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Joyas del patrimonio | Los BIC de la capital (III)

Teatro Guimerá

Declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento por Decreto de 16 de marzo de 1983

Interior del Teatro Guimerá. E. D.

Las primeras compañías de teatro que se aventuraron a venir a nuestra Isla desde la Península realizaban sus representaciones en los salones de las viviendas particulares hasta que en 1833 se les habilitó un almacén en la calle del Tigre nº 5 (Villalba Hervás).

El primer teatro que se abrió en esta capital, el 25 de diciembre de 1835, estaba situado en la calle La Marina, entre la calle San Felipe Neri (Emilio Calzadilla) y el callejón Bouza, en un local que antes había sido almacén de vinos. Tenía aforo para 432 espectadores, distribuidos en 18 palcos, lunetas, galerías, gradas y cazuela.

Sería el jefe superior político de la Provincia, amparándose en el Real decreto del 6 de noviembre de 1847 que daba organización legal al teatro español, quién le propuso al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife que formara una comisión que se encargara de construir un coliseo que reuniese el ornato, la elegancia del arte y cómoda capacidad para los espectadores. Para llevarlo a cabo, el 5 de marzo de 1849 el Ayuntamiento le compró al Estado el exconvento de Santo Domingo, por 60.707 reales de vellón, a la vez que le vendía el Hospicio de San Carlos en el barrio de El Cabo, por 81.730 reales de vellón, para que fuera utilizado como cuartel del Ejército.

La comisión proteatro, nombrada al efecto, encargó los planos al arquitecto municipal Manuel de Oraá y Arcocha. El pliego de condiciones y el presupuesto de las obras, sacados a subasta el 24 de febrero de 1848, fueron adjudicados al contratista Julián Robayna y Marshall, quien también se haría cargo del derribo del exconvento. Los trabajos, llevados a cabo por el maestro de obras Vicente de Armiño, comenzarían el 3 de marzo de 1849, fecha de la llegada de la autorización real. El presupuesto, valorado en 40.000 duros, se redujo a la mitad al haberse aprovechado gran cantidad de los materiales del derribo del exconvento, y utilizar a los presos condenados a trabajos forzados como mano de obra.

La inauguración tendría lugar el 26 de enero de 1851, aunque sin estar totalmente terminado. Para poder culminarlo, en 1858 el alcalde Bernabé Rodríguez Pastrana comenzó una campaña de recaudación de fondos, organizando funciones de aficionados y bailes populares en el mismo Teatro. Después de doce años de trabajo, la noche del 14 de octubre de 1860 se abría el telón de boca que reproducía un bello paisaje del norte de la isla de Tenerife, pintado por Nicolás Alfaro. El público ocupaba las 764 localidades, distribuidas en 246 asientos de butaca, 48 palcos-plateas de seis localidades, 146 asientos en las gradas de la cazuela del paraíso (gallinero) y 82 sillas en la delantera de la cazuela del paraíso.

Escudo de Armas

De planta rectangular, la fachada principal lleva el Escudo de Armas de la Ciudad, labrado en mármol por el artista Gumersindo Robayna, y una lápida conmemorativa con el texto: «Reinando Isabel II se construyó este edificio, año 1849».

Sus paredes laterales de cantería están articuladas en dos cuerpos con parámetros planos y ausencia de columnas. El cuerpo inferior consta de siete vanos y el superior tiene siete puertas-ventanas, alineadas según ejes verticales, y balcones de hierro fundido.

La renovación del Teatro, realizada por el arquitecto municipal Antonio Pintor y Ocete en 1911, en que la sala de espectáculos fue modificada por completo, sería inaugurada el 1 de abril de 1914.

