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Isidoro Sánchez

Amor y Amistad en el Caribe

Dicen que el 14 de febrero, Día de San Valentín, es el Día del Amor y la Amistad pero por lo que me contaron online ese día unos amigos desde Cuba y Venezuela, la cosa no está clara. Todo lo contrario, deja mucho que desear, desamor y desamistad. Este Caribe es tremendo y tiene sorpresas desagradables. Quienes me escribieron son personas de mi total y absoluta confianza que conocí en los momentos difíciles que han vivido ambas repúblicas caribeñas, años ha, en el siglo pasado. Tanto en Cuba como en Venezuela y ambas de origen canario.

Primero, de madrugada el amigo cubano me escribió un mensaje desagradable sobre un caso concreto de un joven paisano suyo que se vio obligado a exiliarse en la península ibérica por culpa de la información periodística. Unas horas más tarde recibo un email de un amigo diplomático venezolano, ya jubilado, que me habló acerca de una barbaridad humana en la isla caribeña de Trinidad. Unos guardacostas de dicha isla habían disparado a un niño balsero que intentaba migrar con su familia a las islas de Trinidad y Tobago para escapar del caos político y social en la Venezuela bolivariana generado por el gobierno. El niño no era ningún sospechoso ni su familia de participar en la fiesta antiecológica celebrada en uno de los Tepuy del parque nacional de Canaima, un notable espacio natural protegido hace décadas a mitad del siglo pasado y también incluido en la Lista de Bienes Naturales del Patrimonio Mundial por la Unesco. El niño solo quería llegar en una balsa y con su familia a un mundo mejor que esperaban encontrar en las islas de Trinidad y Tobago, a escasos kilómetros de su Venezuela natal.

Lo sucedido en Cuba tiene que ver con un periodista cubano, Abraham Jiménez Enoa, que en enero pasado se vino a Europa y se ha quedado de momento en el norte de España. Aseguró a colegas suramericanos que más allá de que en Cuba haya una dictadura, el país está sumido en la pobreza, la escasez y la hambruna hasta el punto de afirmar, entre otras cuestiones, que comer un huevo en Cuba es un lujo. Este periodista estaba incluido en la categoría migratoria de regulados, donde se incluyen aquellas personas que por sus actividades políticas se les prohíbe salir del país.

Resalto el caso de Trinidad-Tobago en segundo lugar porque se trata del homicidio de un niño, de un balserito venezolano, Yaelvis, en aguas de Trinidad y Tobago. Tenía 18 meses y junto con otro hermano y sus padres intentaban alcanzar tierras trinitarias para escapar del hambre y conseguir para la madre un trabajo con una mensualidad superior a los 4 dólares en el mundo del magisterio. El niño murió por culpa de una bala que le alcanzó la cabeza y había sido disparada desde un guardacostas trinitario contra un bote de migrantes inermes procedentes de las costas de Venezuela. Una acción espantosa que condenó la ACNUR y otras organizaciones de la ONU para defensa de los refugiados. El gobierno de Trinidad y Tobago lo consideró oficialmente como «acción legal y apropiada» y el régimen venezolano se limitó a solicitar que se abriese una investigación. Curiosamente los sobrevivientes del desastre humano fueron deportados por lo que no habrá testigos para la supuesta investigación. El cronista venezolano que escribió acerca de este horrendo crimen a un niño migrante recordó en su artículo que este triste episodio ha puesto de relieve muchas cosas como amistades entre bandas de gobernantes y atrocidades contra migrantes venezolanos ya que en noviembre del año 2020 el jerarca trinitario, contraviniendo la orden de un tribunal de Trinidad y Tobago, ordenó devolver al mar, en condiciones precarias de navegación, a 16 jóvenes y niños migrantes venezolanos, los cuales afortunadamente fueron rescatados. En ambos casos el silencio del oficialismo venezolano fue brutal.

Como podrán comprobar el amor y la amistad en el Caribe ha dejado mucho que desear particularmente en Cuba, Venezuela y Trinidad–Tobago. Sigo pensando que este mundo en el que vivimos está revuelto y que el orden internacional del siglo XXI entre Guerras Frías y Migraciones es muy preocupante. El día de mañana los historiadores lo tendrán en cuenta pero también coincido con algunos relatores que una persona deja de existir cuando es olvidada. Espero que eso no suceda con el balserito venezolano Yaelvis. Visto lo visto está claro que los Derechos Humanos no existen, ni se cumplen, en estas zonas del Caribe y la culpa no es del mar ni del océano Atlántico sino de algunas personas y algunos gobiernos, y si no que se lo pregunten al naturalista prusiano Alejandro de Humboldt que viajó a esta zona a finales del siglo XVIII y se encontró con un déficit de este tipo de derechos. Y si quieren comprobarlo léanse el Ensayo político sobre la isla de Cuba que tanto problemas y quebraderos de cabeza le costó entonces, al igual que cuando visitó en 1804 al flamante presidente de los Estados Unidos de América, Thomas Jefferson.

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