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Entender + con la Historia

Boicot era un apellido

Pekín se convierte en la capital de los deportes de invierno las próximas dos semanas, puesto que acoge la XXIV edición de los Juegos Olímpicos. Un evento marcado por las disputas diplomáticas con Estados Unidos.

Hoy se inauguran oficialmente los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín. Durante 16 días, atletas de todo el mundo lucharán por subir al podio y llevarse a casa una de las soñadas medallas por las que han entrenado durante cuatro años. El encuentro olímpico no es un simple evento deportivo, y siempre ha tenido una estrecha relación con la política internacional y el juego diplomático entre grandes potencias. Buena prueba de ello es que el Gobierno de Estados Unidos anunció en diciembre que no enviaría ninguna personalidad de alto rango para acompañar a los atletas. Según declaró la secretaria de prensa, Jen Psaki, el presidente Biden no quería «contribuir a la fanfarria de los Juegos». Con esta decisión EEUU quiere denunciar la violación de los derechos humanos que el régimen comunista comete contra los habitantes de regiones como Xinjiang. Así pues, EEUU hará boicot. Un término que forma parte de nuestro vocabulario y que esconde una historia curiosa.

En el siglo XIX, cuando Irlanda todavía estaba bajo control del Reino Unido, muchas tierras de cultivo y pastos eran propiedad de lores que nunca ponían los pies en sus dominios. Por ello, los historiadores los llaman terratenientes absentistas. Básicamente permanecían en sus castillos y mansiones esperando los beneficios del trabajo de los campesinos arrendatarios que se deslomaban trabajando para ellos. Para que el sistema funcionara, estos nobles tenían administradores que eran los encargados de recaudar el dinero (a cambio de una buena comisión, todo hay que decirlo).

La situación abusiva era tan evidente que se constituyó la Liga Irlandesa de la Tierra (LIT), que reclamaba una reforma agraria. Entre sus demandas estaba la rebaja del alquiler de los campos. Pero ya se sabe que a veces hay gente que es más papista que el Papa, como el administrador del conde John Crichton, quien no solo rechazó la petición de la LIT sino que expulsó a los arrendatarios que la habían presentado.

La medida provocó la indignación de todos y la entidad campesina hizo correr la voz para que se le hiciera el vacío. La gente dejó de ir a trabajar a las tierras controladas por el administrador, los comerciantes de la zona no quisieron venderle productos a pesar de tener los almacenes llenos e, incluso, el cartero decidió dejar de llevarle el correo. El nombre de ese administrador era Charles Cuningham Boycott.

Se ve que por entonces no había asesores de comunicación, porque seguro que le habrían desaconsejado hacer lo que hizo. El 14 de octubre de 1880, Boycott escribió una carta al The Times para denunciar el trato que recibía y responsabilizar a la LIT. Automáticamente, un tema hasta entonces local empezó a tener repercusión en todas las Islas Británicas, y los principales diarios del país enviaron periodistas a informar sobre el terreno. La situación se caldeó y la tensión fue en aumento. La gente se enfadó aun más y, finalmente, el 28 de diciembre, Boycott y su familia dejaron las tierras del condado escoltados por un regimiento del Ejército británico. Pretendía establecerse en Dublín, pero cuando llegó tampoco fue bien recibido y vio cómo también le hacían el vacío, hasta el punto de que los clientes de un hotel de la ciudad amenazaron con abandonar el establecimiento si se daba alojamiento al personaje más odiado de la Irlanda de 1880. Finalmente, los Boycott cogieron los bártulos y se mudaron a Inglaterra.

A raíz de todo el alboroto mediático se convirtió en una especie de celebridad de la época. Sobre todo porque se le identificaba con la nueva palabra que acababa de nacer: boicot. A partir de entonces, el término se incorporó a la lengua inglesa, poco a poco se fue incorporando al resto idiomas y ahora es una palabra habitual. De hecho, es más que probable que estos días aparezca en las crónicas que nos lleguen desde China, cuando los periodistas nos informen de lo que está ocurriendo en los Juegos Olímpicos de Pekín con la delegación de Estados Unidos y su relación con los anfitriones.

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Moscú 80: deporte y Guerra Fría 

El boicot fue una medida de fuerza utilizada en los JJOO durante los años de la Guerra Fría. Por ejemplo, Estados Unidos no envió atletas a Moscú 80 para protestar por la invasión soviética de Afganistán. El problema de ese boicot es que perjudicó más a los deportistas americanos que a los rusos. Por eso ahora han optado por un boicot solo diplomático.

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