Suscríbete

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Matías Vallés

Yolanda Díaz cae en la trampa

La primera vez que un político de izquierdas enumera a «empresarios y trabajadores» por este orden, su suerte futura se halla en entredicho. Si ocupa la cartera de Trabajo, el desliz tiende a irreversible. Yolanda Díaz puede tachar de insignificante esta distinción, pero denota que ha caído en la trampa de convertirse en sospechosa para sus apoyos más encendidos. Ampliar el contingente de electores por encima del límite de elasticidad conlleva el riesgo de defraudar a los fieles. Al margen del contexto negociador en que la vicepresidenta segunda asestó el pasado miércoles que «yo no hablo de política», estaba documentando una rendición. Yolanda Díaz se ha tomado una foto de más junto a los líderes empresariales, a la salud de la contrarreforma laboral de Rajoy. La euforia desatada en torno a su figura, ha impedido a la vicepresidenta una ponderación de la ubicación más favorable. Sus enemigos a izquierda y derecha han mostrado una notable astucia. En lugar de acusarla de connivencia con Irán o Venezuela, se desliza de modo sibilino una complicidad con el capital por encima del deber dialogante, la misma infatuación que sufrían los independentistas catalanes al entrar en contacto con las seducciones de Madrid. Pieza cobrada. Al pasar de deslumbrante a deslumbrada, Yolanda Díaz no ha vivido una peripecia singular. El asombro ante la creación instantánea de líderes durante la última década suele olvidar que se disuelven con idéntica facilidad. Albert Rivera, Inés Arrimadas, Díaz Ayuso, Pablo Iglesias o la actual vicepresidenta pasarán a la historia como una pléyade de candidatos inesperados, además de haber gozado de excelentes oportunidades de proyección. Por desgracia, no supieron rematar la faena, y en todos los casos fueron apartados por políticos de fuste inferior. Qué hacer con un triunfo que no requiere asaltar el cielo, sino que llega caído del cielo. Es comprensible la ebriedad de la generación de Yolanda Díaz, al palpar la facilidad de su ascenso colectivo. Todos los integrantes del grupo creyeron que habían ampliado su cuota de votantes, hasta absorber el espectro de quienes los consideraban digeribles pero no pensaban cumplir con la papeleta del voto. Les fallaron las cuentas, un candidato debe distinguir entre sus apoyos factibles y aquellos ciudadanos de quienes solo pueden conseguir que no suscriban a su rival. Si esta tesis precisa de un fundamento numérico, siempre puede aportarse el último barómetro del CIS. Antes de dar un respingo, cabe recordar que ni Tezanos puede enturbiar la valoración de líderes. En la pregunta sobre quién desearían los encuestados que fuera presidente del Gobierno, Yolanda Díaz sigue en segunda posición, por detrás solo de Pedro Sánchez. Sin embargo, pierde fuelle por primera vez como candidata, con más de un punto de bajada de diciembre a enero. No le sirve de consuelo la caída generalizada de los aspirantes, a excepción del limitadísimo Abascal que tiene a su alcance a Casado, otro síntoma de la debilidad intrínseca del presidente popular. Se insistirá en que los liderazgos de Sánchez y Casado se tambalean, pero PP y PSOE todavía suministran una chichonera de la que carecen los candidatos caídos del cielo. En el argot atlético, Yolanda Díaz habrá servido de liebre a un corredor de fondo, ya se trate de propio presidente del Gobierno o de un inesperado campeón a su izquierda. La vicepresidenta evoluciona a partenaire privilegiada pero subsidiaria del líder socialista, siempre puede negociar un prometedor tique electoral. Al otro lado del espejo, las encuestas en Castilla y León confirman al PSOE que constituye una política suicida aplastar a una izquierda molesta pero sin la que no podrá gobernar, como advirtió en su día Josep Borrell. En otro apartado del barómetro sobre la inclinación progresista de los líderes, Yolanda Díaz recibe una puntuación demasiado próxima a Sánchez. Se argumentará que la centralidad aparta a la vicepresidenta de los radicales, salvo que también significa que pierde el voto extremo para disputar un espacio superpoblado, interpretando además un papel que no le pertenece. La emergencia de la titular de Trabajo sin Seguridad Social ha generado tal confusión, que los encuestados asumen que Íñigo Errejón la supera apreciablemente en izquierdismo. Es un veredicto difícil de asumir ante la evolución de ambos, dado que al líder de Más País solo le falta pronunciar la palabra peronismo. La opinión publicada se ha esmerado en forjar la imagen de Yolanda Díaz, de ahí la sorpresa al comprobar que la ministra más valorada por los encuestados es Margarita Robles. En un Gobierno con ministros que sufren un nivel de desconocimiento popular vertiginoso, hasta el punto de que cabe explorar si eran mejor identificados antes de integrarse en el gabinete, la titular de Defensa es una roca de momento sin aspiraciones ulteriores. También es importante comprobar que Nadia Calviño no posee el ascendiente popular que se le ha pretendido insuflar artificialmente. Volviendo a la protagonista, tras dilapidar el impulso inicial y una vez examinados los precedentes, Yolanda Díaz puede reinventarse o desvanecerse. Es superfluo señalar la opción más frecuentada por su generación.

Compartir el artículo

stats