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Por calles y plazas de La Laguna

Escribir un libro siempre tiene mérito porque no siempre resulta fácil. Y si su fin es loable, como en este caso (los beneficios van a Cáritas), más mérito. Y si además es de calidad, merece el reconocimiento social. Decía el autor en la presentación del libro en el CICOP (Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio), dirigido por Miguel Ángel Fernández, que del nombre puesto en el letrero de una calle o de una plaza, en muchas ocasiones no sabemos ni quién es ni por qué se concede tanto honor. Domingo Medina ha sabido, junto con el disfrute del paseo con su nieta Sara por las calles y recovecos de su Laguna natal y vital, sacar provecho al trabajo de averiguar y profundizar en el por qué y para qué del nombre de calles y plazas laguneras.

La presentación del libro contó con la entrañable intervención de Sara, que con solo diez años lo definió como un sentimiento y un amor de su abuelo a su ciudad, el mismo que iba recibiendo de Domingo Medina según avanzaban los paseos y la redacción del libro.

En Lo que los ojos no ven en las calles y plazas de Laguna, patrocinado por el CICOP y el Ayuntamiento de La Laguna, se detalla por qué La Laguna, que fue capital de Tenerife, ha recibido los títulos de Ciudad (1521), Muy Noble (1534), Leal (hacia 1525), Fiel y de Ilustre Historia (1964) y Patrimonio de la Humanidad (1999), o que la avenida que une la plaza de San Cristóbal con la Cruz de Piedra lleva el nombre del ingeniero militar italiano Leonardo Torriani, autor en 1588 del primer plano de la ciudad.

Domingo Medina, que fue concejal del Ayuntamiento de La Laguna y consejero del Cabildo por el PSOE, se pregunta, con toda razón, a cuenta de qué una calle adoquinada que acaba frente a la Iglesia de Santo Domingo lleva el nombre de Ruiz Cabal, obispo de Pamplona y senador nacido en Cádiz en 1835, si no se le conoce relación con La Laguna. Lo que sí se sabe, porque lo ha estudiado el periodista lagunero Domingo García Barbuzano, es que en la zona de esa calle el corsario Amaro Pargo, nacido en La Laguna en 1678, fue dueño de ocho casas con graneros, y por eso a Domingo Medina le parece más razonable que la calle pase a llamarse de Amaro Pargo. Seguramente la concejal de Cultura, Yaiza López, y el alcalde, Luis Yeray Gutiérrez, presentes en el acto, ya habrán tomado buena nota de la sugerencia. Lo que no quita para aplaudir la brillante trayectoria de Antonio Ruiz-Cabal Rodríguez.

La actual Calle Consistorio, paralela a Santo Domingo, llevó el nombre de Calle de la Cárcel porque entre los edificios municipales situados en esa zona se encontraba la prisión y el depósito municipal de los detenidos puestos a disposición de la Justicia, sirviendo de prisión de mujeres y hombres apresados tras el Golpe de Estado de julio de 1936.

El antiguo Callejón de la Caza, que desde un lado de la catedral llega a la Plaza del Adelantado, se llamaba así porque en ella los cazadores vendían la carne que capturaban. Hoy está dedicado a Deán Palahí, en agradecimiento a su encomiable labor de rehabilitación de la catedral, a él da el convento de clausura de Santa Catalina de Siena, y en él estuvo la casa de comidas Dos y Una, muy frecuentada por estudiantes y profesores, así como la casona con huerto donde vivió el periodista Domingo García González, Domingo Laguna, director de la revista Canarias Gráfica y redactor de Ecos de sociedad del periódico EL DÍA.

Empezando por la Cruz de Piedra y acabando en la Avenida Ángel Guimerá, Domingo Medina nos sorprende en su libro con una rigurosa información tan interesante como intrigante sobre 51 calles, por lo que aseguro al amable lector que una vez lo empiece a leer se va a enganchar tanto que no lo va a soltar hasta que lo termine. El que avisa no es traidor.

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