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editorial

Una empresa propia para el cine

Canarias tiene un problema relevante para atraer producciones cinematográficas a su territorio, un objetivo que tropieza con la competitividad de otras autonomías que presionan sobre Madrid para obtener los mismos incentivos fiscales que posee el Archipiélago para los rodajes. El propósito por tanto de conseguir que las Islas se conviertan en un atractivo plató cinematográfico tiene por delante el cometido político de doblegar las resistencias del Ministerio de Hacienda, cuya obcecación está provocando al sector un daño irreparable, tanto en lo que a inseguridad jurídica se refiere como a ralentizar la salida del parón provocado por la pandemia.

Todas las comunidades están en su derecho de reclamar café para todos a la hora de lograr una fiscalidad ventajosa para rentabilizar manás tan millonarios como el de la película The Mother , con Jennifer López de protagonista, que se rueda estos días en Gran Canaria. Pero no se puede obviar el fuero isleño, el conjunto normativo al más alto nivel que determina sin paliativos la condición ultraperiférica del Archipiélago, condición que, sin embargo, resulta ninguneada con descaro por el Ejecutivo nacional.

Este acervo legal no puede ser soslayado en el debido afianzamiento del diferencial fiscal del cine como tampoco puede resultar indiferente para que las Islas reciban un tratamiento acorde en cuanto a establecer ventajas para la producción cinematográfica.

La voluntad política para lograr un escenario óptimo no se agota ahí. De nada sirve una fiscalidad excepcional si no existe un poderoso entramado empresarial capaz de ofrecer unos servicios profesionales expertos para una demanda exigente, cuyos requerimientos van desde la ingeniería más avanzada en materia audiovisual a oficios tradicionales, pasando por dedicaciones vinculadas a la faceta actoral en su gama más amplia.

A efectos de avanzar en la consolidación de un respaldo fiscal que ahora se nos racanea, Canarias debe desarrollar un esfuerzo estimable en la formación de profesionales, pero también en estimular un sector empresarial que se aleje de las pautas del oportunismo y adopte una posición de compromiso.

Otra de las piezas maestras es la política de subvenciones públicas, sin cuya existencia sería imposible sacar adelante un proyecto siempre supeditado a las variaciones vertiginosas de los hábitos culturales. Un instrumento, en todo caso, que no significa dar carta blanca a aventuras que acaban en sonados fracasos, ya sea por la impericia de sus promotores o por el propio desinterés de las instituciones a la hora de calibrar los estándares de calidad en un mercado altamente complejo.

Ficción, publicidad y documentales serían las tres patas sobre las que gira la conexión de Canarias con el cine. Un nexo que debe tener una observancia especial puesto que los tres lenguajes audiovisuales transmiten una imagen de las Islas Canarias que, en el caso de las superproducciones, alcanza cotas extraordinarias de audiencia. No podemos cometer el error del encasillamiento, que en su versión más peligrosa se circunscribe a producciones del montón, pese al éxito de taquilla que obtienen. El acicate económico resulta tentador, más en estos tiempos que corren, pero olfato, equilibrio y futuro deberían formar parte del futuro cinematográfico de Canarias.

El Archipiélago no está solo, ni mucho menos, en alcanzar un protagonismo en el desarrollo del sector cinematográfico en Europa, afectado por unas modificaciones que en el caso que nos ocupa se insertan, mayormente, en el poder alcanzado por las plataformas, que avanzan cada vez más hacia el territorio de la producción con el objeto de satisfacer la demanda al alza de sus suscriptores. Estamos ante un cambio radical en la concepción de la exhibición del cine y en la materialización de nuevos gustos, como ocurre con las series y sus entregas.

Sirviéndonos del título del libro de Ilya Ehremburg La Fábrica de Sueños sobre los entresijos empresariales del cine controlado por los magnates del viejo Hollywood volvemos a encontrarnos ahora con un giro copernicano, tan relevante como el sucedido en el XX, cuyo trasfondo está en la satisfacción del usuario multimedia, alejado del formato de exhibición tradicional de la sala de cine e inmerso en la experiencia que le facilita la inteligencia digital de su hogar.

Frente a este cambio de códigos, Canarias no tiene más remedio que adoptar una posición proactiva que complemente las ventajas fiscales alcanzadas y que deben ser consolidadas. Obtener una mayor fluidez cinematográfica requiere, cómo no, alcanzar una mayor coordinación entre los departamentos de Economía, Cultura y Turismo. Hemos hablado aquí de las acciones relativas a las dos primeras competencias, pero la condición tractora indiscutible es el paisaje isleño con sus peculiaridades únicas, junto al hecho europeo de Canarias y su seguridad en materia sanitaria, judicial y orden público.

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