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Matías Vallés

AL AZAR

Matías Vallés

Trapero, el carisma se paga

El magnetismo personal está sobrevalorado, el carisma te partirá la crisma, la supervivencia es una misión burocrática. O si quieren hablamos del mayor Josep Lluís Trapero, el Clint Eastwood del independentismo catalán. Alcanzó notoriedad en sus comparecencias mientras resolvía sin titubear uno de los mayores atentados islamistas en suelo europeo, acribillando a los autores al tiempo que sus facciones cinceladas subyugaban a una audiencia que en toda España le hubiera entregado gozosa la custodia de sus enseres y haberes. Sin salir de 2017 fue clave o la clave en la celebración del referéndum de independencia, contraprogramando a la Guardia Civil o a la Policía, que nunca poseerán un portavoz de telegenia equivalente.

Tras el desbarajuste de la independencia a la catalana que decapitó por primera vez a Trapero, el mayor se corrigió ante los tribunales enarbolando un plan para detener a Puigdemont y compañía. Era un protocolo tan secreto que no lo hubiera imaginado ninguno de los atentos observadores del referéndum, aunque la estrategia resultó victoriosa al absolver al mayor de los Mossos. Ni esa flagrante contradicción para salvarse de una condena oxidó su porte heroico, el independentismo siempre triunfal en la Generalitat le devolvió los honores del cargo.

De la restitución a la destitución en un año, Trapero es ahora represaliado por Esquerra como émulo de Pétain, de héroe contra el Estado opresor a colaboracionista con el invasor. Le reprochan sus declaraciones autoexculpatorias ante el Supremo quienes fingieron sordera al escucharlas. Sin embargo, la carismología recuerda que los caracteres fuertes son indispensables para vadear las crisis, pero engorrosos en el retorno a la vulgaridad. No es casualidad que el aliviado conseller Elena haya elegido como sucesor de Sandokán a un antiTrapero, incluso en su fisonomía de adepto a las consolas. Y en contra de sus propias palabras bajo juramento, el destituido sigue encarnado en el inconsciente colectivo la vía ordenada a la independencia. Cuando un movimiento político ya solo puede ejecutar venganzas contra sí mismo, está más amortajado que amortizado.

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