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el recorte

La inflación no para

El esfuerzo inútil conduce a la melancolía. Por mucho que el Gobierno diga que la luz no ha subido tanto. Por mucho cuadro y mucha gaita, el bolsillo tiene razones que la política no alcanza. Las familias saben perfectamente las clavadas que les están metiendo por lavar la ropa. Y el que pone gasolina en el tanque de su coche sabe perfectamente que le están sacando los ojos. Y el matrimonio jubilado que se pone a jurar en arameo frente a la caja del supermercado –a veces con la tristeza de tener que dejar algo que ya no se pueden llevar, porque no alcanza el presupuesto– es perfectamente consciente de que esto se nos está yendo de las manos. El Indice de Precios al Consumo volvió a repuntar en este último mes del año y alcanzó el 6,7%. Está en máximos que no se registraban desde hace casi treinta años. Crecemos poco, pero la inflación se dispara. Hay una crisis de los sectores productivos, el consumo no aumenta, pero los precios están por las nubes. Un cóctel mortal que empobrece a las familias a las que hoy, a efectos prácticos, les han bajado un 6,7% de salario. Quien diga que esto va bien es tonto o no vive de un sueldo.

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