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sol y sombra

El ciego sigue dando palos

En la curva del alfabeto griego se han superpuesto al parecer dos olas del covid: la delta y la ómicron. El presidente del Gobierno ha comparecido, después de una reiterada e incompresible ausencia, para asumir un desgaste hasta ahora compartido por las autonomías y que ha dejado las restricciones en manos de los jueces. La irresponsabilidad y la improvisación en la normativa y en las medidas de seguridad contrastan con la eficacia en las vacunaciones; es una lástima que una única autoridad no haya ejercido el control sobre la pandemia. Pero Pedro Sánchez, según él, una vez derrotado el virus, ha querido apartarse de un problema que solo genera impopularidad. Es el único jefe de Gobierno europeo que ha actuado de una manera tan aparentemente despreocupada de la crisis. En último caso, ha querido descargar en los presidentes autonómicos la virulencia de las restricciones para evitar embarrarse. De hecho, en la síntesis del problema prefiere acercarse a las tesis aperturistas de Madrid, que la Moncloa criticó de forma constante, a las demandas restrictivas más histéricas de las regiones afectadas por el crecimiento de los contagios.

La decisión de volver a imponer la mascarilla en exteriores no parece ser de gran riesgo político puesto que la mayor parte de la población ha asumido lanarmente la imposición, incluso cuando no era obligatoria y siempre que se guardasen las distancias. Particularmente me parece la más castrante de las medidas, además de no resultar eficaz. Mi opinión concuerda con la de los expertos que ya se han manifestado en contra de ella, salvo en las grandes aglomeraciones donde resulta imposible mantenerse alejado de los demás, pese a que la hayan exigido siete comunidades autónomas. Siete comunidades son una minoría entre diecisiete y, en cambio, la fatiga psicológica es mayoritaria, teniendo en cuenta que el riesgo se encuentra precisamente en los interiores donde no corre el aire como es debido. En resumen, el ciego sigue dando palos.

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