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Francisco Pomares

El municipalista Domínguez

Manolo Domínguez es alcalde de Los Realejos desde hace más de una década. Ha ganado por mayoría absoluta las tres últimas elecciones municipales en su municipio, la primera vez con 11 concejales, la segunda con 14 y la última, en 2019, con 15. Esa sorprendente secuencia de éxitos reiterados es aún más chocante si se tiene en cuenta que Domínguez es alcalde por el PP, un partido que –hasta que él se presentó como candidato a la alcaldía– no se había comido un rosco en su pueblo. Licenciado en ADE en Madrid y nacido en Caracas, hijo de emigrantes, este miembro de una familia realejera que tuvo que hacer las Américas, será elegido mañana domingo –en un congreso celebrado telemáticamente para evitar contagios- nuevo presidente del PP regional, en sustitución de María Australia Navarro, que el pasado mes de noviembre –después de consultarlo con la dirección nacional de su partido– anunció su intención de no pelear por la Presidencia.

Con la incorporación de Domínguez, alentada por Génova, el PP canario cierra una etapa de provisionalidad, abierta tras la renuncia de José Manuel Soria a continuar al frente del PP canario y su sustitución por el palmero Asier Antona. El comportamiento errático de Antona en la anterior legislatura, y su oposición a cerrar un acuerdo con Coalición Canaria y asumir la presidencia del Gobierno, provocaron su fulminante sustitución por Australia Navarro y una patada hacia arriba al Senado, que lo sacó de la política local canaria. Madrid decidió primero colocar a la grancanaria Australia Navarro al frente del partido, pata más tarde optar por Domínguez. En un partido tan fuertemente centralizado como el PP, con un enorme peso de la dirección nacional en las decisiones regionales, la extraordinaria relación de Domínguez –fue diputado en el Congreso y conoce bien el funcionamiento cortesano– con Pablo Casado y Teodoro García Egea hicieron en resto.

Lo que podría sorprender de este cambio es que se produce sin alharacas mi aspavientos, y manteniendo la estabilidad interna del grupo parlamentario, en cuya portavocía sigue Australia Navarro, por decisión expresa del que será a partir de mañana el nuevo presidente. Es el estilo de hacer las cosas de Domínguez, un político de pueblo al que le gusta definirse como municipalista, y ejercer de hombre cercano. Hermano de un exjugador del CD Tenerife, y futbolista aficionado él también, Domínguez siempre ha procurado pasar lo más desapercibido posible, una cualidad rara en un político. No le gusta el protagonismo, aunque sí dar la cara ante sus vecinos: dedica invariablemente y desde que llegó a la alcaldía, un día a la semana para atender personalmente a sus paisanos. Es de los que creen que la función de alcalde pasa por estar cerca de la gente, y ganarse el respeto y el afecto en las distancias cortas. Ha pasado por la política sin hacer daño a nadie y ha logrado evitar –algo también difícil tras tres periodos de mandato–, tener problemas con la Justicia.

Su elección como presidente regional se veía venir desde hace años (compagina la alcaldía con su trabajo como diputado en el Parlamento de Canarias), es amigo de Fernando Clavijo y partidario de un acuerdo de Gobierno con Coalición Canaria. Quienes le conocen bien cuentan que no sabe no ser generoso. Como todos los alcaldes que llevan muchos años ganando elecciones, le acompaña un aura de infalibilidad, una suerte de baraka de la que no presume nunca. Quizá tenga que ver con que se rodea siempre de equipos profesionales y gente leal. Entre la gente con la que cuenta para esta etapa, su número dos en Los Realejos, Adolfo González, que probablemente le sustituya en las próximas locales, el alcalde de Santiago del Teide, Emilio Navarro y su buen amigo Lope Afonso, ex alcalde del Puerto de la Cruz y uno de los mejores perfiles del PP tinerfeño. Son el triunvirato pepero del norte de la isla, pero ahora les toca jugar en otra liga.

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