Suscríbete

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Observatorio

Cristina Manzano

Combatir la impotencia

Combatir la impotencia 3D illustration. Red pin intimidating the blue pin. Bullying concept or harassment on the workplace.

Munich en vísperas de una guerra, la película de Christian Schwochow (2021), recrea la reunión de los líderes europeos en la capital bávara para intentar evitar la invasión nazi de Checoslovaquia. El resultado es bien conocido: se acordó la cesión de los Sudetes a Alemania para aplacar el apetito expansionista de Hitler –camuflado de agravios históricos–, pero solo logró retrasar una guerra que comenzaría, abiertamente, seis meses después.

Trama de ficción aparte, la cinta se centra en el papel de Arthur Neville Chamberlain, entonces primer ministro británico. El deseo de preservar la paz por encima de todo, una fe ciega en el poder de los principios y los valores, cierta superioridad moral, cierta ingenuidad, o bisoñez, o dejadez, o desidia; con su pasividad, involuntariamente, Gran Bretaña y Francia allanaron el camino para la guerra.

Suena todo tremendamente familiar estos días, aunque la situación es muy diferente a la de 1938. En cualquier caso, es de esperar que aquel acontecimiento sirva de lección a los líderes actuales. Porque si Occidente no responde contundentemente al reconocimiento por parte de Rusia de la independencia de las regiones separatistas ucranianas de Donetsk y Lugansk, en el Donbás, y el consiguiente envío de tropas, Vladímir Putin dará por sentado que tiene el camino expedito para invadir el resto de Ucrania.

Halcón, macarra de patio de colegio, matón de barrio… son algunos de los calificativos que ha recibido el líder ruso por su desdeño de la legalidad y su manipulación de la historia. Ya salió (casi) indemne de su incursión en Georgia y, sobre todo, de la anexión de Crimea.

Los aliados occidentales deben encontrar el modo de combatir la impotencia que supone lidiar con mandatarios que deciden saltarse todas las normas internacionales, después de haber gozado durante décadas de una estabilidad que ya se daba por sentada. Tras semanas de amenazas con acciones firmes, llega la hora de la verdad.

La primera en dar el paso ha sido Alemania. El anuncio del canciller Olaf Scholz de la paralización de la aprobación del gasoducto Nord Stream 2 es una buena noticia en este contexto. Parecía que Berlín podría mostrarse tibio en su respuesta a Rusia. En el pasado, prevalecía una tradicional búsqueda de compromisos por parte de Angela Merkel. En el presente, la duda estaba en las diferentes sensibilidades dentro del nuevo Gobierno alemán. El peso económico y energético de las relaciones germano-rusas justificarían cualquier reticencia. Y, sin embargo, Scholz ha decidido mostrar firmeza en su rechazo.

La Unión Europea ha presentado también ya su paquete de medidas. Comisión y Consejo se congratulan de las determinación y unidad de los estados miembros, en coordinación con sus aliados internacionales. También de la rapidez en reaccionar. Los escenarios llevan tiempo trazados, con lo que no habría ahí excusa.

El paquete preparado va contra quienes están involucrados en la toma de decisiones y los bancos que financian tanto al Ejército como otras operaciones en aquellos territorios y pretenden limitar el acceso del Gobierno ruso a los mercados de capitales y financieros de la Unión, así como el comercio con las regiones afectadas.

Menos contundentes de lo que podrían haber sido, pero es necesario calibrar muy bien ahora la intensidad y las fases de las sanciones, para poder incrementar la presión según avance el conflicto. En el momento de escribir estas líneas Washington aún no ha anunciado las suyas, pero irán en esa misma línea.

Habrá que ver el efecto real de todas estas medidas –y de las que llegarán, en caso de agravarse el conflicto, que se agravará– sobre la economía, la sociedad y la política rusas. El Kremlin suele ser muy sensible a las sanciones dirigidas contra el círculo íntimo del presidente; aquellas que, además de perjudicarles económicamente, les impiden disfrutar de sus propiedades o llevar a sus hijos a los mejores colegios del Reino Unido, por ejemplo.

Putin y los suyos actúan ahora como si ya dieran todo eso por descontado. Pero la firmeza y la unidad son las principales armas de los países democráticos para luchar contra la impunidad de los matones de patio de colegio que llegan a dirigir estados.

Compartir el artículo

stats