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¿Cuánto se puede alargar la longevidad?

La eterna juventud ha sido y sigue siendo un deseo perseguido por la especie humana a lo largo de su historia. De acuerdo a las estadísticas demográficas, la esperanza de vida ha aumentado en los últimos siglos no solo en la cantidad de años vividos, sino también en darle vida a los años.

¿Podemos vivir en plena forma más allá de los 100 años o bien, por el contrario, el organismo tiene una obsolescencia programada?

El récord de longevidad

De acuerdo a los datos disponibles hasta la fecha, el récord absoluto de longevidad lo ostentó Jeanne Calment, una dama de origen francés que vivió 122 años y 164 días. Madame Calment fue un caso particular ya que su estilo de vida no cumplía con los preceptos sugeridos para tener una buena salud en el largo plazo. Si bien tuvo una vida sin estrés, no provenía de una familia longeva. De hecho, sobrevivió a su hija e incluso a su nieto. Era una señora físicamente activa que montó en bicicleta hasta los 100 años y caminó sin bastón hasta las 114. Por el contrario, fue fumadora hasta los 117 años. Al final de su vida, sufrió un deterioro acelerado que acabó con su vida en poco tiempo.

En la segunda década de los años 2000, la mujer más longeva registrada fue la signora italiana Emma Martina Luiga Morano que vivió 117 años y 137 días. Se registró como la mujer más longeva del mundo en esa década.

En el caso de España, se calcula que en el año 2040 se calcula que la esperanza de vida sea de unos 86 años en particular en las mujeres, siendo una de las más altas del mundo. Entre las razones que explican esta tendencia están la dieta predominantemente mediterránea que se considera la más saludable del mundo, el acceso a un sistema sanitario gratuito y accesible, el entorno de calidad humana y sociabilidad y la climatología favorable.

Cuando se analizan las bases de datos de mortalidad humana se observa que la esperanza de vida no ha dejado de aumentar en el último siglo, siendo actualmente de aproximadamente 10 años más que hace 1 siglo. Sin embargo, este incremento se atribuye a menos defunciones en la población joven más que a un aumento de la vida de los más mayores. Con los años, la posibilidad de muerte aumenta exponencialmente, alcanzando un techo de vida que no llega en el mejor de los casos más allá de los 115 años. Sin embargo, a pesar del aumento y expectativas de la esperanza de vida, las observaciones científicas indican que el ser humano consigue a duras penas llegar a los 100 años, como si de una «obsolescencia genética» se tratara. Esta tendencia se ha mantenido estática varias décadas, lo que indica que la mortalidad en los centenarios no ha disminuido.

Algunos científicos explican esta barrera por el límite natural de errores inesperados en programas genéticos fijados que incluyen imperfecciones intrínsecas en las células. En otras palabras, el cúmulo de errores en la lectura genética de las células cuando se reproducen llegaría a su límite.

La buena noticia: Las investigaciones persiguen estrategias variadas para ralentizar el proceso acelerado de deterioro que ocurre al envejecer. Los científicos suelen coincidir en que pronto será factible vivir al menos hasta los 130-140 años. La ciencia del envejecimiento nos ofrece abordajes en diversos campos para conseguir aumentar la longevidad.

La mala: no existen todavía fármacos para la longevidad que funcionen en el largo plazo.

En este artículo se comentan algunas pautas de vida, estrategias y parámetros que favorecen la longevidad y el envejecimiento saludable. No obstante, cualquier iniciativa que se quiera tomar en este abordaje de manera individual, debe ser supervisada por un profesional de la salud. ¡No te auto mediques por tu cuenta!

Genética y epigenética

Se dice coloquialmente que «tener buenos genes» contribuye a envejecer sanamente. En la práctica se observa en gemelos idénticos que la genética en el momento de nacer tan solo contribuye un 25% a la esperanza de vida. El otro 75% lo pone la epigenética, es decir, la interacción y efecto de los genes con los factores medioambientales (estilo de vida, dieta, estrés, exposición a tóxicos, etc.).

Por consiguiente, una de las estrategias posibles se basaría en reducir los daños acumulados en el ADN y su reparación.

Sea como anti-inflamatorios, anti-zombis, reductores del metabolismo o reparadores genéticos, es bastante probable que en algún momento seamos testigos de nuevos remedios potentes para la longevidad.

Limpiar el cuerpo de células zombis

Las células zombis reciben este nombre porque son células inservibles que se resisten a morir. En general el organismo tiene sistemas de eliminación de células defectuosas, envejecidas, cancerígenas u obsoletas. El principal encargado de esta labor es el sistema inmune.

En los años 50 se encontraron células que a pesar de estar dañadas se resistían a morir. Como si de la manzana podrida del cesto se tratara, las células zombis se acumulaban y soltaban sustancias tóxicas que podían dañar a las células sanas.

