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Jorge Bethencourt

Manual de objeciones

Jorge Bethencourt

¿No pueden o no quieren?

Los políticos saben que no hay nada mejor que la Navidad o el verano para enterrar cualquier polémica, por crispada que sea. La gente ya está harta de la vida pública y sus miserias, pero en cuanto cogen la toalla o salen a comprar el turrón, todo se la trae mucho más al pairo.

Precisamente por eso, las declaraciones del responsable de Visocan, Agustín Fernández, que ya viene aprendido de casa, son más fruto del cabreo que de la estrategia. Y tiene sus razones.

Durante dos años el área de Obras Públicas del Gobierno de Canarias no ha hecho más que anunciar planes de vivienda. A fecha de hoy, tenemos planes, pero no techos. Pero, lo que es peor, llega el volcán y se lleva por delante casi dos mil viviendas en La Palma. Y la empresa Visocan, con diez millones que pone Madrid y cinco de fondos de la Comunidad Autónoma, consigue cien casas, en menos de sesenta días, para ponerlas a disposición de los damnificados que se han quedado sin techo.

En dos meses se localizan las propiedades, se cierra la compra en notario, se hacen pequeñas obras, se ponen cocinas y se arreglan las casas para dejarlas en perfecto estado de habitabilidad… Y sin embargo se entregan menos de una veintena. ¿Por qué? Porque la burocracia de Obras Públicas es tan lenta que estremece. Porque nada, absolutamente nada de lo que entra en esa ciénaga de procedimientos, tutelas y tutías autonómicos logra salir en tiempo y forma.

«Es frustrante que esas viviendas no estén ocupadas», ha dicho Fernández, que es un tipo demasiado joven en el Parque Jurásico canario. Pero lo que dice es verdad. Es terrible que muchas familias no hayan podido celebrar la Navidad en su nueva casa por la pura incompetencia de la administración pública. Y lo peor se desliza al final de las declaraciones de Fernández: Visocan ha recibido instrucciones de la Consejería para que deje de buscar viviendas en La Palma. ¿Y eso?

Cuentan que el cabreo del consejero Sebastián Franquis iluminó esta semana la sede de Obras Públicas como un árbol de Navidad pero sin bolas. Visocan cae, en el pacto, del lado de La Gomera, o sea, de Casimiro Curbelo, lo cual complica muchísimo las ganas que tendría el consejero de entrar a degüello con quienes le han dejado con las vergüenzas al aire. Es terrible que en dos años y con tantos millones –dos presupuestos– no se hayan puesto ya miles de viviendas públicas a disposición de las familias que están en esa eterna lista de espera.

Entre anuncios y planes y planes y anuncios el tiempo se va. Y seguimos sin viviendas sociales. Esto ya no aguanta más. Y si ahora no se dan cuenta que si se quiere se puede no es que no puedan, es que no quieren darles casa a los canarios. La Palma ha sido la definitiva prueba del algodón. Sesenta días. Cien casas. Nada más que añadir, señorías. Juzguen ustedes.

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