. Querido Pedro, querido Manu, querido Mario, estimados Olaf, Mateusz, Viktor y Alexander. Queridísimas Kaja, Sanna, Mette y Magdalena. Queridos todos:

Seguro que muchos de vosotros recordáis lo que es tener niños pequeños. Algunos tendréis el sueño ligero o mascotas que se despiertan a la mínima. Por eso perdonaréis que comience esta carta con una petición mundana y egoísta: decidles a los helicópteros que hagan menos ruido. Los del barrio hace semanas que no dormimos bien, algunos por miedo, otros intentando robarle horas al día para poner en marcha todas las decisiones que tomáis cada vez que venís por aquí. Creedme que lo hacemos con gusto. Somos un barrio trabajador de europeístas convencidos y horrorizados por la guerra de Putin. Pero lo de los helicópteros ya está llegando a límites insostenibles. Cada vez que venís, y en este mes han sido varias veces, mi hijo de 2 años se despierta a las seis de la mañana llorando. Creo que todavía no sabe lo que es un helicóptero y el ruido le aterroriza. O igual es más listo de lo que yo pienso y sabe muy bien que, a no ser que uno sea rico y viva en una mansión con helipuerto, el ruido de hélices al amanecer no suele presagiar nada bueno.

Pero a lo que iba. Perdonaréis, también, que os tutee. Al fin y al cabo, ya sois como de la familia, de tanto que nos vemos. ¿Os acordáis del Brexit y la pandemia? Ahí nos vimos mucho. Hay algunas caras nuevas. Otros, como Viktor y Mark, lleváis aquí tanto tiempo que casi hasta os echaré de menos si alguna vez os echan del gobierno de verdad. La verdad es que no os envidio. Vais de crisis en crisis y encima los vecinos os riñen por montar jaleo.

Vosotros, sin embargo, últimamente reñís poco. Y es de agradecer. Quién nos iba a decir que Putin haría más por la integración europea que el mismísimo Robert Schuman. Las decisiones que habéis tomado hasta ahora han sido rápidas y valientes. Habéis plantado cara al matón del patio del colegio de la única forma posible: todos a una y sin fisuras. La sorprendente y admirable resistencia ucrania no habría sido posible sin vosotros. O igual sí, pero hubiera sido menos eficaz.

Claro que cuando hablo de vosotros, en realidad estoy hablando de mí. Y del vecino de abajo que está redactando el artículo 7.2 de la nueva decisión sobre las sanciones europeas. También hablo de los tíos de mi amiga Ana, que viven en las montañas rumanas y de los padres de mi compañera de oficina que están en Milán. Bueno, ya me entendéis. Que hablo de todos los europeos, porque al final todas esas decisiones tan rápidas y tan valientes las habéis tomado porque sabéis que vuestros votantes, los ciudadanos, las habrían tomado también.

Pero ahora nos estáis liando un poco, y por eso os escribo esta carta. Nos habéis dicho que hay que subir el gasto de defensa, que nos tenemos que desvincular lo más rápido posible del gas y el petróleo ruso y que Europa acogerá hasta a nueve millones de refugiados ucranios. Yo creo que todo eso nos parece bien. Vamos, que no lo he hablado con todos y cada uno de los 500 millones de europeos, pero parece que bien, que no hay problema. Lo que creo que no nos estáis explicando bien es de dónde va a salir el dinero para, simultáneamente, bajar impuestos a la energía, apoyar una transición energética que va a ser más brutal y menos distributiva de lo que pensábamos e integrar a un montón de gente nueva. Tampoco nos estáis explicando muy bien cuál es la relación coste-beneficio de las sanciones y por qué estamos luchando de verdad (yo creo que es por la libertad, y no solo por la de Ucrania, que ya sería bastante).

Los del barrio y los tíos de Ana y los demás no entienden tampoco por qué seguimos comprándole gas a Putin y si ahora encima le vamos a pagar por él en rublos. Tampoco si hay una relación directa entre los tanques arrasando Mariúpol y la escasez de leche o papel higiénico. A medida que la guerra se alarga, nosotros, los europeos, vamos entendiendo cada vez menos. Y ya sabéis vosotros lo peligroso que es eso: sin apoyo social, no hay unidad europea. Sin unidad europea, esta guerra la gana Putin.

Yo sospecho que vosotros, que no sois infalibles, estáis también un poco confundidos. Por eso creo que necesitamos un plan. Resulta que esta guerra va a durar más de lo que pensábamos, y eso nos va a hacer a todos más pobres. Que va a requerir sacrificios. De todos. ¿Os suena de algo? Es 2020, repetido. Yo creo que es hora de que salgáis todos a una, sin miedo a tratarnos como lo que somos, votantes capaces de entender y asumir las cosas. Por ejemplo, después de la cumbre de estos días, cuando os vayáis de mi barrio cada uno a su casa, podríais hablarnos desde la tele, como hacíais en la pandemia. Os doy, gratis, un eslogan pegadizo, parafraseando a Zelenski: «Necesitamos balas. Y un plan para no usarlas».

Atentamente, Camino M. Bruselas.

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