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Jorge Bethencourt

Manual de objeciones

Jorge Bethencourt

Segundamano.com

El movimiento que se declaró heredero del 15-M acabó traicionando sus orígenes. Pablo Iglesias Turrión –y dos piedras– necesitó en un momento dado el millón de votos de Izquierda Unida para compensar las goteras que le estaba causando Ciudadanos a causa de la cuestión catalana. Abrazó el comunismo y convirtió a Podemos en la izquierda radical española.

Ahora, desde el nuevo fracaso de ese viejo comunismo, surge una self made woman, Yolanda Díaz, que quiere crear una alternativa transversal en la que quepa mucha más gente. La izquierda es como un péndulo de Focault, capaz de oscilar en todas direcciones siempre que apunten hacia el poder.

Los medios de comunicación están aupando a Yolanda Díaz a los altares. Los conservadores –la derecha española es idiota sin remedio– porque piensan que le harán daño al PSOE de Pedro Sánchez. Los progresistas, porque creen que reinventando la izquierda se salvará La Moncloa.

Hay viejas facturas por cobrar. Pablo Iglesias traicionó a sus amigos, pero sobre todo a sí mismo. La incoherencia entre su discurso y su vida facilitó el desprestigio de la izquierda con demoledores argumentos. Pedro Sánchez, que no tiene problemas con la verdad y la coherencia, porque sería incapaz de reconocerlas aunque se tropezara con ellas en un ascensor, ha dejado a demasiada gente mal matada. Siempre ha creído que, como escribió Maquiavelo, que los príncipes se mantienen por las leyes pero también por la fuerza.

Unidas Podemos se está deshaciendo como una pieza de ropa mal cosida. Los desgarros territoriales son una fuerza poderosa. Nadie puede gobernar ese tigre de cien bocas y mil dientes que son los independentismos marxista leninistas, maoístas y pesadistas. Hay que inventarse algo distinto. Una tercera vía.

Ahora tendremos la oportunidad de asistir al espectáculo de observar cómo sobre el cadáver de Podemos crece una nueva alternativa, feminista, transversal y tal y tal, que se sustentará sobre nuevos principios y renovados votos éticos. Un nuevo relato. Solo que lo harán los mismos cuentacuentos que vendieron la ilusión de Unidos Podemos. Me resisto a la tentadora deriva de reflexionar sobre la función de los gusanos en los cuerpos en descomposición.

Yolanda, eternamente, aprovecha el viento de cola. Y lanza pequeños trozos de carne a las hienas. Hace unos días recordó que ella ya había avisado, el 4 de marzo de 2020, que el coronavirus nos iba a hacer un descosido. Y que la obligaron a callar porque había manifestación feminista del 8 de marzo. Esa en la que se contagiaron varias ministras y a la que ella no fue. Y la derecha, con alborozo, muerde ese hueso, sacude la cabeza y gruñe feliz. «¿Ven cómo teníamos razón?». Y Yolanda, eternamente, tiene más fotos y más titulares. Y sigue creciendo. Porque no existe nada mejor, para un relato agotado, que la entrada de un nuevo personaje. Son las reglas inexorables de la ficción política.

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