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Cócteles para Putin, invita Molotov

Desde el pasado 24 de febrero seguimos atónitos las noticias que nos llegan de Ucrania. Por más que el Gobierno de Estados Unidos advirtiera del peligro real de una invasión rusa, nadie parecía querer creerlo porque, aunque cada vez es más difuso en la memoria del tiempo, el recuerdo del expansionismo nazi y la Segunda Guerra Mundial todavía está bastante vivo. De hecho, estos días se han hecho comparaciones entre Adolf Hitler y Vladimir Putin, porque el alemán empezó sus acciones militares en 1938 con total impunidad frente a la inoperancia de la comunidad internacional que no supo cómo reaccionar. A partir de ese momento, la sombra de la esvástica se fue extendiendo por el centro del Viejo Continente. Primero llegó a Austria, y después a las regiones checoslovacas de Bohemia y Moravia con la toma de los Sudetes.

Molotov firma el pacto de no agresión de la URSS y Alemania.

Al ver que nadie le paraba los pies, el líder nazi siguió ejecutando su plan e invadió Polonia aprovechando el famoso acuerdo de no agresión que firmó con la URSS y que popularmente es conocido como el Molotov-Ribbentrop. Aquel tratado incluía una cláusula secreta, donde ambos países pactaron cómo repartirse sus respectivas áreas de influencia en la Europa del Este.

Por eso, en 1939 Moscú lanzó una ofensiva para ocupar Finlandia. Molotov, que era el ministro de Asuntos Exteriores de Stalin, lo negó públicamente y, con todo el cinismo del mundo, declaró que no se bombardeaba el territorio escandinavo sino que se les estaba lanzando ayuda humanitaria. La respuesta del Ejército finlandés no se hizo esperar y creó unas bombas incendiarias que llamaron cóctel molotov «para acompañar la comida que nos manda».

Este pequeño artefacto, hecho con una botella de cristal, llena de una mezcla de petróleo, queroseno y otros productos inflamables, y con una mecha para encender el contenido, fue un arma fundamental para repeler la invasión soviética gracias a la inteligencia táctica de los defensores, que supieron aprovechar las debilidades del enemigo. Los finlandeses dejaban avanzar las columnas de tanques y grupos de infantería dentro de su territorio pero haciéndoles pasar por unas rutas escogidas previamente. Entonces grupos de hombres les asaltaban utilizando armas cortas y cócteles molotov. Los tanques de esa época tenían muchos ángulos muertos y, además, el depósito de combustible no estaba bien protegido. Solo se trataba de tener suficiente puntería para que la botella se rompiera en ese punto.

Entre el 30 de noviembre de 1939 y marzo de 1940, la URSS intentó hacerse con el control de ese pequeño país pero no lo logró y sufrió numerosas pérdidas. Se calcula que murieron alrededor de 160.000 soldados del Ejército Rojo por 25.000 finlandeses. Aunque para poner punto final al conflicto, ambos países firmaron un acuerdo que satisfacía los intereses de Moscú, la reputación internacional de las fuerzas armadas de la Unión Soviética quedó muy afectada. Tanto es así que se considera que esto fue un episodio clave para que Hitler se acabara de decidir a iniciar la invasión para hacerse con el control de Moscú. Estaba convencido de que si Helsinki había sido capaz de organizar una defensa tan efectiva de su territorio, las tropas del Tercer Reich no tendrían dificultad alguna para plantarse en la capital rusa y someter a Stalin. Lo que no contaba es que la URSS ya había previsto ese movimiento alemán y se había estado preparando para una posible incursión nazi. Y al igual que el presidente soviético contaba con que conquistar Finlandia sería un paseo militar pero fracasó estrepitosamente, a Hitler le pasó tres cuartos de lo mismo cuando puso rumbo al este.

Es muy diferente hacer una guerra para invadir un territorio que luchar por defender tu casa. Lo estamos viendo en pleno siglo XXI. El pueblo ucraniano sabe qué ocurrió en Finlandia y cómo sus ciudadanos lucharon con uñas y dientes para detener la invasión de Stalin. No es extraño pues que el Gobierno del presidente Volodímir Zelenski haya pedido a los habitantes del país que, para detener la invasión de las tropas rusas, preparen cócteles para Putin al estilo Molotov.

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