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con la historia

Papá Noel... ho, ho, ho, ¡qué historia!

Si ahora hiciéramos una encuesta para pedir a la gente cómo representar a Papá Noel, es fácil imaginar lo que respondería la mayoría: un anciano obeso con barba blanca y una sonrisa afable dibujada en el rostro. Y, evidentemente, vestido de rojo de pies a cabeza. Los más aplicados dirán que esta monocromía es resultado de una argucia comercial de Coca-Cola, porque la famosa marca de bebidas pintó con su color corporativo esta figura navideña para sus piezas de publicidad gráfica. Esta es una de las razones para que, desde esta orilla del Mediterráneo, este viejo rechoncho y su trineo sean vistos como un ejemplo del imperialismo cultural yanqui. La realidad de la historia no es tan simple. Todo empezó en Turquía en torno al siglo IV.

Primera ilustración de Papá Noel con un reno.

Se dice que allí vivía un obispo llamado San Nicolás. Sus hagiografías sostienen que era muy generoso. Para ilustrarlo explican que una vez, para salvar a tres hermanas pobres de caer en la prostitución, les regaló dinero para que pudieran tener dote y conseguir una buena boda. Para no ofender a la familia, Nicolás decidió hacerlo a escondidas, y de noche lanzó monedas de oro por la ventana, pero el padre de las chicas le sorprendió en plena operación. Dicen que el hombre se postró de rodillas a sus pies para darle las gracias. Puesto que el día de San Nicolás es el 6 de diciembre, durante la Edad Media comenzó la costumbre de dedicar esa jornada a hacer regalos.

La Reforma de Lutero

El problema llegó con la Reforma protestante de Martín Lutero. Según sus postulados ideológicos, Jesucristo era el único mediador posible entre Dios y los hombres. En consecuencia, los santos y las vírgenes quedaban descartados y se acusaba de idolatría a quien los veneraba. En la mayoría de casos, los luteranos no tuvieron miramientos a la hora de deshacerse del santoral, pero ¿a quién no le gusta recibir regalos? Por eso se readaptó la figura de Nicolás para vincularla al nacimiento de Jesús. En algunas partes de Europa se fusionó con tradiciones locales propias, y el resultado fue lo que los ingleses llaman Father Christmas y los franceses Père Noël. Cuando en el siglo XVI esta figura se empezó a representar en dibujos y grabados ya quedó fijado el cliché: era un hombre mayor y barbudo, con la cabeza cubierta con una especie de gorro y vistiendo un largo abrigo. Lo único que le faltaba era ganar peso y engordar.

Se dio la circunstancia de que cuando Europa quedó dividida entre católicos y protestantes, en determinadas zonas demostrabas si pertenecías a unos u otros en función de si celebrabas San Nicolás o preferías a Papá Noel. Fue el caso de regiones como Alsacia o los Países Bajos. Este batiburrillo se trasladó al otro lado del Atlántico, cuando ingleses, irlandeses, neerlandeses y alemanes emigraron a Norteamérica. Allí, cada comunidad celebraba la Navidad según su punto de origen. Fue un desbarajuste que, poco a poco, se fue cohesionando. El término Santa Claus, por ejemplo, se tradujo por primera vez al inglés en Nueva York en 1773. Hasta entonces solo existía Sinterklauss, que es la versión neerlandesa de San Nicolás.

Poco después, en 1809, el escritor Washington Irving fue el primero en incluir el personaje en una narración. Según su descripción, era un holandés gordo que cabalgaba arrastrando un carro de regalos por el cielo. Entonces todo el mundo lo imaginaba yendo a caballo, porque era el animal más habitual. Pero precisamente hace 200 años, en 1821, en Nueva York se publicó un libro infantil ilustrado de temática navideña donde había un poema dedicado a nuestro protagonista que empezaba con estos versos: «Old Santeclaus with much delight / His reindeer drives this frosty night». O sea: «El viejo Santa Claus con deleite, su reno conduce en esta helada noche». Es un misterio pendiente de resolver por qué el desconocido autor decidió recurrir al reno para tirar del trineo, pero el éxito del libro hizo que la imagen quedara fijada para siempre. Y cuando EEUU exportó la tradición, Papá Noel regresó a Europa con sus renos.

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