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Tengo una fascinación clara por los personajes secundarios. Ahí están en el escaparate Casado y Ayuso pero por detrás, optando al mejor papel de reparto, brillante o melón, melón o brillante, pugnan Miguel Ángel Rodríguez o Carromero. Carromero suena a colega, a tipo noblote con el que has jugado al fútbol, fumado un petardo e ido de birras en el barrio. Carromero, qué pasa, Carromero, hazme un informe, Carromero es el compi de oficina que lunes por la mañana ya te está advirtiendo de que el jueves habrá que ir a atizarse un cóctel. Y lo dice así, mezclando un verbo vulgar, atizar, con algo sofisticado, cóctel. Igual que podría decir ingerir un cubata.

Carromero está en todo y parece que no se entera de nada y siempre está acompañado de la soledad y la polémica. Carromero tenía un despacho de fontanero mayor de Almeida, que es un señor con goteras. Almeida tiene cañerías rotas y por eso necesita al fontanero Ángel Carromero, que era el coordinador general de alcaldía. Lo acusan de contratar espías para vigilar a la familia de Ayuso, pero sea cierto o no, lo han escogido de víctima propiciatoria y lo han obligado a dimitir. Carromero anda fané y descangallado, sin sueldo pero tiene lo más importante que se puede tener en política: ser amigo del jefe. Lo malo es que el jefe, Casado, es jefe hasta ahora, es jefe cuestionado, chuleado, asetado y cansado. Cuestionado. Miguel Ángel Rodríguez era un periodista de Valladolid que en vez de ver pasar el Pisuerga vio pasar a Aznar, cubrió una de sus campañas y se quedó junto a él. Después de ser el vocero de los gobiernos aznaricos se dio a la empresa privada, ganó dinero y estudió para gurú. Ahora dicen que mueve los hilos de Ayuso, que traza sus estrategias y escribe sus intervenciones. Rodríguez acabará mal con Ayuso porque nadie que llega a la cima de su ambición escala la montaña con aquellos con los que comenzó en la base. La frase nos ha quedado un poco larga pero usted sabe lo que queremos decir. El buen líder no quiere testigos de su mediocridad. Entretanto, Rodríguez se fuma un puro por cada disgusto que le da a los de Génova. No quiere vengarse de nadie, quiere brillar él. Ayuso sigue atacando porque Rodríguez le diseña un conflicto y el conflicto vende. Rodríguez, ponme un conflicto, que hace una hora que no salgo en las redes. Ayuso aparenta normalidad, este lunes se fue a inaugurar una biblioteca, pero en vez de hablar de libros dijo que el casadismo se emplea con ella «maliciosamente». Los adjetivos terminados en mente lastran el texto. Y caben mal en un titular. No se tome como baja forma de Rodríguez, por mucho que todo esto, sí, vaya a acabar malamente.

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