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El hombre que filmó Iwo Jima

Tal día como hoy se tomó una de las fotos más famosas de la Segunda Guerra Mundial, un instante congelado en el tiempo en medio de una durísima campaña que acabaría convirtiéndose en un símbolo para el Ejército de EEUU. 

Hay pocas imágenes de guerra tan icónicas como la que se hizo hace 77 años en la isla japonesa de Iwo Jima. El 23 de febrero de 1945, el fotógrafo de la Associated Press Joe Rosenthal captó el momento en que un grupo de marines alzaban la bandera de Estados Unidos en el monte Suribachi, el punto más elevado de ese pedazo de tierra en medio del océano Pacífico. Un minúsculo fragmento de tierra cuya conquista era de vital importancia para asegurar el avance contra el Ejército del país del sol naciente.

Rosenthal siempre explicó que logró la instantánea de casualidad, porque no tuvo tiempo ni de mirar el visor para encuadrar antes de disparar. En aquellos tiempos analógicos en los que había que revelar la película, pasaron unos días hasta que no pudo apreciarse la fuerza visual de lo inmortalizado. En cuanto se publicó, la foto llegó a todos los rincones. Se convirtió en la metáfora que evocaba el esfuerzo colectivo que estaban haciendo los soldados aliados en aquella guerra que parecía que no iba a terminar nunca.

La foto de Iwo Jima y sus protagonistas han hecho correr ríos de tinta y de todo aquello se ha contado casi todo. Lo que más impacta es que de los seis hombres que aparecen en la imagen, tres murieron en combate pocos días después; y que uno de los supervivientes, llamado Harold Schultz, nunca quiso reclamar que había formado parte de ese episodio cuando sus superiores se equivocaron e identificaron erróneamente a un compañero suyo en vez de a él. De hecho, Schultz murió en 1995 sin explicarle a nadie que era uno de los que ayudó a levantar la bandera.

Lo que no se ha explicado tanto es por qué tenemos esa foto y tantas otras imágenes de la Segunda Guerra Mundial. Cuando estalló el conflicto era el momento de eclosión de los grandes medios de comunicación de masas modernos. Antes del conflicto, las grandes marcas ya les habían sabido sacar rédito económico a través de la publicidad, y cuando el mundo entró en guerra fueron los estados quienes empezaron a utilizarlos para sus campañas de propaganda. Por eso, además de aceptar fotógrafos de agencias (como Joe Rosenthal), los marines también crearon unos batallones de cámaras. No hacía falta que tuvieran experiencia, porque el propio cuerpo los formaba. Quedaban integrados en el escalafón militar y recibían instrucción como el resto de soldados, pero en vez de llevar armas empuñaban aparatos de fotografía. La finalidad de las imágenes que conseguían era nutrir las noticias de prensa, los anuncios del Ejército y todo lo que conviniera. Un pequeño grupo, además, fue adiestrado en el uso de cámaras de cine de 16 milímetros. Su metraje servía para editar informativos que se proyectaban en las salas de todo el país con el propósito de explicar las proezas de los compatriotas que luchaban en el frente.

Estos soldados del audiovisual acompañaban a las unidades de combate y también ponían su vida en riesgo. Hasta el punto de que muchos de ellos murieron. Este fue el caso el sargento Bill Genaust, que estaba junto a Rosenthal filmando la escena de la bandera con una película en color que durante años quedó olvidada. Su objetivo captó todo el proceso de preparación para hacer ondear la enseña americana en aquel islote del Pacífico. Gracias a él se puede ver con más detalle al resto de hombres que acompañaban a los seis soldados que se hicieron famosos.

Genaust murió solo nueve días después de aquel episodio en la propia Iwo Jima, víctima de una emboscada de los japoneses en unas cuevas de las colinas de la zona norte de la isla. El cámara cayó abatido al ser ametrallado, junto a otros marines. Los restos de esos hombres nunca pudieron recuperarse. Quedaron sepultados bajo el desprendimiento de rocas provocado por las explosiones de las granadas americanas lanzadas para eliminar a los atacantes.

Finalmente, el 26 de marzo de 1945, las tropas de EEUU consiguieron hacerse con el control de aquellos miserables 21 kilómetros cuadrados por los que murieron 25.000 hombres entre los dos bandos, en una batalla clave para la recta final de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.

El islote

Primera defensa de Japón

A pesar de ser un islote muy pequeño, Iwo Jima era un enclave vital para asegurar la progresión de los aliados y derrotar al Ejército imperial japonés. La aviación nipona había construido una base aérea que servía de plataforma logística en aquella zona del Pacífico, que al mismo tiempo les era útil como primera defensa de Japón en caso de un intento de invasión.

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