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SANGRE DE DRAGO

Entre el narcisismo y el complejo

La Fundación Europea Sociedad y Educación, con la colaboración de la Fundación Botín, a través del Instituto de Estudios Educativos y Sociales, elaboró hace unos años un informe con el título El prestigio de la profesión docente en España. Precepción y realidad. La importancia de este tema es clara: Los estudios internacionales más rigurosos han confirmado que el profesorado desempeña un papel esencial en la calidad de los sistemas educativos. En ellos se menciona la importancia del prestigio de la profesión y de que esta sea lo suficiente atractiva para los candidatos o interesados en ejercerla.

Es muy curioso que, aunque hay una supuesta baja consideración social en España, el año 2011, después de los bomberos, la profesión en la que más confíaba la población, son los profesores de escuelas primarias y secundarias superando el 90 %, cayendo como en cascada otras profesiones hasta el 10-20 % de los políticos y banqueros. Lo mismo ocurre cuando se solicita una valoración de las profesiones en España que resulta que los médicos especialistas son los mejor valorados junto a los arquitectos, químicos, físicos, ingenieros, etc., siendo los menos valorados los contables, mecánicos y agricultores. La profesión del maestro y profesor está a medio camino rozando el 78 % en la valoración, por debajo de los notarios y por arriba de los abogados.

Lo curioso del estudio es que tienen más prestigio del que ellos mismo creen tener o del que la sociedad cree que tienen. Es un dato curioso que tal vez esté hablando de la baja autoestima profesional que los docentes tienen de sí mismo. Y cuando alguien cree que no vale, valga lo que valga, no vale. Hasta ese punto está marcando la situación la auto comprensión que tenemos de lo que hacemos.

Entre el narcisismo y el complejo, puntos extremos y desafortunados de la comprensión de nosotros mimos, está ordinariamente la realidad. Ni somos la gallina de los huevos de oro ni somos el chocolate del loro. En el caso de la educación, los educadores suelen sentirse muy lejos del narcisismo. El autodiscurso suele ubicarse en esa postura del que intenta «hacer lo que se puede» creyendo que lo que hace siempre es insuficiente.

Nos ayuda el hecho de hacer memoria y reconocernos en aquellos que fueron para nosotros maestros y profesores. Hubo de todo. Y aprendimos de todos. Porque cada cual nos ofreció lo mejor de sí y la suma de todos, además de nuestra personal aportación al proceso, nos ha puesto es este lugar.

Los medios de comunicación no son inocentes en esta tarea de reconocimiento de la verdad educativa y del valor de los docentes. No deberían reducir sus intervenciones al hecho puntual de que un maestro o una maestra haya obtenido un premio nacional o internacional de innovación o digitalización docente. En ocasiones señalado más por un estrecho chovinismo localista o identitario que porque se quiera subrayar el valor de la dedicación docente.

Un médico, prestigiosa profesión, nos ayuda a que nuestro cuerpo mantenga su funcionalidad. Pero aquellos que no solo alimenta nuestra biología, sino que nos muestran el camino de la vida social y nos ofrecen las herramientas para circular, con responsabilidad, laboriosidad y bondad, en medio de la sociedad, no se merecen un prestigio menor. Es más, deberíamos preguntarle a nuestro médico de cabecera qué le debe en su vida a aquellos maestros de infantil, primaria y secundaria de le pusieron en contacto con el mundo en su conjunto. Nos sorprendería escucharlos.

En estos días próximos de Navidad, en medio de las siempre cortas vacaciones escolares, sea con licor o con refresco, les invito a levantar la copa y brindar por quienes fueron nuestros maestros. Un brindis agradecido por su labor, callada y vital en una sociedad que quiere regenerarse permanentemente y crecer en sanos valores.

Gracias a todos los maestros.

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