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Francisco Pomares

Tertulia lunática

Me cuentan que Ángel Víctor Torres dejó de trabajar en su tesis doctoral porque le pesaban las horas de tiempo que debía robar a la política, su gran pasión más allá de la literatura. Torres se había especializado en la figura de uno de los grandes mitos de la poesía uruguaya, Julio Herrera y Reissig, un romántico tardío, perfecto representante del impacto de la vanguardia modernista en Suramérica, hijo de una acomodada familia de la burguesía montevideana y sobrino de Julio Herrera y Obes, que fuera presidente de la República. A pesar de su prematuro fallecimiento, su obra poética y ensayística es extensa e importante, y alguno de sus poemas muy conocidos, sorprendentemente más allá incluso de los círculos literarios. Es el caso de su Tertulia lunática, una obra entre lo gongorino y lo conceptual: «En túmulo de oro vago, cataléctico faquir, se dio el tramonto a dormir la unción de un nirvana vago… Objetivase el aciago suplicio de pensamiento y como un remordimiento pulula el sordo rumor de un pulverizador de músicas de tormento. El cielo abre un gesto verde, y ríe el desequilibrio de un sátiro de ludibrio enfermo de absintio verde… En hipótesis se pierde el horizonte errabundo, y el campo meditabundo de informe turbión se puebla, como que todo es tiniebla en la conciencia del mundo».

Uff... Una poética sin duda adecuada para entrenarse en el oficio de presidente, una de cuyas habilidades consiste en rimar complejidades sin cuento que resulten música para iniciados, pero difíciles de entender para el público en general: la especialidad de este presidente nuestro, capaz de inyectar diez millones y medio más al presupuesto de personal de Noemí Santana, pero incapaz de reaccionar al estrafalario episodio de ayer, cuando varios medios adelantaron la dimisión del ínclito Miguel Montero, tuitero mayor del reino, y su sustitución por la competente Marta Arocha, a la que Noemí Santana ofreció el puesto hace poco más de una semana.

Montero recurrió a su particular arma de destrucción masiva y negaba ayer la mayor disparando a diestro y siniestro desde la red del pajarito: ni ha dimitido de su puesto como responsable de la Dependencia (#Autonomía Personal) y Discapacidad (#Otras Capacidades), ni parecía tener previsto hacerlo, ni temer que lo cesaran. Con la diplomacia que le caracteriza, Montero acusaba a Canarias 7 –el medio que publicó la noticia– no de haberse equivocado, sino de mentir: «Yo supongo que Canarias 7 tenía que llenar el hueco que deja no publicar sobre determinadas imputaciones», tuiteaba ayer en referencia al silencio del periódico sobre el auto del caso 18 Lovas. Y en esas se mantuvo hasta el mediodía, cuando cambió de tercio y se informó oficiosamente pero sin duda alguna que don Miguel Tuitero abandonará a finales de este año –en veintitantos días– sus responsabilidades en el Gobierno, por decisión propia y por no haber logrado cumplir su compromiso de incorporar 5.000 nuevas personas a la atención a la Dependencia.

Que sí, que no, que caiga un chaparrón: un día antes del despendole, el Gobierno había anunciado un gasto de diez millones y medio de euros más, para reforzar Derechos Sociales, destinados a pagar la plantilla extra de un centenar de interinos contratados para la ejecución de programas de atención temprana, dependencia y discapacidad. Y a esos cien trabajadores se suma la ampliación del vínculo laboral de otros 115 empleados de Derechos Sociales, y la contratación de 50 más hace unas semanas para que en 2022 –año preelectoral– se produzca un acelerón en la tramitación de la Dependencia.

Nunca es tarde si la dicha es buena: la Consejería de Noemí Santana tendrá 266 empleados más. Si Noemí (o quien sea) consigue que se tramiten en 2022 los 5.000 expedientes que prometió Montero, nos habrán costado 2.100 euros más por cada expediente aprobado. Vuelvo y repito la letra incomprensible de la Tertulia lunática. Uff… A ver qué nos rima el presidente si tampoco en 2022 lo logran.

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