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Tribuna abierta

De Copenhague al cielo

Veinticinco años han pasado ya. Un cuarto de siglo hoy, desde aquel 18 de marzo de 1997 en que el CD Tenerife logró acceder a las semifinales de la Copa UEFA 1996-97 tras ganar, 0-2, al Bröndby IF en Copenhague.

Y eso que veníamos de un 0-1 en el Heliodoro porque los daneses, un equipo potente, nos ganó con un gol de Sand en el minuto 30, al que siguió una defensa a ultranza del resultado que impidió el empate.

Pero al frente del equipo estaba un tipo muy serio que no estaba dispuesto a arrojar la toalla. Jupp Heynckes, con su segundo, Ewald Lienen, prepararon con mimo aquel partido junto sabiendo que tenían a un grupo de jugadores muy comprometidos y dispuestos a hacer historia. Bastaba con ver y escuchar a los jugadores en aquel viaje. Sabían que era difícil, pero también sabían que eran mejores que ellos y que solamente faltaba la suerte que no tuvieron en la ida. Jupp intentaba transmitir máxima concentración y responsabilidad como se vio en el entrenamiento del día antes en el escenario del partido. Ese día me percaté que los jugadores estaban como motos. Querían jugar ya.

Pero había que esperar 24 horas y recuerdo que me encontraba sorprendido por el invierno danés, con mucho frío, especialmente de noche, y la salida y puesta del sol que, al estar Dinamarca al norte de Europa, le genera un fenómeno que tiene que ver con la duración de los días. Amanecía pasadas las cinco de la madrugada y el sol se ponía aproximadamente a las 15:30. Entre el mucho trabajo que tuve allí y los nervios previos al partido, casi no pude conciliar el sueño.

La noche antes hubo cena oficial, que marca el protocolo UEFA. Tal y como hizo el CD Tenerife en la ida con la delegación danesa, el Bröndby nos agasajó con una cena exquisita en una embarcación atracada en un canal de Copenhague. Me sorprendió mucho el escenario elegido y el vino, Vega Sicilia, con el que decidieron regar la cena en señal de gratitud por la hospitalidad recibida en la Isla. En aquella reunión, el presidente en funciones fue el fallecido Adelardo de la Calle, al que acompañamos los consejeros, Marino Santana, Eugenio Ibáñez, Juan Amador, Conrado González y el también fallecido, José Antonio Morales, junto a la traductora, Marlene Buysse, y quien suscribe este artículo en mi condición de relaciones externas de la entidad.

El día del partido, aquellas horas previas eran agotadoras por la falta de sueño y porque deseábamos que se jugara ya. Aficionados tinerfeños presentes en la ciudad, arropaban al equipo en el momento en que salimos del hotel rumbo al Parken. Esos mismos aficionados habían visitado antes el paseo de la costa Langelinie, en la bahía del Puerto de Copenhague, entre otros lugares, y habían colocado al monumento de La Sirenita una bufanda del Tenerife.

De Copenhague al cielo

En el trayecto al hotel, atascos monumentales en las calles de Copenhague que nos hizo temer que llegaríamos tarde pese a que la policía danesa escoltaba el autocar del CD Tenerife, pero no hacia grandes esfuerzos por abrir paso para superar aquel atasco. El ambiente en el entorno del Parken era tremendo, con miles de personas ataviadas con la camiseta del Bröndby que animaban las calles y llenaban los comercios cercanos.

Llegamos por fin, entramos a vestuarios y pisamos el césped que estaba fantástico.

Los jugadores miraban a las gradas que aún estaban semivacías y que, después, cuando el equipo salió a calentar, estaban repletas y con un ambiente ensordecedor. Todo el mundo de amarillo, todos con el Bröndby, al que chafamos la fiesta. Y eso que los directivos se las prometían felices la noche anterior en la cena oficial. Nunca imaginaría que, tras ganarnos en la ida, fuéramos capaces de eliminarlos.

Aún quedaba una sorpresa cuando el utillero nos dice que se había dejado las espinilleras en el hotel. Organizamos un improvisado «comité de crisis» cuyo principal objetivo era que localizáramos un juego de espinilleras para cada jugador y, esencialmente, que Jupp Heynckes no se enterara de aquel imprevisto. Entre Ewald Lienen, el doctor Carlos García, los jugadores Felipe y Conte, que no podían jugar, y yo, diseñamos un plan: como la ciudad estaba atascada y el hotel quedaba muy lejos, intentamos que el equipo local nos prestara espinilleras, pero sorprendentemente nos dijeron que no tenían. ¿Por qué?… Pues porque la UEFA te eliminaba si los jugadores no llevaban espinilleras. Conte y Felipe fueron a tiendas de deportes cercanas y resulta que tampoco había espinilleras suficientes ni válidas. No nos lo podíamos creer y de hecho yo no quise creerlo; y en medio de aquella depresión le dije al utillero que me siguiera y salimos corriendo a la calle. Estaba abarrotada de aficionados y no había tráfico al estar las calles cortadas. Me empeñé en buscar un coche y, a lo lejos, vi aparecer un taxi que traía a unos aficionados. Me tiré literalmente sobre el capó y le pedí que me atendiera por favor. El hombre decía no y no y no, a lo que yo le planteaba ir a toda velocidad al hotel con el utillero, recoger los bolsos con espinilleras y venir de nuevo al Estadio. Me decía que era imposible por los atascos y yo le respondía que imposible no podía ser sin intentarlo. Le ofrecí más del doble de lo que marcara el taxímetro si era capaz de hacerlo en un tiempo récord y llegar antes del partido para cuyo comienzo faltaba poco más de una hora.

Los jugadores ya estaban equipados, Jupp había dado las últimas consignas y se disponían a saltar al terreno de juego sin espinilleras. En eso llegamos corriendo, empapados en sudor el utillero y yo… Los futbolistas acabaron colocándose las espinilleras en la misma fila que formaban para saltar al terreno de juego. Yo estaba al borde del desmayo. Nos abrazábamos como si ya hubiéramos ganado sin empezar el partido, mientras veíamos y escuchábamos a los responsables del Bröndby, sorprendidos al ver que sí, que los jugadores ya tenían sus espinilleras.

Comenzó el partido en aquel infierno de estadio con un rugido permanente de una afición entregada. Pero los nuestros no se arrugaron y fueron a por ellos en la gélida noche danesa.

Ojeda; Ballesteros, Julio Llorente, Antonio Mata, Motaung, Chano, Jokanovic, Vivar Dorado (Pablo Paz, 91’), Neuville (Kodro, 86’), Pinilla y Juanele (Alexis, 119’) fueron los jugadores que utilizó Jupp Heynckes en aquel partido. Ya en el minuto 21 habíamos igualado la eliminatoria cuando una genialidad de Juanele, fue culminada por Pinilla de manera brillante. El destino nos debía algo y aguantamos el acoso danés hasta el final. Llegó la prórroga y no se movía el marcador. Cuando todo parecía encaminado a los penaltis, el Bröndby cometió una falta en la frontal del área. Allí estaban Jokanovic y Mata, mirando qué hacer. Faltaban dos minutos para acabar la prórroga. Mata tocó en corto sobre Joka, que pisó el balón y lo dejó parado para que el propio Mata enviara un derechazo con efecto para la eternidad. Nunca olvidaré aquella noche y aquel viaje a Copenhague.

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