Suscríbete eldia.es

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

con la historia

La no celebración de hoy

Si la historia hubiera ido de otra forma, es bastante posible que hoy fuese festivo para conmemorar la proclamación de la Primera República. La mayoría tiene muy presente que el 14 de abril de 1931 se instauró la Segunda, pero para que eso ocurriese antes había tenido que haber una previa. Y esto es lo que ocurrió el 11 de febrero de 1873. Cabe decir que un poco a contrapié.

Alegoría de la I República, publicada en marzo de 1873.

Todo empezó en 1868, cuando un grupo de militares y políticos de talante más bien progresista, que estaban cansados del involucionismo de la monarquía de Isabel II de Borbón, quisieron dar un golpe de Estado. Entonces la reina marchó al exilio y los líderes de lo que se ha llamado Sexenio Democrático (solo duró hasta 1874) no se atrevieron a proclamar la república. En su lugar viajaron por Europa intentando encontrar al candidato idóneo para ocupar el trono. El elegido fue Amadeo I de Saboya, que pronto se arrepintió de haber aceptado la corona, porque España era un follón, si se permite esta expresión poco historiográfica. Por un lado, estaban los republicanos que no querían un nuevo rey y organizaban rebeliones como el levantamiento cantonalista de Cartagena, por el otro los carlistas creían que Amadeo era demasiado moderno e iniciaron la tercera guerra civil del siglo y, encima, en Cuba también estalló una revuelta que sería el prólogo de lo que acabaría sucediendo en 1898. Y, por si todo esto no fuera poco, el principal avalista del rey italiano, el general Prim, fue asesinado.

La abdicación

Ante este panorama, Amadeo I abdicó el 10 de febrero y al día siguiente se proclamó la República. El problema era que unos la querían centralista y otros federal. Aquello añadió un nuevo elemento de tensión. La inestabilidad era constante y en tan solo 11 meses hubo cuatro presidentes: Estanislau Figueras, Francesc Pi i Margall, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar. El 3 de enero de 1874 el general Manuel Pavía asaltó el Congreso. A continuación, ocupó el poder el general Francisco Serrano y en diciembre otro general, Arsenio Martínez Campos, hizo un pronunciamiento militar para restaurar la monarquía borbónica en la figura de Alfonso XII, hijo de Isabel II.

El nuevo régimen reprimió al republicanismo, que se vio forzado a pasar a la clandestinidad. Sin embargo, la fecha del 11 de febrero quedó incorporada en el imaginario colectivo de los contrarios a la monarquía. Con el paso del tiempo, poco a poco, el republicanismo fue recuperando el pulso y aparecieron formaciones locales en villas y ciudades, a menudo en torno a ateneos o casinos (a pesar de compartir el nombre no tenían nada que ver con los locales de apuestas que conocemos actualmente). En esos centros de reunión se organizaban actividades culturales (teatro, baile...) y conferencias. Uno de los temas más habituales era dar a conocer el ideario federalista de Pi i Margall, y conmemorar el aniversario de 1873. Aquel tipo de eventos formaban parte de lo que los estudiosos llaman cultura política, que va mucho más allá de la militancia en un partido concreto, ya que está formada por un conjunto de referencias simbólicas que se transmiten de generación en generación. Así, los hijos de los republicanos de 1873 preservaron la memoria de los hechos ocurridos ese año y después lo enseñaron a sus descendientes. De este modo, una experiencia tan efímera como la Primera República se fue consolidando como un momento emblemático al que se debía volver, tarde o temprano.

Precisamente, esto explica que cuando la monarquía volvió a hacer aguas, la idea de proclamar una nueva república no se viera extraña. Se empezó a vislumbrar esa posibilidad a principios de los años veinte, cuando el prestigio de la corona y la clase política ya estaban bajo mínimos. Entonces, Alfonso XIII intentó una solución desesperada apoyando la dictadura de Primo de Rivera, en 1923. Fue un parche de ocho años porque, en abril de 1931, se izó la bandera tricolor mientras el rey, igual que había hecho su abuela, se fue al exilio. Lo que no se puede saber es si con las repúblicas se cumple el adagio que dice que no hay dos sin tres.

Compartir el artículo

stats