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Jorge Bethencourt

Manual de objeciones

Jorge Bethencourt

Sacando pecho

Últimamente escuchamos hablar muchísimo de planes, programas, proyectos, estudios… La respuesta a muchos de los graves asuntos a los que nos enfrentamos son del estilo de aquella famosa frase de Aznar, «estamos trabajando en ello». Solo que la gran mayoría de las veces todo se queda en los papeles. Cuando se acaban de hacer los planes, el tren de la vida hace rato que pasó por la estación del problema.

Hace pocos meses, el gobierno –¿qué gobierno?… pues cualquier gobierno– sacaba pecho por la creación de empleo en España y por el grado de inversión pública que se había realizado en un año muy malo. Venían a presumir de que se ha creado empleo porque el sector público, haciendo caso al amigo Keynes, había inyectado dinero en la economía para crear trabajo y prosperidad.

Yendo a los datos, gran parte del empleo que se ha creado es empleo público. Que no está mal, pero no tiene nada que ver con el mercado laboral privado. El año pasado, después de dos crisis como no se recuerdan, el sector público en España había engordado de nuevo por encima de sus cifras históricas. Tres millones y medio de personas en todo el país, sin contar los altos cargos, asesores, empresas públicas y otras hierbas del monte. Y 170 mil personas en las administraciones de Canarias, que en los últimos siete años ha creado 46 mil nuevos puestos de trabajo. Los datos en el mercado laboral privado, por supuesto, han sido mejores que los del desastroso año 2020. Pero es falso que haya más trabajadores que antes de la pandemia porque no se pueden meter en el empleo, como se han metido, los Ertes y los autónomos en cese de actividad.

Pero hablemos de la inversión. Esa de la que también se saca pecho. Es verdad que en España las licitaciones públicas crecieron el año pasado un 80% con respecto al 2020. ¡¡Pero es que ese año se habían derrumbado pasando de los 5.600 millones de 2019 a solo 2.500!! Me dirán que no sea majapapas. Al final lo que importa es que crece la inversión pública. Vale, te lo compro. ¿Y en Canarias?

Amigos de nuestro Barrio Pésame, la licitación por fecha de anuncio en Canarias –son datos de Seopan– cayó un 58% si la comparamos con la de 2020 y un 74,5% si la referimos a 2019. Eso no es una caída, es un descenso a los abismos. Se invirtieron solo 96 millones frente a los 233 y 377 millones de los dos años anteriores. ¿Donde estaba Keynes? En el País Vasco, en Baleares, en Castilla-La Mancha, en Extremadura o en Galicia. Yo que sé, por ahí. Por Despeñaperros para arriba. De 6.000 millones de inversión de comunidades autónomas, la nuestra licitó 96 millones. Con estos datos no se puede sacar pecho, sino otra zona, también importante, situada en la geografía humana algo más abajo y en el lado opuesto.

El recorte

¿Sí o no?

El 64% de los pacientes que están ingresados en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de La Candelaria no están vacunados. Los datos, de la gerencia, son, además de verídicos, un alegato a favor de la vacunación. Pero al mismo tiempo nos dicen otra cosa: que al 36% de los restantes ingresados en UCI las vacunas no les han servido para impedir los efectos devastadores de la infección. En abril del 2020 llegamos a tener 800 muertes diarias de 7.000 casos de contagio notificados. En febrero del año pasado tuvimos un pico de 19.000 casos notificados y 488 fallecidos. En este mes de enero, a comienzos de mes, el pico ha estado el día 4 con 105.000 casos notificados y solo 62 muertes. Los fallecidos por coronavirus son difíciles de contar, pero están bajando a ojos vista. ¿Estamos perdiendo el miedo? Con todo lo vivido, con todo lo dicho, con todo lo hecho, el peor error que se está cometiendo ahora mismo es decir que esto se está acabando y gripalizar el virus. Hablar de que es una endemia con la que tenemos que aprender a convivir. Es un absurdo decir todo eso, aunque pueda ser cierto, sin explicarlo mucho y muy bien. Sobre todo después de tanto sufrimiento, tantos recortes de libertades y tanta pobreza. Pero eso es justo lo que están haciendo hoy algunas autoridades, que por un lado de la boca dicen que la economía tiene que funcionar y que el virus «ya no mata tanto» y por la otra siguen condenando enérgicamente a los negacionistas. ¿En que quedamos?

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