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Jorge Bethencourt

Manual de objeciones

Jorge Bethencourt

Adiós, Gran Canaria, adiós

Gran Canaria ha puesto el turbo y en pocos años estará a tanta distancia del resto de las islas —incluyo, por supuesto, a nuestra bella durmiente— como está hoy el Puerto de la Luz sobre el resto de los puertos de Canarias: a una distancia sideral.

Como los ancianos que van perdiendo energía y vitalidad, la Isla de Tenerife se apaga en la mediocridad de sus dirigentes políticos, económicos y sociales. Los grandes proyectos se empantanan en discusiones eternas y peleas cainitas y hemos perdido el rumbo de a dónde queremos ir, si es que alguna vez lo tuvimos.

Gran Canaria ha impulsado la creación de una Central Hidroeléctrica Reversible, la de Chira-Soria, que se convertirá en el impulso que necesita la instalación de nuevas fuentes de producción de energía renovable. Las pocas voces que se han opuesto a esta gran obra, porque afectaba unos espacios naturales protegidos, han sido eficazmente ignoradas. Las instituciones se han pasado las manifestaciones contrarias a esta obra por ese lugar donde la espalda se transforma. Porque la central es necesaria si quieren tener soberanía energética y abaratar los costos de producción. Y punto. En Tenerife no existe nada parecido. Aún estamos discutiendo —por los siglos de los siglos— dónde deberíamos colocar una central parecida a la de nuestros vecinos. No hay proyecto. No hay lugar. No hay alma.

Con lo de la movilidad en la isla andamos igual. Gran Canaria ha lanzado su proyecto de tren desde la capital a Maspalomas. Ya están buscando financiación europea y moviendo los papeles por todos los despachos. En el Cabildo de la isla hay unanimidad absoluta en que ese es el proyecto que necesitan para conectar la zona turística con la gran capital de medio millón de habitantes. En el Cabildo de Tenerife, al grupo de gobierno se le han arrugado los calzoncillos porque la oposición de izquierdas amenazó con romper su apoyo político si se tramitaba una simple moción a favor del tren, presentada por Ciudadanos.

En Tenerife no quieren el tren. Como no querían el tranvía en el área metropolitana. Como no querían las torres de transporte eléctrico en el Sur. Ni Fonsalía. Ni Granadilla. Ni los hoteles de Arico. Nada. No quieren nada nuevo. Porque el futuro de esta isla no se ha discutido ni se ha pactado y algunos, con toda legitimidad, consideran que debe ser una isla de mochila y bicicleta. Porque andamos dando tumbos intentado que todo el mundo se ponga de acuerdo, lo que además de laborioso y poco práctico es imposible. Porque nos gobierna una mediocridad rampante solo preocupada de la supervivencia política.

Por todo eso, veremos como Gran Canaria inaugura Chira-Soria. Y veremos después como ponen en marcha su gran tren. Como hicieron con el aeropuerto de Gando. Y con el puerto de la Luz. Y esta isla mortecina seguirá aquí, dormitando, con sus mediocres y sus cobardes perfectamente contentos de no hacer nada.

El Recorte

Ancianos en el hospital

Cuando el entonces presidente de Gobierno, Paulino Rivero, denunció que en los hospitales de Canarias se encontraban ancianos abandonados por sus familias, ocupando camas sanitarias pero sin padecer ninguna patología, se lio la mundial. Le llovieron las críticas por parte de la oposición y de los medios. Como si él hubiera abandonado allí a los viejitos y no sus familias. El cinismo y la hipocresía de la política tienen esas cosas. Hoy los que echaron pestes por la boca están al mando y sigue habiendo ancianos ocupando camas en los hospitales. Porque sus familiares no se pueden hacer cargo de ellos. Porque no hay suficientes camas sociosanitarias en Canarias. Los gobiernos llevan décadas anunciando nuevas residencias para mayores, pero no existen. Los ancianos entran con una patología y se curan, pero luego nadie viene a recogerles. Es la “puerta de atrás” que utilizan algunas familias desesperadas para conseguir que la administración pública se haga cargo de sus mayores. Porque han pedido una ayuda para la dependencia, pero están en una lista de espera eterna. Porque han pedido una plaza en una residencia, pero les han dicho que no hay. Y ya podemos dar gracias a que siendo miles los que están en esa situación apenas pasen de doscientos cincuenta los mayores que están en los hospitales.

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