Una investigación reciente efectuada en Estados Unidos ha demostrado en ratones que la eliminación de un 30% de las células zombis es suficiente para conseguir rejuvenecer a los ratones envejecidos. Como comentan los investigadores, se trata de una técnica muy eficaz ya que ni siquiera es necesario eliminar la mayor parte de ellas para obtener resultados favorables. El método todavía no se ha trasladado a humanos.

Recomendaciones para sentirse joven

Las claves principales para el bienestar no han cambiado desde que en tiempos mi abuela sugería: «Duerme bien, come poco, no tengas malas amistades y camina mucho». Y no se equivocaba, ya que mi abuela vivió hasta los 95 años con sus plenas facultades mentales.

Comer poco

El ayuno y las dietas hipocalóricas son los mejores remedios para ralentizar el envejecimiento. También los más drásticos.

Muchos estudios de experimentación en diversos modelos animales han demostrado que tener una ingesta limitada contribuye a la longevidad. En concreto, en ratones de experimentación se sabe que aquellos que tienen acceso restringido a la comida viven entre un 30-50% más que los que pueden comer hasta saciarse. En las personas, equivaldría a seguir dietas de unas 500 kcal al día (1/4 menos de lo normal) dos veces en semana.

Un ayuno usado comúnmente de manera experimental es no ingerir alimentos en días alternos durante un tiempo prolongado. La restricción calórica aumenta la esperanza de vida en muchos organismos, desde levaduras, gusanos, moscas de la fruta y roedores.

En los humanos, los estudios clínicos demuestran que el ayuno en días alternos durante 3 semanas es eficaz para aumentar la longevidad. Efectos similares se observan en dietas de 500 kcal 2 días a la semana (el equivalente a 2 huevos fritos). La mejoría de los achaques asociada al ayuno abarca desde reducir inflamaciones, mejorar el metabolismo de la glucosa y de la insulina y bajar la presión arterial. Sin embargo, el ayuno no es recomendable en personas con diabetes, síndrome metabólico, debilidad y en los más mayores.

¡No conviene ayunar sin supervisión médica!

Otra práctica muy extendida consiste en el ayuno intermitente, es decir, saltarse una de las tres comidas del día. Lo más llevadero es tener una cena ligera temprano y saltarse el desayuno al día siguiente. La formación de las cetonas como resultado del metabolismo de las grasas parece contribuir también a la sensación de tener una mayor «lucidez mental» en las primeras horas de la mañana.

Por otra parte, reducir el consumo de proteína animal, la carne roja en particular, parece ser otra forma de mejorar la salud. En paralelo, hay que consumir verduras, frutas, legumbres y alimentos ricos en fibra en general. Una de las dietas reconocidas para una vejez sana es la dieta mediterránea que cumple con los preceptos de ser rica en fibra y baja en carnes (la fuente principal de proteína animal es el pescado, lácteos, quesos, carne magra y huevos). En particular, se ha demostrado esta dieta es muy recomendable para el cerebro, mejorando el el ánimo y la memoria.

Mover el esqueleto

El ejercicio físico es otro estandarte de la salud al envejecer. Hace deporte de manera regular (sobre todo al aire libre) no solamente contribuye a potenciar el músculo, el corazón y el cerebro sino que además mejora el estado de la microbiota intestinal. Este equilibrio contribuye a mantener un sistema inmune fuerte y una cabeza más saludable.

Aunque aún no hay unanimidad al respecto, hay evidencias científicas que indican que seguimos produciendo nuevas neuronas toda la vida, incluso a los 90 años. En particular, las neuronas parecen poderse reproducir y reforzar sus conexiones en áreas del cerebro asociadas con la memoria. Este dato abre expectativas respecto a poder estimular la regeneración neuronal.

Algunas estrategias para estimular la neurogénesis se basa en estimular y sincronizar las células con pulsos eléctricos. En un ensayo efectuado en personas septuagenarias se efectuó un tratamiento de estimulación eléctrica cerebral durante 25 minutos. Tras la sesión, estas personas eran capaces de efectuar tareas de memoria inmediata (por ejemplo, memorizar series de palabras) de una forma similar a personas treintañeras. Aunque el efecto duró tan solo alrededor de 1 hora, este dato demuestra que la capacidad memorística se puede recuperar, aunque sea momentáneamente.

Más allá de la ciencia y la investigación, una maravillosa estrategia de longevidad mental es la enunciada por el escritor Gabriel García Márquez:

«No es verdad que las personas paran de perseguir sueños porque se hacen viejos, se hacen viejos porque paran de perseguir sus sueños».

Para saber más, visita mi blog: www.raquelmarin.net

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