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Luis F. Febles

Periódicos, smartphones y 900 euros

El periodista no puede cobrar 900 euros por realizar un trabajo de 10 horas. Tampoco tener tres jefes cuya nómina suma la de toda la redacción. Lo que se conoce en el argot de los juntaletras: tenemos más jefes que indios. No obstante, es una guerra perdida desde hace ya mucho tiempo, incluso antes de que aquel mítico alcalde de Santa Cruz regalara minicadenas y televisiones a los periodistas entre pincho de tortilla y caña de cerveza. Un concejal después de una cena de Navidad me regaló a mí y a otros compañeros un reloj, que lógicamente decliné. A partir de ahí valoré si realmente estaba haciendo bien mi trabajo. Como el minero, el día a día del redactor es complicado, carente de glamur y bastante desagradecido. Sin embargo, tienen el privilegio de disfrutar del trabajo más bonito del mundo. Es fundamental ser realista en este oficio: es imposible tener todos los días temas propios porque en la comunicación 3.0 la vorágine de la actualidad te lleva a sacar notas como quien hace churros; no hay tiempo material para preparar buenos reportajes y temas de investigación. Efectivamente, un periódico no es una fábrica de sardinas donde la cadena de producción es siempre la misma. Si los lectores supieran lo que cuesta hacer un reportaje o un artículo de opinión decente, no pasarían las páginas del periódico con tan poca delicadeza y desdén. Desde que se instauró hace años la dictadura del refrito, es decir, fusilar una nota de prensa de alguna institución quitando y añadiendo pinceladas propias para firmarla, pagan justos por pecadores. Que no nos miren mal que todos lo hemos hecho. Para esta ecuación se necesita tiempo y ganas, además de libros de estilo, manuales consensuados y códigos éticos que nos lleven nuevamente al camino correcto; una vuelta al pasado con las ventajas del presente. En este espacio desconocido y como parte esencial de la arquitectura menos virtuosa de un periódico, es momento de evocar la figura de los correctores, que los jubilaron forzosamente hasta que la historia los absolvió. Arturo Pérez Reverte definió magistralmente su papel en Siéntate aquí, chaval, un retrato que merece la pena recuperar: «Cuando el periodismo aún se parecía al Periodismo, y eras un redactor novato que pisaba por primera vez la redacción, había dos personajes a los que mirabas con un respeto singular, mayor que el que te inspiraban los redactores jefes en mangas de camisa con tirantes y una botella de whisky metida en un cajón de la mesa, o los grandes reporteros con firma en primera página, a cuyas leyendas soñabas con unir un día la tuya. Los dos personajes a los que más podía respetar un joven periodista eran el corrector de estilo y el redactor veterano». Desde su exilio, los periódicos no han vuelto a ser lo mismo. Otra figura célebre pero poco distinguida son los infografistas y los maquetistas. Los primeros son fundamentales para dar color y alegría a las páginas en blanco y negro de un diario, mientras los maquetistas, normalmente con poca paciencia, aportan orden y ajustan tus informaciones para hacerlas más visibles y estructuradas. Viven en el búnker y no gozan del prestigio de los afortunados. Y como no podía ser de otra manera, se antoja obligatorio dedicarles unas líneas a los que, con total probabilidad, son el capital más importante de un medio de comunicación: los fotoperiodistas. Si los ves, jamás les digas que esa foto la puedes sacar con el móvil, porque no tienes la más mínima idea. Es como contarle a un cirujano que tú también sabes coser. Los buenos son capaces de hacerte la información solo con la magia de una foto. Sensibilidad y saber cuándo es el momento preciso para disparar está al alcance de unos pocos. La revolución digital y la llamada democratización de la fotografía han supuesto más de un quebradero de cabeza a la profesión, y con razón. Algunas agencias y medios de comunicación han permitido aceptar material de aficionados cuando se produce un suceso importante y ser los primeros en contarlo. Aquello de la otra dictadura del like. Así, han descubierto una nueva fuente de información que les proporciona material gratuito. Algunos medios ya han despedido a sus fotógrafos y los han reemplazado por smartphones. Esto no se puede permitir. Tampoco mezclar información con opinión, otra de las asignaturas pendientes que debemos recuperar cuanto antes para dar credibilidad a nuestros lectores. Hay que seguir haciendo periodismo digno por el bien de nuestra sociedad.

@luisfeblesc

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