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con la historia

Ciutat Meridiana, luchar por sobrevivir

El pasado viernes, los vehículos que entraban a Barcelona por la C-17 se hallaron con una retención inesperada. Por el lateral de la vía, un grupo de unas 150 personas se manifestaban a pie con una pancarta donde se leía «Contra la pobreza, el paro y los desahucios, por una vida digna». Para los conductores eran un estorbo en la carretera, pero para los participantes de la marcha, esa protesta era un grito para decir que ya no pueden más. Aquellas 150 personas son vecinas y vecinos de Ciutat Meridiana. Las estadísticas dicen que es el barrio más pobre de la capital catalana. Las historias de sus habitantes cuentan que también es el más olvidado. Allí es donde se producen más desahucios. Una situación que todavía se ha agravado más con la pandemia, porque los trabajos precarios se han volatilizado y esto ha provocado que muchas familias hayan perdido sus pocas fuentes de ingresos.

Protesta reclamando el metro en Ciutat Meridiana, en 1990.

A veces parece que los problemas pasan en determinados lugares porque sí, como si no hubiera una razón y fuera culpa de quienes los sufren, pero cuando se vuelve la mirada atrás y se retrocede 70 años, se entienden muchas de las cosas que ocurren hoy en día en Ciutat Meridiana.

En la miserable España franquista, muchas personas dejaron su tierra para ir a Barcelona, atraídos por la esperanza de encontrar un trabajo que les abriera un camino a un futuro mejor. Con poco dinero en el bolsillo, los recién llegados se instalaban donde podían. Muchos lo hicieron más allá de Sant Andreu, en barracas o casas autoconstruidas en nueve zonas diferentes (de ahí que ahora exista Nou Barris). No hace falta entrar en detalles porque seguro que muchos de nuestros lectores lo saben por experiencia propia o familiar.

Cuando hay gente necesitada, siempre hay quien se aprovecha de su desesperación para hacer negocio. Lo vemos actualmente con las mafias que envían a los inmigrantes a morir en el Mediterráneo. Y ocurrió en la Barcelona del alcalde Porcioles con la vivienda. La corrupción urbanística permitió construir viviendas en sitios inhabitables. Uno de estos lugares estaba junto a Torre Baró, en las fuertes pendientes cercanas a la Font Muguera, una zona cercana a Collserola donde se va filtrando el agua de la lluvia hasta llegar al Besós. Todo aquello es tan húmedo que los responsables municipales descartaron ese espacio para construir un cementerio. Pero una cosa son los muertos y otra los vivos. El promotor Enrique Banús compró los terrenos y con la colaboración de personalidades destacadas de la Barcelona de la dictadura (Porcioles, Joan Antoni Samaranch, Mariano Ganduxer y otros) inició la construcción de Ciutat Meridiana en 1963. En la campaña promocional se prometía a los compradores que gozarían de servicios que para nosotros ahora son básicos; pero que para aquellos inmigrantes que empezaban a soñar con un piso propio eran un lujo: escuelas, guarderías, centro sanitario, transporte público, equipamientos deportivos... Gente trabajadora de Torre Baró y Vallbona fueron los primeros en comprarse un piso allí, con la esperanza de tener un hogar en condiciones. Pero la realidad no fue tan idílica.

Los materiales de construcción eran de muy mala calidad y por culpa de las humedades del terreno, en la mayoría de bloques aparecieron filtraciones. Los promotores no quisieron saber nada del tema y acusaron a los propietarios de no cuidar de su casa, pese a que los arquitectos responsabilizaban a la empresa. Y en cuanto a los servicios prometidos, pasaban los años y no había ni rastro. Ni escuela, ni ambulatorio ni casi transporte público.

Los vecinos no se quedaron de brazos cruzados y empezaron a organizarse para reclamar lo prometido. Esto llamó la atención de algunos periodistas que se hicieron eco de su problemática. Especialmente, Josep María Huertas, quien con sus crónicas dio voz a una parte de esa Barcelona dejada de la mano de Dios.

Con la llegada de los ayuntamientos democráticos pareció que se acabarían los problemas, pero pronto se vio que no. Desde entonces, cada nueva crisis ha supuesto un nuevo golpe. Por eso ahora en Ciutat Meridiana hay tantos desahucios. Por eso los vecinos siguen luchando, y seguro que no dejarán de hacerlo.

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