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Navidad, uno de los momentos más importantes del año. Navidad, una palabra que llevamos pronunciando desde hace semanas; palabra que está tan llena de vida que «vida» forma parte de ella: na-VIDA-d. Ilusiones para los que hoy están en casa con nosotros, y vida para sentar en nuestras mesas a las almas que permanecen y siguen con nosotros, aunque de otra manera.

Recuerdos cargados de vida, llenos de personas que queremos; algunas, en forma de recetas maravillosas que incorporamos a nuestras mesas, sabores de la infancia colmados de risas y de ilusiones. Otras, presentes en nuestra cena de nochebuena en las anécdotas de los abuelos y los mimos de las abuelas; recuerdos de juventud, guiños cariñosos para aquellos que, como me gusta decir, no se fueron, solo se marcharon un poco antes. Y nuestra mirada para los más pequeños de nuestros hogares, esas caritas que, ajenas a todo, nos colman de ilusión desde su inocencia.

Quizás no se trata de empeñarnos en ser felices, sino en dejarnos llevar y no perdernos. No perdernos en la nostalgia y, si notamos que nos vamos, hablemos, contemos, y sintámonos acompañados, busquemos ese apoyo, esa llamada, ese mensaje de WhatsApp… hay muchísimas personas a nuestro alrededor agradecidas de saber que existimos en su Navidad. Y nos gustará hacerles sentir que ellos son parte de la nuestra.

Políticos en Navidad. Me encanta esta cita de Frida Kahlo que dice «Dame ilusión, ganas de vivir y no me olvides». La Navidad es esa época reveladora, esa que nos cuenta cierta verdad… Al contrario que otras personas, yo pienso que la Navidad nos hace sentir el verdadero halo personal; es tan poco real la apariencia, que tus almas gemelas en Navidad se afianzan, solo son mejores versiones…

La autenticidad se hace desnuda y somos capaces de desvestir a las personas de nuestro alrededor, en el trabajo, en los medios, en la política... El que es real y auténtico es mucho más auténtico, cercano y conecta a unos niveles altísimos. La persona que es menos auténtica, que fuerza su despliegue, cercanía y emocionalidad, suele resbalar cuando lo llevamos a un despliegue intenso como es el de la Navidad y lo que ello representa. Si es verdad que el amor no se puede ocultar, yo diría que la falta de pasión tampoco.

A veces nos encontramos con esas frases intensas, impresionantes y a la vez poco inspiradoras. Cuánto me apasiona contar que, si eres un líder inspirador, todo irá sobre ruedas. A veces hay una distancia de meses y, de pronto, te aparece esa felicitación tan intensa que te abruma por contraste y disonancia… Medir a la ciudadanía, mantener ese termómetro de la gente día a día te hace ser parte de ella; romper emociones desconectadas de realidad, en ocasiones, puede invadir y no satisfacer. La prudencia y el buen gusto acerca. Trasladarnos a la realidad de las personas, ser compasivos. La única salida triunfante es esa capacidad que podemos desarrollar no solo para ser capaces de ponernos en el lugar de esa persona, sino ir más allá y desear realmente cambiar la situación de los seres humanos que sufren y conviven con emociones extremas… Y eso nos lleva, de nuevo, a nuestra querida Isla Bonita.

COVID- 19 en Navidad. «Compatriotas», esa palabra que nos daría para muchas líneas e interpretaciones. Pienso igual que algunos destacados expertos en comunicación política, en ese análisis que hacen del efecto de la palabra «compatriota»; situándonos en la guerra, en la lucha; en la argumentación de que ese termino de campo de batalla de «venceremos al virus» y tantos otros podrían fortalecer el discurso. Y hacernos entender que nuestra posición es fuerte frente al virus. Quizás se echa de menos la reflexión que debería de acompañar a toda estrategia discursiva como es la capacidad de conectar, y de ser percibidos como reales, teniendo en cuenta nuestra cultura y nuestros valores como país. Y si nos referimos a nuestros «compatriotas palmeros», desde el punto de vista psicológico la distancia puede ser brutal y, yo me atrevería a decir, hasta «fría» por la lejanía emocional que supone a nivel de interpretación.

Alejarse de la ciudadanía es una decisión, yo diría que meditada, en ocasiones, cuando elegimos una estrategia despegada de realidad y desconectada de unos sentimientos que afloran en los seres humanos que componen el puzle de un país. Ante la incertidumbre hay una receta infalible que son las certezas, desde la previsión y la planificación. Anteponerse a los problemas, para generar soluciones en tiempo real, ser estrictos en qué comunicamos y en cómo lo comunicamos. Hacerse esa pregunta desequilibrante en gobierno es esencial: ¿cuál es mi Plan B si pierdo estas elecciones? Ese Plan B que nos hará gobernar por y para la ciudadanía; no tener un plan alternativo nos confundirá, y gestionaremos crisis políticas constantemente, por encima de crisis sanitarias, económicas o humanitarias.

Para ti, Feliz Navidad pensando que…

«La vida deja de tener sentido en el momento en que pierdes la ilusión de ser eterno», Jean Paul Sartre

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