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Isidoro Sánchez

María Mérida y el Garoé

María Mérida y el Garoé tenían muchas cosas en común. Nacieron en la isla canaria de El Hierro, ambos en el municipio de Valverde; ella junto al mar Atlántico, en Tamaduste, y el árbol en el monte de Ventejis, mirando al mismo mar y a 900 metros de altitud. Ella nació un 5 de junio, Día mundial del Medio Ambiente, mientras que el Garoé marcó un antes y un después en el mundo ambiental de la lluvia horizontal. María falleció en enero de 2022 mientras que del Garoé leímos que fue derribado por un vendaval en mayo de 1610 en el barranco de Tigulate. Ella fue nombrada Hija Predilecta de su isla natal y leyenda del folclore canario mientras que el Garoé fue declarado Bien de Interés Cultural, en la categoría de la Arqueología, y Árbol sagrado de los aborígenes herreños, los bimbaches. Ambos personajes han sido estudiados por amigos interesados de todas las islas y han tenido una proyección internacional del máximo nivel. Para profundizar en ello fue necesario y recomendable leer libros del mundo clásico y trabajos relacionados con la lluvia horizontal, y de manera particular con la música folclórica canaria. Como bien se recuerda en el libro María Mérida, editado en 1989 por el equipo formado por César Ortega y Esther Velasco, el Garoé es el árbol mágico de El Hierro, un til de la familia de los laureles conocido como Ocotea phoetens, con frutos similares a las bellotas, que atraían a la bruma y de sus hojas iba cayendo el agua en forma de una lluvia sagrada. Continúa la historia literaria diciendo que María Mérida tenía también sus raíces en pequeñas gotas de lluvia, encontradas así en la fuente de su vida. Como vemos hay mucho paralelismo entre María y el Garoé.

Recientemente una encantadora señorita de una radiotelevisión canaria me entrevistó para hablar del Garoé y me llamó en dos ocasiones pero en la última conversamos largo y tendido acerca del Árbol sagrado de los bimbaches o bimbapes herreños. Tuve que esforzarme en evocar mis relaciones con el mítico Árbol herreño y por ello tuve que acudir a mis recuerdos forestales en la isla del Meridiano. Primero con la Peña Baeza del Puerto de la Cruz donde fuimos liderados por el profesor Telesforo Bravo en febrero de 1969, y la última, en agosto de 2021, con mi familia. Le recordé mi etapa profesional en los montes de El Hierro y mis relaciones con Zósimo Hernández, sobreguarda forestal, y con Tadeo Casañas, agricultor empedernido con el agua y las abejas. Así mismo con las autoridades herreñas y personajes singulares de Ferro, como María Mérida, a quien conocí en la Fiesta de los Faroles en la Dehesa comunal, en homenaje a la Virgen de los Reyes. La entrevista resultó amena por cuanto el milagro del agua en El Hierro, materializada en el Garoé, me llenó de gratos recuerdos. De manera especial cuando en 1982 escribí en El Día el artículo Bosque y Agua en El Hierro, al igual que en 2007 el libro Garoé, que me presentó en sociedad el biólogo Antonio Machado en el portuense Hotel Garoé. Conté las experiencias que hicimos desde el Icona, en las cumbres herreñas, recordando al pastor Bartolo en una sabina de la Dehesa, a Zósimo en la Cruz de los Reyes, a Tadeo en Ventejis, al ingeniero Sánchez Recio en Tajusara, al ingeniero de montes don Luis Ceballos en Valverde en busca del Árbol santo y a Tomás Padrón, promotor más tarde de la Ruta del Agua alrededor del Garoé. También comenté los trabajos experimentales de la profesora, Victoria Marzol, y del meteorólogo, Luis Santana, con la lluvia horizontal y la aplicación garoetizante que otros profesionales habían realizado en montes de Tenerife, La Gomera, La Palma y Gran Canaria. Me vino a la memoria una relación de profesionales como los ingenieros Francisco Ortuño y José Miguel González y los meteorólogos Andrés Acosta y Kramer quienes experimentaron en diferentes masas forestales de las islas occidentales la captación de lluvia horizontal, como lo había hecho el equipo del Spa-15. Tengo que resaltar también la Expedición Garoé a Perú promovida en El Hierro por el grupo Men&San, en 2015.

Con María Mérida recuerdo compartir varias actividades: en Zaragoza, con ocasión del Congreso Internacional del Agua, en 2008, adonde llevé mi libro Garoé y el documental De Ventejis a Tajusara, del director Juan Carlos Sánchez, coincidiendo con Sabine Wilkmann, Torsten de Winkel y la profesora Victoria Marzol; en Madrid, presentando en la Casa de Canarias, un libro sobre El Hierro, y donde nos cantó a capela su Ay mi lindo Garoé. Cuando Tomás Padrón inauguró la Ruta del Agua alrededor del Garoé, María Mérida nos deleitó con la canción de su lindo Garoé después de escuchar a un profesor herreño el Romance al Garoé, del poeta cubano, Andrés de Piedra Bueno, amigo del pintor Juan Ismael, y que vino a las islas Canarias en 1930 para conocer a su familia canario-cubana. También queremos incorporar los gratos recuerdos que tuvimos en Berlín con un joven grupo musical liderado por Sabine y Torsten, cuando asistimos a un Festival Bimbache Open Art. Inolvidable también la presentación del libro Árboles, del profesor Rubén Naranjo, en Pinolere, La Orotava (Tenerife), donde María nos sorprendió con la Convivencia del poeta grancanario, Agustín Millares Sall. ¡María y el Garoé fueron únicos!

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