Suscríbete

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La amistad al padre Siverio

La RAE define la amistad como el afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. Un concepto que se asocia plenamente a la trayectoria vital del recordado sacerdote polifacético José Siverio Pérez (1928-2019). Nace en Los Realejos durante la víspera de San Andrés del año 1928. Acercarnos a su perfil es conocer a un ser que desde muy pequeño demostró cualidades innatas para el estudio, teniendo un ambiente familiar propicio para el desarrollo de la enseñanza. Accede muy joven al Seminario Diocesano y allí sería frecuente su participación y entrega a la vida religiosa, pero, por supuesto, también cultural y deportiva que se respiraba. Su nombre aparece asociado a la recordada Horizontes. Revista de los Seminaristas de Tenerife. Obtiene amplias lecciones musicales con Manuel Borguñó Pla, comenzando a desarrollar una interesante carrera en el ámbito de la dirección coral, al igual que llegaría a efectuar también su hermana Carmen Siverio Pérez de forma sobresaliente. Tras su ordenación sacerdotal en 1952 inicia un compromiso que se extendería durante 67 años. Leímos hace algunos años en un periódico de la época que, siendo ya tan joven, se le consideraba como uno de los intelectuales de referencia en su municipio natal, asistiendo a pregones, fiestas literarias, tertulias, etc. Su afán de superación e interés por el periodismo le lleva a formarse en esa parcela entre los años 1956-1959 en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid. Tras obtener la titulación comenzará una imparable carrera en el ámbito de la radio e irá compartiendo experiencias con profesionales y, al mismo tiempo, generando escuela en el gremio desde Canarias. Su labor queda asociada a la Voz del Valle, Radio Popular de Güímar y Radio Popular de Tenerife por espacio de décadas.

Acudió a Roma y envió a Canarias importantes crónicas sobre el final del Concilio Vaticano II. Ejerció como profesor en el Seminario Diocesano, además de enseñanza media, y su labor sacerdotal se proyectó en Tenerife y en La Palma. Especialmente significativo sería su llegada a la Santa Iglesia Catedral y también una importante labor como esclavo mayor de la Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna. Ahí no quedaría todo. Su nombre también se asocia a una labor en la restauración y la creación artística, así como una participación y entrega en diferentes sociedades en las que su persona constituía todo un referente al que escuchar por la amplia variedad temática de intereses y formación.

A José Siverio, conocido por muchos como padre Siverio, le gustaba disfrutar de la amistad y era frecuente la organización de celebraciones en días que eran importantes para él dentro del ciclo anual. La festividad realejero al Voto a San Vicente, la onomástica de San José, las fiestas de mayo con motivo de la Cruz, la celebración de los actos en honor a Nuestra Señora de los Afligidos en agosto o su propio cumpleaños en noviembre eran momentos de unión y celebración, recordando aún muchos la cantidad de personas notables de diversos ámbitos que se unían para compartir tertulias de respeto, aprecio y cariño hacia la personalidad del realejero.

Y así, ayer día 29, con motivo de la conmemoración de su natalicio, familiares y amigos de La Laguna y Los Realejos se dieron cita para dejar unas flores junto al busto en bronce que diseñara Eladio de la Cruz inaugurado en 2002. Un busto que simboliza el agradecimiento de un pueblo y de unos habitantes por su incalculable trabajo y labor al frente de la Junta de reconstrucción de la Parroquia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción. Se sigue así, desde su localidad natal, recordando su figura y, al mismo tiempo, cultivando la amistad a todo un Hijo Predilecto de Los Realejos como fue el padre Siverio.

Compartir el artículo

stats