Suscríbete

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Luis Ortega

gentes y asuntos

Luis Ortega

Definitivo y provisional

El 19 de septiembre de 2021 se interrumpió el almuerzo y nos cambió la vida a unas ochenta mil personas (la demografía no es muy fiable en nuestras latitudes) que, formalmente, residimos en la isla. Ocurrió exactamente a las 15:12, cuando una cámara de la Radiotelevisión Canaria captó la erupción, que los expertos esperaban en Jedey, en el antiguo pago Cabeza de Vaca. Antes una de las zonas más risueñas de El Paso, camino y frontera de las dos bandas insulares, entregada por decisión del Adelantado Fernández de Lugo a Jerónima de Benavente Cabeza de Vaca, descendiente de la Casa de ese mismo nombre con solar en Jerez de la Frontera y esposa del conquistador Marcos Roberto de Montserrat.

El volcán y la geografía tienen plena constatación, así como el parentesco directo de la dueña que bautizó el lugar con Alvar Núñez Cabeza de Vaca (1490-1559) que, en 1640, en su segundo viaje a América, con el título de segundo Adelantado, Capitán General y Gobernador del Río de la Plata y del Paraguay, hizo escala en La Palma para aprovisionarse de agua y víveres, tomó los baños medicinales de la Fuente Santa, y, naturalmente, visitó a su ilustre parentela.

Son provisionales, desgraciadamente, el balance de daños que, en el primer domingo de diciembre, arrojó cifras de escalofrío, y no para: 842,33 millones de euros por la destrucción de bienes públicos y privados y las actuaciones de Gobierno de Canarias, Cabildo y ayuntamientos afectados; 2.771 edificaciones destruidas y un largo centenar con graves daños y en continuo riesgo; 1.155 hectáreas calcinadas y cubiertas por la lava; más de 500 personas alojadas en hoteles y medio centenar de dependientes en centros sociosanitarios; y más de seis mil damnificados que, en su mayoría, lo perdieron todo o están en la amarga incertidumbre de perderlo.

Es comprensible la impaciencia de quienes esperan ayuda para paliar pérdidas irreversibles y cubrir necesidades de cruda y dura supervivencia; en esa dirección piden al gobierno estatal cubrir, en tiempo y forma, demandas que no admiten demora; les cuesta entender los vericuetos tediosos que, en todos los órdenes, impone la burocracia y exigen decisión y firmeza a los poderes públicos.

Muestran su cálida gratitud a los particulares y entidades privadas que enviaron sus ayudas; y recelo y desencanto con la Unión Europea, cuya aportación para la calamidad sólo alcanza el 2,5 por ciento del total de los daños: apenas veinte millones de euros. Bruselas, normas y números, no contempla la gravedad de este estrago en una de sus Regiones Ultraperiféricas, a las que dotó de un estatuto que, literalmente, las considera «territorios alejados del continente europeo, en algunos casos a gran distancia, que forma parte indivisible de alguno de sus estados, y al que se aplica, con cierta flexibilidad debido a su localización geográfica específica y las dificultades conexas, el acervo comunitario». La sensibilidad hacia los diferentes queda sólo en la literatura, como se ve.

Definitivamente valioso, el agradecimiento con la gente que enseguida mostró su consternación y acreditó su filantropía desde que supo la dimensión de los daños; los científicos y técnicos de instituciones públicas (Pevolca, Involcan, Instituto Geográfico Nacional) que, con vocación y riesgo, hicieron de Cabeza de Vaca el volcán más monitoreado de la historia y dieron, y dan, puntual información de sus estados; la presteza de las cuatro corporaciones –El Paso, Los Llanos de Aridane, Tazacorte y el Cabildo Insular– en adoptar soluciones de urgencia y en distribuir las ayudas a los afectados; las acciones del ejecutivo autónomo: adquisición y adjudicación de viviendas y, con la destrucción de los canales, la potabilización de agua marina para los cultivos plataneros; el servicio fundamental y gratuito de los notarios de Canarias y España que garantizaron los derechos de los propietarios que perdieron la documentación en el suceso; las generosas donaciones de fabricas y comercios; la entrega sin reservas de cuantos, en la peligrosa cercanía del volcán, trabajaron y trabajan desde la hora cero; los empleados públicos y los voluntarios de Protección Civil y cuantos se sumaron las cuadrillas de empresas y localidades próximas y lejanas que, con rigor y disciplina, trabajaron a las órdenes de los responsables del operativo; la Unidad Militar de Emergencias; la Armada que, con las carreteras inutilizadas, cubrió las travesías con el litoral platanero de Aridane. Definitiva la consideración y el afecto de los palmeros a todos sus benefactores.

Compartir el artículo

stats