Al retranquear el escenario tuvo que diseñar una nueva embocadura, y al realizar el foso de la orquesta aprovechó para inclinar el patio de butacas. Se construyeron los palcos proscenios (plateas) y se amplió la cazuela del paraíso (gallinero) hasta obtener capacidad para 966 espectadores. Para comunicar el hall con el vestíbulo del patio de butacas sustituyó la puerta interior por un gran hueco adintelado, apoyado en dos columnas de fundición. Uno de los salones del piso alto fue convertido en foyer, logrando un elegante vestíbulo con espejos y yeserías. Los peldaños de las escaleras se forraron con mármol de Carrara y los pasamanos de las barandas de los palcos y plateas, que eran de hierro, se cubrieron con madera de caoba, importada de Cuba. Las butacas fueron hechas en esta capital, en la carpintería de Manuel Pérez Felipe, siguiendo el modelo de Thonet Hermanos, de Viena. Para iluminar la sala de espectáculos, en el hueco central del techo colocó un hermoso globo de cristal de 3.000 bujías, cuatro globos de 600 bujías en los huecos restantes, y 12 globos más a su alrededor con igual número de bujías, por lo que hubo que hacer una nueva instalación eléctrica.

En la decoración del Teatro, realizada con materiales traídos de la empresa Achille Sormani de Milán y de la firma Flothow de Berlín, los técnicos Francisco Granados llevó a cabo el decorado del techo de la sala y de los antepechos de los palcos, Ángel Romero pintó los bellísimos plafones, y Benjamín Sosa se encargó del dorado de las piezas, de manera que lograron una ornamentación suntuosa, artística, lujosa y elegante, de estilo clasicista romántico.

Para la venta de entradas se instaló un kiosco de hierro por fuera del Teatro, realizado en la fundición Martinez y Cía. de Sevilla, según los planos de Antonio Pintor, el cual permanecería hasta 1933.

En la segunda reforma, realizada por el arquitecto Carlos Schwartz entre 1989 y 1991 por encargo de la Dirección General de Arquitectura y Vivienda del Ministerio de Obras Públicas en convenio con el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, fue necesario intervenir en la totalidad del Teatro pues presentaba desperfectos, deterioro y limitaciones que afectaban a su funcionamiento.

Un nuevo cuerpo adosado

En la trasera del edifico se construyó un nuevo cuerpo adosado al existente, instalando 14 camerinos en las dos primeras plantas, mientras que la tercera planta fue destinada a sala de usos múltiples –Espacio Guimerá- con un aforo para 80 personas sentadas. Se amplió la caja escénica y el vestíbulo, eliminando las antiguas escaleras de acceso a los palcos, lo que permitió disponer de aseos públicos en todas las plantas. Finalizadas las obras, la Reina doña Sofía se trasladó expresamente a nuestra capital para su reinauguración.

La tercera reforma, ejecutada en 1999 por el arquitecto Haris Kozo, con la colaboración del contratista Miguel Hernández Ventura, utilizando los fondos del Plan Español para el Estímulo de la Economía y Empleo, consistió en el tratamiento de patologías en las maderas (humedades y termitas); mejoras en la seguridad contra incendios, adaptándolo a las normativas de seguridad y accesibilidad; construcción de un aljibe con un grupo de bombas a presión; sustitución de las lámparas por las de bajo consumo; e instalación de un sistema de extracción del aire caliente de la sala, por el efecto chimenea.

Centro de actividad cultural

El Teatro Guimerá, propiedad del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, cuya gestión está encomendada al Organismo Autónomo de Cultura, fue desde sus orígenes el centro neurálgico de la actividad cultural de la Isla, en el que han tenido lugar todo tipo de espectáculos relacionados con las artes escénicas, ballets, compañías musicales, proyecciones cinematográficas, exposiciones, conferencias, actos políticos, bailes populares, galas de la reina del carnaval y sede de la Orquesta Sinfónica de Tenerife. Incluso, en la visita que hizo el Rey Alfonso XIII en 1906, se sirvió la cena de gala en el patio de butacas.

Por su escenario han pasado las primeras figuras de la escena que venían a estrenar las últimas novedades. El Teatro Municipal, también llamado Principal, hoy recibe el nombre de Ángel Guimerá Jorge (Santa Cruz de Tenerife 1845- Barcelona, 1924), escritor, poeta y dramaturgo. En su honor, delante de la fachada principal, se ha colocado una escultura sedente de bronce.

En la plaza del Teatro se levanta una escultura realizada en bronce (Per Adriano), realizada por Igor Mitoraj en 1993, que representa un gigantesco rostro femenino que simboliza las dos caras del teatro: la comedia y la tragedia.

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