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Cuando se tiene la oportunidad y también la paciencia, de tratar casi cotidianamente con los políticos, tanto con los gobernantes, como de la oposición, para tratar asuntos relacionados con la actividad económica, se comprende el retraso o estancamiento de algunos temas y la ligereza con el que salen otros. Igual pasa en las relaciones profesionales con los empleados públicos, algunos, posibilitan avanzar, haciéndolo todo llevadero, ayudando y poniendo dedicación, en cambio, otros, son la personalización de las pegas, sus interpretaciones personales subjetivas y bastante discutibles, inmovilizan cualquier asunto, donde hay que sumarle también, la falta de interés en sacar adelante los expedientes. Ya no digamos con municipios colindantes que, con la misma legislación estatal, autonómica, insular o local, uno es eficiente en su funcionamiento ordinario y el otro es incapaz de gestionar hasta el más sencillo papeleo administrativo. Si nos vamos al ámbito insular, la comparación entre lo que pasa y se hace en Gran Canaria con lo que adrede se para y se olvida en Tenerife es abismal.

Todo lo cual demuestra que, para ser buen gestor, no depende de la ideología que se tiene, ni del partido político correspondiente al que pertenece o de la antigüedad en el puesto ocupado. Tiene que ver más con la personalidad y responsabilidad de cada cual, la formación adquirida con esfuerzo, las ganas de protagonizar un servicio público en beneficio de la ciudadanía, el desprecio al egocentrismo o el figureo y por supuesto, la ilusión en lo que se está comprometido. Toletes, en las acepciones del Diccionario de la Academia Canaria de la Lengua, como, tonto, simple, vanidoso o ridículo, hay en todos los ámbitos, profesiones y ocupaciones, incluso más de lo deseado y conveniente, pero también, están los que son serios en su trabajo, honrados en su quehacer, ejemplares en su comportamiento y profesionales indiscutibles.

El dicho dice que vale más una imagen o un ejemplo, que mil palabras. Pues vamos a ponerlo. Después de casi una década solicitando la puesta en funcionamiento del Registro de Agentes Inmobiliarios al Gobierno Autonómico, por fin, se ha hecho realidad. Canarias, de esta manera, se incorpora a la modernidad en la gestión inmobiliaria, con antecedentes ya en marcha tanto en Cataluña, Madrid, Baleares, Andalucía, Valencia y el País Vasco. Era uno de los objetivos del Pacto por la Vivienda Digna, reflejado en el Plan de Vivienda de Canarias 2020-2025, para identificar a los verdaderos profesionales de la gestión inmobiliaria adecuadamente, con la máxima transparencia y con total garantías de contratación, teniendo como objetivo prioritario, la protección de los consumidores y el reconocimiento de los auténticos profesionales, para de esa manera, favorecer y poner en valor, la calidad en la prestación de un servicio primario y de vital importancia para la ciudadanía. Han sido ya unos cuantos Consejeros, tanto de CC como del PSOE, en estos últimos años, que han hecho oídos sordos. Por fin, el actual, Consejero de Obras Públicas y Vivienda del Gobierno de Canarias, Sebastián Franquis, nos ha escuchado, entendido y desde el primer momento, aceptó el reto y puso los medios, así como las ganas necesarias para llegar a su implantación. Con el citado Registro, se da un paso importante, para acabar con el intrusismo del tristemente clásico personaje, que sólo con un teléfono móvil, sin preparación, ni formación, produce mucho daño al ciudadano, al sector y al prestigio del experto, en todo lo relacionado con la intermediación inmobiliaria, que mantiene el empeño en una formación continua, para ofrecer todas las garantías adecuadas. Está claro, sin duda, que cuando se quiere se puede.

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