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Isidoro Sánchez

Febrero loco

Tengo que reconocer que el mes de febrero siempre ha sido un mes muy raro incluso loco en algunas ocasiones. Antes y ahora, en la transición del invierno a la primavera pero con fechas que me resultan muy llamativas y significativas a nivel personal. Comenzaré por el febrero de 1976, hace cuarenta y seis años de cuando España le regaló a Marruecos y a Mauritania el territorio del Sahara occidental, flamante provincia española hasta entonces y que había sido objeto de reparto físico derivado del Acuerdo Tripartito de Madrid el 14 de noviembre de 1975, después de la Marcha Verde promovida por el reino de Marruecos en tierras del Sahara. Una verdadera invasión militar tolerada por el desgobierno de España siendo el jefe de estado accidental Juan Carlos de Borbón, uno de los vértices del triángulo político diseñado con el rey marroquí Hassan II y el secretario de los Estados Unidos de América, Henry Kissinger, como bien lo señala el profesor de la Universidad de La Laguna Domingo Gari en su reciente libro sobre los Estados Unidos en la guerra del Sahara Occidental. El periódico canario EL DÍA lo recordó también el pasado 26 de febrero por ser la fecha de 1976 en la que la Legión española abandonó el Sahara por el sur y partió rumbo a Fuerteventura según me contó un legionario. Ello sirvió de justificación para que el Frente Polisario proclamase al día siguiente, en Argelia, su país de acogida, la constitución de la denominada República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Todas estas incidencias vividas entonces nos animaron a muchos de los jóvenes canarios a participar entonces en la vida política que se estaba conformando en España, y en Canarias de manera particular, por la muerte de Franco. Quince años más tarde, en 1981, ya habíamos sido electo concejal del ayuntamiento de La Orotava y nos tocó vivir el 23-F el golpe de estado que tuvo lugar en el Congreso de Diputados en Madrid cuando Tejero quería cargarse la democracia de la Transición española. Ya he contado en otros momentos y lugares la incertidumbre política que nos tocó afrontar con la Casa Real por la Medalla de Oro de La Orotava al rey Juan Carlos como jefe del estado.

Creo recordar que en febrero de 2020 había llegado a occidente la pandemia de la Covid-19 procedente de China. Nuestra familia había decidido volar a los Estados Unidos aprovechando mis reuniones en Miami acerca del documental sobre el Sahara, con el amigo y director cubano, el periodista Luis Leonel León. Uno de mis hijos pudo salir desde Madrid a Miami en el último vuelo de Iberia, ya que se suspendieron durante días los viajes hacia América. Desgraciadamente en Canarias prevaleció el fuego por culpa del viento y la calima y se generó un caos social en algunas de las islas.

Recientemente, ya en febrero de 2022, conocimos la última incidencia del nuevo orden internacional que nos está caracterizando. Fue hace días, el 24 de febrero, como consecuencia de una locura política del presidente de la Federación Rusa, que ordenó un ataque incomprensible a Ucrania. De Vladimir Putin contra Volodimir Zelensky, el espía contra el cómico, aunque en realidad ordenó una invasión bélica, saltándose los acuerdos internacionales adoptados después de la segunda guerra mundial. En palabras de la actual ministra de Defensa del gobierno español, Margarita Robles, se trata de la vulneración del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas de la que forma parte Rusia. El 27 de febrero pasado, fue entrevistada por periódicos españoles y ratificó en todos ellos que en su opinión se trata de un ataque a la integridad territorial y a la soberanía de un Estado ya que se está bombardeando a una población inocente. Entiende desde su óptica jurídica que Putin no puede y no debe quedar impune e incluso debería comparecer ante la justicia internacional. A pesar de las acciones diplomáticas de diferentes políticos con Putin, el líder ruso incumplió su palabra y mintió a la hora de decir que no iba a ordenar la invasión de Ucrania, por lo que no es de extrañar el rechazo mundial a esta operación bélica, un disparate y una deslealtad absoluta con todo un proceso de diálogo con la Unión Europea y con la OTAN.

«No a la guerra» es el mensaje que se firma en las redes sociales de todo el planeta, ya que el mundo lo que necesita es paz. Todo lo contrario de esa guerra que pretende llevar a cabo este personaje que está siendo calificado ya por parte de su pueblo como un auténtico disparatado. En la tarde del sábado 26 tuve la oportunidad de presentar en mi Villa natal un acto cultural y me permití la licencia política de manifestar públicamente mi oposición a la guerra de Putin contra Ucrania. De un personaje del mundo del espionaje político nacido en San Petersburgo, mi ciudad favorita de la Rusia democrática por sus relaciones con el paisano don Agustín Betancourt, el ingeniero canario de vías y comunicaciones que modernizó la Rusia del siglo XIX y sirvió de inspiración a políticos como Gorbachov cuando la perestroika en 1985. Les recomiendo que escuchen el vídeo grabado sobre el escritor uruguayo Eduardo Galeano y sus referencias a las guerras, así como el mensaje que envió el presidente de Ucrania a Putin y a la sociedad rusa en general. ¡Está claro que este febrero está loco!

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